|
ADIOS, SHEFARAD
Gris está el firmamento en esta gélida hora, redoblan lejos los truenos, martillazos de una forja. Y es la labor forjada una pesada cadena, que envuelve mi corazón y me provoca la pena. Al llegar a una colina torno la vista atrás, me vuelvo estatua de sal, la sangre en mis venas se hiela, al dejarte, Shefarad. ¿Qué daño te hemos hecho mi amada Shefarad, qué daño te hemos hecho que no nos quieres amar? Alejas de tu lado la luz de las siete velas, que la sombra de la Cruz no permite en su presencia. ¿Y qué hemos hecho nosotros, de que crimen se nos acusa? De clavar en la Cruz el cuerpo de su Dios Vivo,... ¿Por qué ahora, Shefarad, que de nuestro corazón eres dueña? ¡Ay, que llagas se me abren, Shefarad, al imaginar que ahora viviré en tu ausencia! ¡Adios, Shefarad amada! Adios, torres de Granada! ¡Adios, jacas cordobesas! ¡Adios, Sevilla dorada! |
TOMÁS SENDARRUBIAS
|
¡Adios, luces de Segovia! ¡Adios, plazas toledanas! Que del tránsito la Sinagoga no volverá a ver nuestra llama; que ahora en las juderías, ¿quién cantará en la mañana? ¡Ay, madre bienamada, que de tu vientre nos echas! ¿Qué negras desventuras adelante nos aguardan? ¡Ay, Shefarad querida, que contigo queda mi amada! ¿Qué va a ser ahora de mi, sin tierra y sin enamorada? Y vuelvo la mirada, de lágrimas los ojos anegados, mi corazón se queda, más para mi hay un largo camino del que no conozca el final. Y yo continuaré adelante sin dejar de preguntar si es que está mi pueblo para siempre condenado a errar. Las lágrimas del cielo a las mías se unen, mientras una corona de espinas se ciñe a mi corazón, cada espina es tu nombre para siempre en mi amor. Y en las manos de mi amada, solo un recuerdo de mí, es una estrella de plata, es mi estrella de David. ¡Adios , Shefarad querida! ¡Adios para siempre! ¡Adios! |