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1822, 26 de noviembre: Nace Bernarda en Fislibach, Argovia.
1829-38 Escuela primaria y secundaria en Fislibach.
1838-40 Niñera en Baden, Argovia.
1840-41
Formación ulterior en el convento de las capuchinas "María Krönung", Baden.
1841-43 Postulante y novicia en el convento de las Hermanas de la Divina Providencia, Ribeauvillé, Alsacia.
1844 Regreso a Suisa en
septiembre.
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16 de
octubre:
Profesión religiosa en la Iglesia de los capuchinos de Altdorf/Uri.
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17
de octubre:
Las hermanas se hacen cargo de la escuela para niñas en Menzingen/Zug Hna.
Bernarda es nombrada superiora de la primera comunidad.
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1854-56 Controversia con el Padre Teodosio sobre la fusión de las
hermanas de la enseñanza (Menzingen) con las de la caridad (Ingenbohl).
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1857,
11 de enero: Decreto del obispo de Basilea, consideradas las
propuestas de ambas artes.
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1860-61 El abad Birker OSB es nombrado director espiritual del
instituto de Menzingen. Madre Bernarda defiende la perspectiva
apostólica-franciscana del instituto.
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1863, 21 de
septiembre: Hna. Salesia Strickler es elegida
superiora del instituto.
Su personalidad y espiritualidad
La voluntad de Dios se manifiesta a ella en la
regla, en el consejo de gente entendida, en la Iglesia, en la situación
concreta de la vida y de su comunidad.
Diversos factores le hacen difícil el atenerse
a la propia convicción:
- La posición de la mujer en el siglo XIX;
cuesta mucho conceder a una mujer el derecho de seguir su propia
convicción.
- Personajes poderosos se inmiscuyen en asuntos
del instituto.
- Debilitamiento a causa de enfermedad.
Contra las más diversas oposiciones se atenía
a lo que era, a su vista, la voluntad de Dios, vale decir, una vida según
el espíritu franciscano y al servicio de la juventud.
Ella se caracterizaba por
una gran capacidad de sufrir (amor de Bernarda al Crucificado) y por una
inquebrantable confianza en la Divina Providencia (su imagen de Dios era la
imagen de un Dios Padre). Por su fe extraordinaria era capaz de perdonar y
de reconciliarse con sus adversarios y adversarias.
En el trato con las Hermanas
mostraba una exquisita cordialidad y solicitud.
Ella vivía en pobreza y se
distinguía por su conciencia del deber.
Palabras
de la Madre Bernarda
El Señor entra donde
encuentra vasos vacíos.
¡Busquemos al Creador en
las criaturas!
¡Comencemos, cada día de
nuevo, a amar al Señor!
Dios exige solamente la
entrega; el éxito es cosa suya.
En nuestro interior
fomentamos la confianza de que nuestra obra, que comenzamos, saldrá bien.
¡Estad serenas y alegres
en el Señor!
El espíritu Santo os
ilumine, para que podáis elegir lo que os hace felices.
En su bondad, Dios nos
encuentra dondequiera que estemos.
Debemos desear solamente que
la voluntad de Dios se cumpla en nosotras.
Me complace vuestra
serenidad y deseo que viváis unidas y alegres.
Debéis manteneros firmes y
con la ayuda de Dios, seguir adelante en lo bueno que habéis comenzado con
decisión.
¡Que Dios conserve y
bendiga nuestra casa!
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