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El consumo inyectado de cualquier tipo de droga disminuye tus defensas y puede perjudicarte a la larga. Además, puede hacerte "pasar" de cosas beneficiosas para ti: tomar los medicamentos, comer bien, descansar, usar el preservativo correctamente...
El consumo hará más difíciles tus relaciones familiares que serán en algún momento tu principal apoyo y es probable que te mantenga en la marginalidad. Aunque transitoriamente te alivie el agobio, no te hará la vida más fácil.
Es importante que no transmitas el virus a otras personas: el uso compartido de jeringuillas, agujas o instrumentos que se utilizan para preparar la droga constituye una de las principales vías de transmisión del VIH. ¡No los compartas! ¡Ni con tu pareja!.
Para evitar la aparición de infecciones de la piel y las venas, es importante que desinfectes o te limpies con agua y jabón las zonas donde vayas a inyectarte.
Si no quieres o no puedes abandonar el consumo de una droga, prueba a consumirla de forma que no suponga riesgo de infección por el VIH (fumada, esnifada, inhalada...).
Si decides abandonar el consumo de drogas infórmate de los recursos existentes: programas con metadona o naltrexona, comunidades terapéuticas, unidades de desintoxicación hospitalaria.
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