Cuarto Creciente       
Revista de Creación
AQUI ME ENCUENTRO YO

 

 

Aquí me encuentro yo, solo, triste y arrugado; con ochenta y dos años sobre mis espaldas, que cada día pesan más. Estoy sentado en un sofá, en el salón. Delante tengo mi bella librería de caoba, repleta de libros. A mi lado una lampara de lectura, que es la que ilumina toda la habitación. Al otro lado, hay una mesa de mármol, y sobre ella una copa de rioja de diez años, que no sé si los pasó en la bodega o en la copa. Fuera la noche; está lloviendo y las gotas golpean el cristal. Estoy leyendo un libro, otro más; después de toda una vida nada te parece diferente.

Dejo mi lectura y comienzo a pensar. De forma instantánea me vienen a la mente centenares de recuerdos. Recuerdo aquellos momentos felices, pero también algunos amargos; surge en mi la nostalgia. Algunos recuerdos, con el tiempo, han adquirido algún significado distinto. Pero este recuerdo me lleva a pensar en el futuro. Dejo de recordar, pienso en la cercanía de la muerte. Le intento buscar un sentido a la vida que me queda. Me pregunto que quedará de mí cuando me haya ido. Mi mujer ha muerto, mis hijos huyeron ya del nido y mis nietos, ¡oh, pequeñas criaturas!, vienen de vez en cuando a ver a su viejo abuelo. ¿Quién hubiese pensado en este final, hace cincuenta o sesenta años?. ¿Quién me diría a mí que el fuego de la vida se consumiría?. ¡Oh!, adorada juventud, en la que uno no piensa en nada más que en vivir. Maldita seas tú, vejez, que haces que sólo sea capaz de pensar en la muerte. Pediría más años de vida, pero sólo servirían para prolongar la angustia, el dolor.

 

Después de todo lo vivido, sólo te quedan recuerdos, que según envejeces se hacen más lejanos y difusos. Al fin y al cabo, ¿qué somos?, un presente atormentado, que conserva recuerdos de un pasado que considera mejor y que teme al futuro, cuyo fin es la muerte. Después de morir, ¿qué queda de ti? ; sólo recuerdos en las personas que te conocieron, recuerdos que se pierden con el tiempo.

 

Pero, ¿qué es la muerte?. No es otra cosa que una huida del presente, qué sólo se consuela, a veces, con recuerdos. Por eso llega el momento en que sólo recuerdas, esperando que llegue tu hora, pero sin pensar en la muerte. ¡Bendita seas memoria!, que nos permites guardar experiencias, recordar. Pero el recordar al final nos lleva a pensar y llegamos a la conclusión de que hemos vivido, que nos hemos hecho mayores y que vamos a morir. Pero el morir, a ciertas edades, es una bendición; es un no alargar el sufrimiento.

 

De pronto siento un dolor en el pecho, el infarto. Veo como la muerte me alarga su mano pálida. Yo la tomo y recuerdo por última vez. Recuerdo que he vivido. Pero el recuerdo desaparece, se desvanece dentro de la niebla hacia la que voy y digo adiós a la vida.

 

 

 

Miguel Ruz

 

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