Abrazo
Mullidos ladrillos
que acolchan la suave pared
que encierra tu alma desnuda.
Sinuosa figura que ahoga,
en la noche cálida del desierto,
mi grito de intenso placer.
Radiografía del que mira con ansia
la fruta sagrada del huerto
que tu cuerpo guarda.
Vienes de noche, con calma
de tiempo infinito,
abriendo tus brazos:
mullido ladrillo
de arena roja compacta.
Y me matas con extrema dulzura,
como no querer morir
en la cálida noche de tu abrazo
donde ahogas con calma
de tiempo infinito.
Isidro David Carro