Angela Peralta
Angela Peralta naci� en la ciudad de M�xico el 6 de julio de 1845. Cuando apenas contaba seis a�os de edad, la escuch� cantar Enriqueta Sontag, Condesa de Rosiu, quien le predijo un brillante futuro. Fue disc�pula de Manuel Barrag�n en solfeo, de Agust�n Balderas en piano y de Cenobio Paniagua en composici�n.

A los ocho a�os (1853) cant� la cavatina de "Belisario" y fue aclamad�sima. Debut� a los 15 a�os (16 de julio de 1860) en el Teatro Nacional, interpretando Leonora de "El Trovador" de Verdi; fue tan grande su �xito, que pudo viajar a Europa (1861) en compa��a de su padre. Actu� en C�diz y luego en el Teatro Real de Madrid. Tras una gira por varias ciudades, lleg� a Italia, con el maestro Leopardi, para perfeccionar su voz y, el 23 de mayo de 1862, se present� en La Scala de Mil�n. Dijo de ella su maestro Lamperti: "�Ang�lica di voce e di nome!". Fue llamada el Ruise�or Mexicano.

Regres� a M�xico en 1865, pues decidi� aceptar la invitaci�n del Archiduque de Austria Fernando Maximiliano, el llamado Segundo Emperador de M�xico. En la mayor parte de los diarios de la �poca se expresa que el lunes 20 de noviembre salieron a recibir a la diva gran cantidad de p�blico, animados por la idea de darle un aplauso que premiara el buen nombre de M�xico conquistado por ella en tierras de Europa. La temporada se prolong� hasta el mes de abril de 1866
El 12 de septiembre de 1866, con "Luc�a de Lammermoor", estrenaba el actual Teatro Degollado de Guadalajara, llamado en aquellos d�as "Teatro Juan Ruiz de Alarc�n". En diciembre de este a�o se despide de su Patria, pues Europa entera la llamaba �vida de deleitarse con su voz privilegiada.

Casi cuatro a�os y medio permaneci� Angela Peralta en Europa. Recorri� principalmente Italia y Espa�a; se cas� en Madrid con el literato Pedro Castera y lleg� a M�xico, D. F., el 6 de mayo de 1871.
En el siguiente a�o, 1872, no fue posible ocupar el Teatro Nacional, por lo que decidi� realizar una gira a trav�s de la Rep�blica -en este a�o estuvo en dos ocasiones en Quer�taro- y en agosto regresa a Europa, donde permanece cosechando triunfos hasta 1877 en que volvi� a la Patria.

Despu�s de la temporada de �pera de ese a�o, la Peralta tuvo grandes dificultades de familia; nuevo par�ntesis en su carrera art�stica y decidi�, como en su anterior temporada, que la escucharan los p�blicos de las apartadas ciudades de M�xico y a�n de los poblados m�s insignificantes del Pa�s. Durante esta gira, visita Quer�taro en febrero de 1879.

Muerto su esposo, tuvo a�os amargos. En 1883, en el puerto de Mazatl�n, contrajo fiebre amarilla y muri� el 30 de agosto en los altos del Teatro Rubio, donde se alojaba; en su lecho de enferma contrajo segundas nupcias con su empresario y representante, el literario Juli�n Montiel y Duarte.
Se cuenta que en Mil�n, tras de cantar Adelina Patti y exclamar: "As� se canta en Italia", la Peralta hizo o�r su "argentina y hermosa voz, su incomparable flexibilidad de garganta y su correcta escuela de canto que deleitaba" y expres�: "As� se canta en la Gloria" .
Adem�s de cantante, ejecutaba arpa y piano y era compositora.

He aqu� la lista de sus obras: "M�xico" (galopa), "Un recuerdo a mi patria" (danza), "Nostalgia" (fantas�a), "Adi�s a M�xico" (vals), "Pensando en ti" (fantas�a), "Io t�amero" (romanza), "Margarita" (danza), "El deseo" (romanza), "Sara" (melod�a), "Retour" (chotis), "Ilusi�n" (mazurka), y los valses "Absence", "Eugenio", "Mar�a", "Ne m�oublie pas" y "Lejos de ti". [1]

Despu�s, en 1916, cuando se cambia la nomenclatura antigua de las calles de la ciudad, la comisi�n responsable decidi� imponer el nombre de esta diva a la Primera calle de San Antonio, en virtud de corresponder a uno de los frentes del Teatro en donde cant� con mucho �xito en esta ciudad.

En 1942, a iniciativa del periodista Rafael Mart�nez "Rip Rip", director del diario capitalino "El Dem�crata", los despojos mortales de Angela Peralta fueron exhumados del cementerio municipal de Mazatl�n y trasladados suntuosamente a M�xico, logr�ndose que se les colocara en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Pante�n de Dolores, en donde hasta ahora se les conserva y les acompa�a la admiraci�n del pueblo de M�xico para la que fuera la m�s l�mpida de las voces nacidas en nuestra Patria.
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