La Lunateca
(Libros para Selenitas)
Jean-Paul Sartre:
La Náusea (1938)
Como sólo sucede con las novelas de gran talla, la
lectura de La náusea marca un punto
de inflexión entre quienes –en algún momento de nuestra existencia- buscamos
algo más que deleite entre sus páginas.
Habrá para quienes Sartre, más filósofo que
literato, no dibuje una prosa envolvente, o abuse de la abstracción sobre la
acción. Nada de esto importará una vez se supere el ecuador de esta Novela, con
mayúscula. Su lenguaje ajustado, de palabra precisa y verbo exacto, tiene la
virtud inequívoca de provocar una reflexión continua, que sólo una lectura
lenta, espaciada, permite degustar y digerir en su justa proporción.
En sus páginas se abordan gran parte de los
temas de la filosofía occidental del siglo XX: la fugacidad del tiempo, la
inexistencia de Dios, el fin de la vida, etc. y especialmente del
existencialismo. Sus palabras beben de la idea de angustia existencial de
Kierkegaard, de la trascendencia y la existencia inauténtica de Heidegger,... y
de las eternas contradicciones del ser de Unamuno, con el que además comparte
el propósito de plantear de forma novelada la filosofía, como ya sucedía en Niebla, o en San Manuel Bueno, mártir.
La
náusea es una novela
psicológica, narrada a partir del flujo de conciencia continuo de un
historiador, Antoine Roquentin, que busca sin éxito dar un sentido a la
existencia del personaje que investiga.
La
náusea es una novela
filosófica, cuya acción se produce a nivel intelectual y sensorial, y se centra
en el descubrimiento inicial de la náusea que le genera la consciencia de la
existencia. La náusea es la consciencia de que la existencia humana carece de
fines, el hombre existe en la nada, vive para la muerte.
El hombre se descubre miserable al sentir
lo sublime del arte, y por ello la misma interiorización de lo sublime creado
(un cuadro, una novela, una canción), nos permite participar de su esencia,
trascender la existencia.
El hombre se sobrevive tratando de evitar
la incómoda consciencia de su propia existencia, pero esta misma consciencia es
la que permite –a quien se sobreponga a ella- ser, y no meramente existir. La
aceptación de si mismo, del mundo y de una mismo dentro de él, es lo que hace
superar la existencia, la náusea.
Álvaro Ribagorda