EL REFLEJO OSCURO DE LA LUNA
SUSURROS EN EL VIENTO.
Sopla el viento
y lleva el aire olores dulces,
de verdes árboles danzarines
que agitan sus brazos
al compás de una música
que sólo ellos pueden escuchar.
Y trae el viento palabras,
susurros de otro Más Allá,
canciones de otros tiempos,
recuerdos y sombras del pasado,
que con el viento cobran vida,
y con el viento arrancan lágrimas
a aquellos que quieren escuchar.
Habla el viento
de ríos dorados de miel,
de rosas rojas como el fuego
que crecen en lujuriantes bosques
de árboles de plata,
donde de las fuentes mana néctar,
líquido dulce y precioso
que incluso los dioses ansían.
Cantos trae el viento,
de un lugar en el que las ninfas
bailan y cantan alrededor de los robles,
robles, recuerdos de antaño,
silenciosos testigos de todo cuanto acontece.
Palabras arrastra el viento,
palabras perdidas en el recuerdo,
sombras de sueños
y sueños de sombras,
cenizas de lo que fue
y ya jamás será.
Y el roce del viento,
palabras perdidas en el recuerdo,
sombras de sueños
y sueños de sombras,
cenizas de lo que fue
y ya jamás será.
Y el roce del viento
es como el sueño del tacto de su mano,
de su mano en mi mano,
sus brazos en torno a mí,
sus ojos en los míos fijos,
sus labios contra los míos,
palabras saliendo de un manantial
cuyo único rumor es "Te quiero".
El viento deja de soplar entonces, y la Luna vigila en el cielo,
silenciosa centinela de plata
en cuya luz clama la verdad,
porque el viento es mentiroso,
porque los ríos no son de oro,
arrastran bermejos hilos sanguinolentos,
porque las rosas, antaño rojas,
el tiempo ha podrido
y han quedado convertidas
sólo en despojos marchitos.
Porque los bosques han sido vencidos,
y sus espíritus han muerto,
y la plata se ha empañado
con el aliento de Cronos,
con el plomo de Cupido,
porque el néctar no es otra cosa
que agua oscura y fango,
que lágrimas saladas
arranca al soñador,
a aquel para el cual toda esperanza es vana,
al que sólo le queda la oscuridad.
Y ya no hay cantos,
sino negros alaridos
de dolor y desesperación
de aquellos que se debaten
en los torrentes infernales.
Porque los recuerdos se alzan
y la verdad está en ellos,
porque mientras la Luna ríe
el soñador llora
consciente de las sombras
que ahora toman sus recuerdos,
cenizas de un volcán
que nadie supo apagar,
que nadie quiso apagar,
que nadie supo consolar,
que nadie quiso amar,
al que nadie jamás amará.
Porque nunca sus manos
rozarán mis manos,
porque nunca sus brazos
rodearán mi pecho,
porque nunca sus ojos
se posarán en los míos,
porque nunca sus labios
se harán unos con mis labios,
porque nunca su voz
llegará a mis oídos.
"Te quiero" es sólo un sueño,
una sombra y una mentira.
Porque tan solo la Luna sabe
que el erial antes era un bosque,
que donde ahora sólo hay arena,
antes crecían las rosas,
que al señor del paraíso,
Cupido lo abandono,
y que lo que antes era vida
en muerte se transformó.
Muerte sola, muerte lenta,
muerte que como el viento
posa en mi sus manos,
abraza mi pecho,
besa mis labios,
me mira a los ojos...
Y dice "Te quiero."
TRES MANCHAS
La Luna blanca en el Cielo,
abre sus ojos de plata,
y derrama sobre la plaza fúnebres sombras de escarcha.
Las casas, blancas de albero,
cubiertas de rosas rojas,
susurran rojas palabras
bajo la Luna plateada.
La fuente gime su llanto,
grita endechas la guitarra,
y el Darro, silencio verde,
arrastra sangre en sus entrañas.
El caballo negro del valle
corta la salvaje alborada,
finge auroras la noche,
los belfos relumbran de grana.
La novia llora en la iglesia,
de luto viste hasta el alma,
negros los ojos que lloran,
negro el manto que la tapa.
Suena la campana en la noche,
el Darro en su lecho se alza,
Granada tiembla temerosa,
la novia llora en su calma.
Dos hombres como dos soles,
Con los ojos como espadas,
con la piel roble y aceituna,
con la cintura fuerte entallada.
Dos hombres como dos soles,
en la plaza iluminada,
la Luna sonríe en el cielo,
la muerte teje mortajas.
Dos hombres como dos soles,
en sus manos las navajas,
el caballo en el valle grita
y se calla la guitarra.
Dos hombres como dos soles,
galanes de piel dorada,
la muerte brilla en sus ojos
adelfas de madrugada.
Dos hombres como dos soles,
dos relámpagos de plata,
el Darro vuelve a su lecho,
cierra sus ojos Granada.
¡Dos hombres como dos soles,
yertos, rotos en la plaza!
¡Dos hombres como dos soles,
con las pecheras ensangrentadas!
¡Dos hombres como dos soles,
sangre beben las navajas,
la una en el corazón se pierde,
la otra busca las entrañas!
¡Dos hombres como dos soles,
muertos bajo las ventanas,
porque la novia no tuvo
tres manchas en seda blanca!
¡Dos hombres como dos soles
quedan muertos en Granada!
Tomás Sendarrubias García.