Déjame
ser manos y dedos, trepar por tu cuerpo,
cimbrear ese vientre, pálido, intenso,
adentrar caricias en tu negro cabello,
y sentir las hormigas, tu piel, el deseo.
Déjame
ser iris y ojos, desnudarte por dentro,
quemar mis pestañas en tu cálido fuego,
auscultar tu mirada, abismo e infierno,
y mirar tu carita, de ángel moreno.
Déjame
ser eco y oído, ahuyentar el silencio,
escuchar tus latidos que rugen inciertos,
desgranar los sentidos, henchidos al viento,
susurrar la ternura, tu frente, en mi pecho.
Déjame ser gusto y sabor, paladear tu misterio,
libar la miel de tus labios sinceros,
comer de tu boca, engullir tus momentos,
y saciar mi sed, tu saliva y aliento.
Déjame
ser aroma y olor, rastrear el sendero,
respirar por tus branquias, la brisa de enero,
inspirar tu desnudo, cual pálido lienzo,
expirar tus entrañas, yacer en tu lecho.
Poema y fotografía:
Kopín