Cuarto Creciente       
Revista de Creación

 


 


¡Oh París!

 


 

 

 


¡Oh París!

¿Dónde te escondes?

¿Porqué no nos esperaste

aquella primavera?

 

¡Oh París!

Poema de bohemios sin tregua,

ciudad en calma,

metrópolis de nocturno galopar,

de Montmartre al Moulin Rouge.

 

Toulousse-Lautrec te desnudó aquella tarde,

y nosotros sólo te queríamos soñar,

ser un pedazo de tu vida,

de las pinceladas

que duermen hoy en Pere Lachaise.

 

Tú que ardiste

en el fulgor decimonónico,

que terminó por apagarse

en el Sena.

 

El Sena, la arteria

del increíble corazón

que se atenaza

tras las cortinas de una habitación de hotel,

en la que hubiésemos podido

perder el alma,

el alma que quisimos regalarte

desde el rosetón de Notre Damme,

 

 

para haber sentido que

también éramos parte de ti,

de la leyenda que te cubre,

y en la que no nos quisiste cobijar.

¡Oh París!

 

El París que no duerme en el Louvre,

el París visceral,

la costilla desde la que se crearon tus hijos,

no los de las luces, no,

los de las sombras,

sus enemigos, tus hijos,

combatientes en una noche sin fin,

extraños personajes,

bohemios aterradores

que viven colgados de una gárgola

asesina de la razón

que hoy agoniza.

La razón que arderá mañana

en una sabia hoguera,

que volverá a alumbrar tus noches,

y tus días de vino y rosas.

 

¡Oh París!.

 

 


 


Álvaro Ribagorda

 

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