IRRACIONAL
Una vez hubo un lugar donde el tiempo no corría; donde podías agarrar las palabras que se escapan de un suspiro. Allí el aire no era aire; se respiraban latidos, sonidos y pasiones. Los campos estaban formados por las almas de esas personas que necesitamos y que sin saber por qué a veces pisamos; y yo podía andar, salir al exterior.
Nada había que se escapase de esa exquisitez, nada. ¿Nada? Bueno, algo sí. Se escapaban todos esos sueños que la gente como yo desea soñar. Siempre me lo pregunté ¿a dónde van los sueños cuando despertamos? Allí encontré la respuesta, pero... ¿cómo contarlo? ¿cómo decir a la gente que sé algo que nadie más sabe? Creedme, prefiero callar.
Pero quiero saber; quiero saber por qué fui yo y no otro. Nunca encontraré la respuesta, nunca. No es el cielo, lo sé, no se puede ir a un lugar en el que no hay tanta gente.
Pero llega el final. ¡No, no quiero despertar! Desperté. ¡Mierda! Otra vez la maldita realidad. Apagar el despertador, desayuno, ducha, vestirse y fuera. Otra vez la odiosa sensación de angustia al abrir la puerta. Venga, tú puedes –me repito una y otra vez- Pero es inútil, imposible, no puedo, no puedo salir al exterior. Cierro la puerta y me vuelvo a meter en mi coraza, en mi asfixiante caparazón. Según parece, hoy tampoco podré sentir el sol...
(Agorafobia: miedo a los espacios abiertos)
Ix Kayab