Sobre la esencia espiritual del agua
Del libro �El Caos Sensible� de Theodor Schwenck - 1962


�Realmente resulta vana la tarea de intentar expresar la esencia de una cosa.
Percibimos los efectos: una relaci�n completa de efectos abarcar�, sin duda alguna, lo esencial de la cosa.
En vano trataremos de describir el car�cter de una persona; reuniendo en cambio, sus gestos y sus acciones, aparecer� ante nosotros una imagen de su car�cter�. (Goethe, tratado de los colores)
All� donde el agua aparezca, la vida podr� manifestarse en la materia, y all� donde falte eso no ser� posible. El Agua es, por lo tanto, el elemento secreto de la Vida. All� donde puede, arrebata a los seres y  las cosas de la muerte. Ella es la gran sanadora de todo aquello que por haber perdido el equilibrio se vuelve enfermo. El Agua tiende siempre al equilibrio pero a un equilibrio viviente y no a uno r�gido en que la Vida, forzosamente se apagar�a. Por doquier hace de mediadora entre los contrarios, los cuales acent�an su disparidad cuando ella falta. Re�ne aquello  que estaba separado o en oposici�n, haciendo brotar de esa lucha algo nuevo. Disuelve toda forma demasiado fija para entregarla a la vida. El agua no desea nada para s� misma. Ella se abandona a todo, nunca pregunta  cu�l va a ser la forma que ha de adoptar, ya sea la de una planta, la de un animal o la del hombre. Con la misma abnegaci�n desempe�a la funci�n que sea necesaria. Ella �renuncia� siempre, y cuando su servicio se ha acabado en un lugar, se retira y se dispone para una nueva creaci�n o mediaci�n en otro lado. Debido a que es esencialmente pura, ella puede purificarlo todo... El agua es el elemento de la abnegaci�n...  del perpetuo �ser para los dem�s�. El agua no tiene otro ser que el �ser para otros�... Su determinaci�n es la de no estar todav�a determinada y a ello se debe que antiguamente fuese llamada madre de todo lo determinado. (Hegel, Filosof�a de la Naturaleza, 2� parte)
El agua no se cierra a la luz tal como sucede con los s�lidos; ella quiere ser limpia y transparente. En el juego de colores del arco iris ella alcanza el culmen de sus posibilidades. De forma absolutamente desinteresada transmite al ojo las impresiones del mundo visible y al o�do  aquellas del mundo sonoro. Pero se abre tambi�n a las armon�as y �rdenes de los cielos y las comunica al germen del ser humano, al embri�n, al cual ella envuelve por completo. Comunica igualmente estas armon�as y �rdenes al esp�ritu pensante del hombre por medio de una esfera de agua que envuelve su cerebro (1)
Liberada en gran medida de la pesantez, se encuentra a mitad de camino entre la tierra y el cosmos, no se pierde jam�s en el uno o en el otro y a pesar de todo permanece ligada estrechamente a ambos, enlaz�ndolos en un circuito eterno. Ella se encuentra a si misma a mitad de camino entre los extremos de lo s�lido y lo vol�til, siendo perpetuamente susceptible de cualquier variaci�n. De ella procede la inmensa riqueza de formas del mundo terrestre, que puede considerarse como un eco de los incesantes cambios celestes. El agua no representa para el hombre y el resto de los seres vivientes el fundamento de su vida corporal, sino que aquello que el hombre se propone como �fin� de su desarrollo espiritual nos lo encontramos  prefigurado como un gran s�mbolo en las cualidades del agua. Nos encontramos efectivamente en sus propiedades la misma imagen de las metas o fines que el hombre persigue con su esfuerzo interior, a saber, el pensar la renuncia a toda forma fija, a todo prejuicio, a toda actitud intolerante contra aquel que disiente con nosotros, la aptitud de comprender a los que nos rodean partiendo de su propia naturaleza o esencia y a unir todos los opuestos en una unidad superior. De esta manera alcanza el hombre el aut�ntico �olvido de s�� en el contexto de una vida an�mica pura, sana y l�cida. Si el agua le ayuda a su entrada en el mundo terrestre, transmiti�ndole las fuerzas celestes, ella puede tambi�n conducirle a un renacimento de su esencia espiritual. Wolfram von Eschenbach hizo alusi�n a esto cuando dedic� al agua los versos siguientes:

�El se hizo bautizar en agua, a la que Ad�n su rostro debe.
la savia de los �rboles del agua procede
pues a toda criatura de este mundo da la fuerza,
el agua fecundante, clarificando nuestros ojos.
Vuelve las almas tan brillantes,  que no hay �ngel las pueda igualar�.


(1) El l�quido cefalorraqu�deo
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