Cuarto Creciente       
Revista de Creación
  EL MUCHACHO ENAMORADO DE LA LUNA

El muchacho enamorado de la luna.

 


 

 

 


       La oscuridad de la noche apenas le dejaba distinguir el camino, y sin embargo caminaba seguro a lo largo del escondido sendero. Llegó a un claro y la Luna iluminó súbitamente todo a su alrededor. Se encontraba tan alegre que tuvo que reprimir un grito de euforia. No quería romper el silencio.

       La brisa movía las hojas de los árboles y se podía escuchar el canto de algún ave nocturna que quizá, pensó, le observaba desde alguna rama.

       Por un momento recordó que llevaba horas caminando y descansó sobre el blando césped, su hatillo por almohada, contemplando el universo sobre él.

       Amaba las estrellas, las observaba y veneraba, pero, por encima de todo, amaba a la Luna. Amaba todo aquello que, paradójicamente, no podía corresponderle con siquiera una pizca de amor. Amaba lo lejano y lo grandioso; porque es fácil amar a las montañas y alcanzar su cumbre, amar los mares y bañarse en sus aguas, pero alcanzar la Luna...

       Sin saber por qué, empezó a llorar. Eran lágrimas de amargo desengaño, lágrimas que poblaron sus ojos hasta negarle la imagen de su idolatrada. Cerró los ojos: no quería pensar. Durmió.

       Sus sueños le llevaron flotando a posarse en su amante y, por una vez, al fin, pudo hablarle, y adentrarse en sus cráteres, y llegar a sus cimas y bañarse en la blanca arena de su Mar Muerto.

       ...Y aún hoy llora al caer la noche, porque sabe que su sueño, lejos de realizarse, no pasará de ser una mera ilusión que su mente quiso regalarle en una noche con estrellas.

 

 

 

 

 


 


Inurri Berezzi

 

 

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