La antecámara
Abandonado el camino
resurge el recuerdo
que llena el abstruso abismo
del moribundo.
Aciago día, aciago mes
para el ácrata;
aciago año, aciaga vida
para el feto.
Busco en el alambique
el acendrado elemento,
ahondo en la tristeza
buscando al culpable
del llanto.
Prisionero del cuerpo
rodeados de desechos,
buscando una bocanada más
de ese aire viciado,
del viento sulfuroso.
Último esfuerzo exhalando
las pestes de lo humano,
gases que vician el alma.
Desechos por doquier;
buitres y más buitres,
hienas y más hienas;
cuerpos desechos por
cuerpos en descomposición.
"Homo homini lupus"
Plauto, Bacon o Hobbes
se equivocaban,
verdaderos "humanistas",
bonitas palabras para un ser vil,
para un monstruo
que es lo que somos,
ni más ni menos;
"vanitas vanitatum,
et omnia vanitas",
vanidad de vanidades
dice Qohélet,
dice el muerto al vivo,
te digo yo a ti:
no hay nada bueno en lo humano
antecámara de lo maligno.
Oscurece el día,
aclara la noche
sangra la luna,
marchita la rosa
y la niña envejece
arruga sobre arruga,
llaga en la llaga,
materia sangrienta
en descomposición:
festín de gusanos.
Almas perdidas,
almas podridas
al igual que los cuerpos;
expulsados del cielo
y del infierno,
eterno castigo.
"Mataiotes mataioteton,
kai panta mataiotes",
besos del amado,
mil mordiscos
que arrancan la carne;
"vanidad de vanidades,
y todo vanidad"
Millones de ánimas
gritan y lloran
en el último viaje,
viaje eterno
de llantos y recuerdos;
solos como en sus vidas,
solos una vez más,
enfilan la galería
del eterno recuerdo,
del eterno suplicio;
saberse condenados
saberse pecadores,
conocerse como monstruos.
Ríe la tierra
libre del mal,
libre del hombre;
ríe el universo
libre del monstruo
creador;
Dios dijo:
"hagamos al hombre
a nuestra imagen
y semejanza",
y creó un monstruo,
por ello nos acompañará
en nuestro último viaje,
monstruo de monstruos
que debe pagar su culpa.
Ríe el roble,
baila el ternero;
cantan y beben
los seres de la tierra.
Llora el gusano
pues nunca probó
carne más tierna.
Isidro David Carro