El C�digo Da Vinci
Dan Brown
Sinopsis

�Qu� misterio se oculta tras la sonrisa de Mona Lisa? Durante siglos, la Iglesia ha conseguido mantener oculta la verdad� hasta ahora.

Antes de morir asesinado, Jacques Sauni�re, el �ltimo Gran Maestre de una sociedad secreta que se remonta a la fundaci�n de los Templarios, transmite a su nieta Sof�a una misteriosa clave. Sauni�re y sus predecesores, entre los que se encontraban hombres como Isaac Newton o Leonardo Da Vinci, han conservado durante siglos un conocimiento que puede cambiar completamente la historia de la humanidad.

Ahora Sof�a, con la ayuda del experto en simbolog�a Robert Langdon, comienza la b�squeda de ese secreto, en una trepidante carrera que les lleva de una clave a otra, descifrando mensajes ocultos en los m�s famosos cuadros del genial pintor y en las paredes de antiguas catedrales. Un rompecabezas que deber�n resolver pronto, ya que no est�n solos en el juego: una poderosa e influyente organizaci�n cat�lica est� dispuesta a emplear todos los medios para evitar que el secreto salga a la luz.

Un apasionante juego de claves escondidas, sorprendentes revelaciones, acertijos ingeniosos, verdades, mentiras, realidades hist�ricas, mitos, s�mbolos, ritos, misterios y suposiciones en una trama llena de giros inesperados narrada con un ritmo imparable que conduce al lector hasta el secreto m�s celosamente guardado del inicio de nuestra era.
Este es el argumento, a grandes rasgos del libro de Dan Brown. Un libro del que no hace falta decir que la Iglesia cat�lica descalifica totalmente las tesis que aparecen en sus p�ginas y que observa con preocupaci�n la posibilidad de que el �xito de la novela extienda las ideas sobre el cristianismo que aparecen en la obra.

En concreto, el best seller de Brown ha realizado una publicidad directa de cuatro t�tulos. En las p�ginas 314 y 315 de la edici�n en castellano de �El c�digo Da Vinci� (Umbriel), Sophie descubre unas obras que cuentan �la verdad sobre el Santo Grial�.

El primero de los libros citados es �La revelaci�n de los templarios�, libro que apareci� publicado por la editorial MR (Mart�nez Roca) en 1998, pero que acaba de ser reeditado con una faja que afirma que �los grandes enigmas de �El c�digo Da Vinci� salieron de estas p�ginas�. Ya lleva cuatro ediciones, y sus autores, Lynn Picknett y Clive Prince, sostienen que, investigando a Leonardo, descubrieron que pertenec�a a una hermandad her�tica.

El segundo t�tulo citado por Brown es m�s dif�cil de identificar, pues �La mujer de la vasija de alabastro� ha sido publicado en Espa�a por Planeta �el mes pasado� como �Mar�a Magdalena y el Santo Grial�. Su autora, Margaret Starbird, empez� esta investigaci�n sobre Magdalena queriendo desmentir las tesis sobre su posible descendencia, pero afirma que tuvo que cambiar de opini�n al estudiar la documentaci�n y los restos arqueol�gicos.

