| El 19 de octubre de 1469 y sin esperar a tener la respuesta de Enrique IV sobre el posible enlace, Isabel contrajo matrimonio con Fernando, hijo de Juan II de Arag�n y de Juana Enr�quez (de la casa Trast�mara). La consanguinidad de ambos c�nyuges (eran primos) fue resuelta a trav�s de una bula de dispensa pontificia firmada por el papa Calixto, bula que hab�a sido falsificada por el obispo de Segovia. Al enterarse Enrique IV de que el matrimonio se hab�a consumado sin su consentimiento, anul� lo pactado en Toros de Guisando y declar� a su hija Juana, La Beltraneja, como leg�tima y heredera del trono. Esta decisi�n real dio pie al origen de una serie de intrigas en torno a dos bandos, los que apoyaban a Juana y los partidarios de Isabel. La muerte del marqu�s de Villena puso fin a esto y motiv� un acercamiento entre Isabel y Enrique IV. Poco despu�s, la muerte, sin nombrar sucesor al trono, de Enrique IV desencaden� una guerra de sucesi�n, que dur� siete a�os, a cargo de los partidarios de la legitimidad de Juana La Beltraneja y los de Isabel. |
| El 13 de diciembre de 1474, en Segovia, Isabel fue reconocida reina propietaria de Castilla, Fernando estaba ausente, a su regreso reclam� sus derechos sobre Castilla como descendiente tambi�n de la Casa de Trast�mara, pero no eran momentos de propiciar m�s conflictos. La Concordia de Segovia, firmada en 1475, determinar�a la parte que a cada uno le correspond�a en el gobierno. Alfonso V El Africano, acept� la mano de Juana La Beltraneja con la intenci�n de unir Castilla a Portugal. Penetr� en Castilla con un numeroso ej�rcito que Fernando logr� reducir en Toro en 1476. Juana acab� sus d�as en el convento de Santa Clara en Coimbra. El 4 de septiembre de 1479 en Alca�ovas, se firm� la paz entre Castilla y Portugal. Acabada la hostilidad Isabel, su esposo y su hijo Juan se desplazaron a Calatayud donde en 1481 las Cortes reconocieron como heredero de Arag�n al pr�ncipe Juan, jurando ambos esposos respetar y mantener los privilegios y costumbres del reino. De aqu� pasaron a Catalu�a y a Valencia donde tambi�n juraron respetar sus fueros y privilegios. As�, y manteniendo su propia independencia cada uno de los reinos, se logr� la uni�n din�stica de Catalu�a, Valencia, Arag�n, Le�n y Castilla. |
| El triunfo en el conflicto sucesorio coincidi� con la uni�n din�stica de Arag�n y su reino. Isabel y Fernando inauguraron en Espa�a el Estado moderno. Con ellos se finaliz� la empresa medieval de la Reconquista, se inici� el camino hacia la unidad territorial -que se consumar�a con Felipe II- y surgi� la monarqu�a autoritaria con una nueva organizaci�n interna. El principal objetivo fue sanear las instituciones existentes y crear otras que pudieran servir a su autoridad. Esta reforma se inici� con una reorganizaci�n legal de las Cortes de Toledo, seguida de la recopilaci�n de las Ordenanzas Reales de Castilla y la inserci�n de letrados en el gobierno como grupo adicto al poder de la monarqu�a, quienes formar�an parte del Consejo Real y de los nuevos consejos, siendo alcaldes y oidores de las chanciller�as y audiencias, y corregidores de las ciudades. |
| Isabel I |
| (1474-1504) Isabel I de Castilla, la Cat�lica, naci� en Madrigal de las Altas Torres, el 27 de abril de 1451. Hija de Juan II de Castilla y de la segunda esposa de �ste, Isabel de Portugal. A la muerte de su padre ocup� el trono el hermanastro de Isabel, Enrique IV. En el pacto de Toros de Guisando (1468), Enrique IV reconoci� a Isabel como heredera y sucesora de sus reinos. Los candidatos que optaban a la mano de Isabel eran: Alfonso V de Portugal, El Africano, y Fernando, hijo de Juan II de Arag�n. |
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| La contribuci�n de los reinos de Fernando ampliaba los horizontes castellanos, toda la pen�nsula -s�lo Granada quedaba como �ltimo reducto �rabe- y las posesiones en las Baleares, Sicilia y Cerde�a formaban el territorio reinado por Isabel y Fernando. Iniciaron la restauraci�n del orden y de la autoridad real. Fueron hechas reformas en materia de justicia, clero, nobleza... Tambi�n mostr� Isabel gran inter�s en la expansi�n por el Atl�ntico, que empezando por Canarias, culminar�a con el descubrimiento de Am�rica en 1492. Pero, despu�s de las primeras empresas colombinas, ni ella ni Fernando, que siguieron protegiendo a Crist�bal Col�n, se volcaron en la empresa, Isabel se preocup� m�s en que se cristianizara a los ind�genas y que no fueran esclavizados. Aunque Isabel y Fernando gobernaron de forma conjunta, �sta se centr� m�s en tomar decisiones en materia de pol�tica interior y en conseguir la unidad religiosa mediante una selecci�n del obispado y una reforma del clero, el establecimiento en 1478 de la nueva Inquisici�n, dirigida en principio contra los conversos que judaizaban en Andaluc�a y extendida despu�s por todo el reino, la expulsi�n en 1492 de los jud�os, medida complementaria de la anterior, que les obligaba mediante decreto a convertirse o emigrar, y la conversi�n de otras minor�as religiosas como los moriscos de Granada, llegando incluso a imponer m�todos severos como los impulsados por el Cardenal Cisneros. Por su parte, Fernando se centr� m�s en el gobierno de la pol�tica exterior. |
| Isabel y Fernando dise�aron una pol�tica de enlaces para sus hijos, a trav�s de una serie de matrimonios que ten�an como finalidad afianzar la corona como una potencia internacional y aislar a Francia, prueba de ello fueron los matrimonios de su hija Isabel con don Alfonso de Portugal y, a la muerte de �ste, con don Manuel el Afortunado; de Mar�a de Arag�n, con don Manuel cuando �ste enviud�; de Juan con Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I y Mar�a de Borgo�a; de Juana con Felipe de Austria, tambi�n hijo del emperador; de Catalina con Enrique VIII de Inglaterra. Isabel de Castilla, La Cat�lica, t�tulo que le hab�a concedido el papa Alejandro VI Borgia tras la conquista de Granada, muri� el 26 de noviembre de 1504, en Medina del Campo. Su cuerpo fue trasladado para darle sepultura en el monasterio de San Francisco de la Alhambra. M�s tarde, sus restos y los de su marido reposar�an en el sepulcro, hecho por Francelli, de la capilla de la Catedral de Granada. La muerte de los pr�ncipe Juan y Miguel dej� como heredera y propietaria de la Corona de Castilla a la princesa Juana. |