El tercer volumen directamente recomendado en el best seller de la temporada es de la misma autora, �La diosa en los Evangelios�, y habla del �matrimonio sagrado� entre Jes�s y Magdalena. Lo public� Obelisco en el a�o 2000, y ahora vive �una segunda juventud�.
Y, finalmente, el libro en que m�s se detiene Dan Brown es �El enigma sagrado�, de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, que MR public� en 1987 y que ahora ha reeditado.
Fragmento
Pr�logo
Museo del Louvre, Par�s.
10:46 p.m.
Jacques Sauni�re, el renombrado conservador, avanzaba tambale�ndose bajo la b�veda de la Gran Galer�a del Museo. Arremeti� contra la primera pintura que vio, un Caravaggio. Agarrando el marco dorado, aquel hombre de setenta y seis a�os tir� de la obra de arte hasta que la arranc� de la pared y se desplom�, cayendo boca arriba con el lienzo encima.
Tal como hab�a previsto, cerca se oy� el chasquido de una reja de hierro que, al cerrarse, bloqueaba el acceso a la sala. El suelo de madera tembl�.
Lejos, se dispar� una alarma.
El conservador se qued� ah� tendido un momento, jadeando, evaluando la situaci�n. �Todav�a estoy vivo.� Se dio la vuelta, se desembaraz� del lienzo y busc� con la mirada alg�n sitio donde esconderse en aquel espacio cavernoso.
�No se mueva �dijo una voz muy cerca de �l.
A gatas, el conservador se qued� inm�vil y volvi� despacio la cabeza. A s�lo cinco metros de donde se encontraba, del otro lado de la reja, la imponente figura de su atacante le miraba por entre los barrotes. Era alto y corpulento, con la piel muy p�lida, fantasmag�rica, y el pelo blanco y escaso.
Los iris de los ojos eran rosas y las pupilas, de un rojo oscuro. El albino se sac� una pistola del abrigo y le apunt� con ella entre dos barrotes.
�No deber�a haber salido corriendo. �Su acento no era f�cil de ubicar�. Y ahora d�game d�nde est�.
�Ya se lo he dicho �balbuce� Sauni�re, de rodillas, indefenso, en el suelo de la galer�a�. �No tengo ni idea de qu� me habla!
�Miente. �El hombre lo mir�, totalmente inm�vil salvo por el destello de sus extra�os ojos�. Usted y sus hermanos tienen algo que no les pertenece.
El conservador sinti� que le sub�a la adrenalina. ��C�mo pod�a saber algo as�?�
�Y esta noche volver� a manos de sus verdaderos custodios. D�game d�nde la ocultan y no le matar�. �Apunt� a la cabeza del conservador�. �O es un secreto por el que ser�a capaz de morir?
Sauni�re no pod�a respirar.
El hombre inclin� la cabeza, observando el ca��n de la pistola.
Sauni�re levant� las manos para protegerse.
�Espere �dijo con dificultad�. Le dir� lo que quiere saber.
Escogi� con cuidado las siguientes palabras. La mentira que dijo la hab�a ensayado muchas veces... rezando siempre por no tener que recurrir a ella.
Cuando el conservador termin� de hablar, su atacante sonri�, incr�dulo.
�S�, eso mismo me han dicho los dem�s.
Sauni�re se retorci�.
��Los dem�s?
�Tambi�n he dado con ellos �solt� el hombre con desprecio�. Con los tres. Y me han dicho lo mismo que usted acaba de decirme.
��No es posible!� La identidad real del conservador, as� como la de sus tres s�n�chaux, era casi tan sagrada como el antiguo secreto que guardaban.
Ahora Sauni�re se daba cuenta de que sus senescales, siguiendo al pie de la letra el procedimiento, le hab�an dicho la misma mentira antes de morir. Era parte del protocolo.
El atacante volvi� a apuntarle.
�Cuando usted ya no est�, yo ser� el �nico conocedor de la verdad. La verdad. En un instante, el conservador comprendi� el horror de la situaci�n. �Si muero, la verdad se perder� para siempre.� Instintivamente, trat� de encogerse para protegerse al m�ximo.
Se oy� un disparo y Sauni�re sinti� el calor abrasador de la bala que se le hund�a en el est�mago. Cay� de bruces, luchando contra el dolor.
Despacio, se dio la vuelta y mir� a su atacante, que segu�a al otro lado de la reja y lo apuntaba directamente a la cabeza.
El conservador cerr� los ojos y sus pensamientos se arremolinaron en una tormenta de miedo y lamentaciones.
El chasquido de un cargador vac�o reson� en el pasillo.
Sauni�re abri� los ojos.
El albino contemplaba el arma entre sorprendido y divertido. Se puso a buscar un segundo cargador, pero pareci� pens�rselo mejor y le dedic� una sonrisa de superioridad a Sauni�re.
�Lo que ten�a que hacer ya lo he hecho.
El conservador baj� la vista y se vio el orificio producido por la bala en la tela blanca de la camisa. Estaba enmarcado por un peque�o c�rculo de sangre, unos cent�metros m�s abajo del estern�n. �Mi est�mago.� Le parec�a casi cruel que el disparo no le hubiera alcanzado el coraz�n. Como veterano de la Guerra de Argelia, a Sauni�re le hab�a tocado presenciar aquella muerte lenta y horrible por desangramiento. Sobrevivir�a quince minutos mientras los �cidos de su est�mago se le iban metiendo en la cavidad tor�cica, envenen�ndolo despacio.
�El dolor es bueno, se�or �dijo el hombre antes de marcharse.
Una vez solo, Jacques Sauni�re volvi� la vista de nuevo hacia la reja met�lica. Estaba atrapado, y las puertas no pod�an volver a abrirse al menos en veinte minutos. Cuando alguien lo encontrara, ya estar�a muerto. Sin embargo, el miedo que ahora se estaba apoderando de �l era mucho mayor que el de su propia extinci�n.
Del Autor

Dan Brown naci� el 22 de junio de 1964 en Exeter, localidad ubicada en el estado de New Hampshire (Estados Unidos). Su madre es compositora de m�sica sacra y su padre profesor de matem�ticas.

Estudi� en la Philix Exeter Academy y en la Universidad Amherst. Posteriormente dar�a clases de ingl�s en Exeter antes de dedicarse de lleno a la literatura, cuando triunf� con su primera novela "Digital Fortress" (1996), un techno-thriller que lo revel� como especialista en construir intensas historias de suspenso.

En "Digital Fortress" Brown involucraba en la intriga a la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, siendo recibido con entusiasmo comercial a pesar de cr�ticas por su superficialidad y deslices en el tratamiento tecnol�gico.

Posteriormente aparecer�an "Angel & Demons" (2000), libro en el cual aparec�a por primera vez el personaje Robert Langdon, profesor de simbolog�a religiosa en la Universidad de Harvard que investigando un misterioso s�mbolo se encuentra con una secta denominada Illuminati, hermandad nacida en la �poca medieval que est� enfrentada a la Iglesia Cat�lica. M�s tarde aparece "Deception Point" (2001), libro que motoriza su trama con el descubrimiento de un extra�o objeto en el �rtico por parte de un sat�lite de la NASA.

Langdon, el pesonaje clave de "Angels & Demons" ser�a tambi�n el protagonista de la obra que lo convertir�a en fen�meno mundial, "El C�digo Da Vinci", un libro centrado en la b�squeda del significado real del Santo Grial.

Dan, cuyos intereses vinculan la filosof�a, la ciencia y la religi�n, est� casado con Blythe Brown, una pintora e historiadora de arte que le ayuda en la elaboraci�n de sus tramas de corte hist�rico.
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