Su gran ocasi�n lleg� cuando en 1965 Jonel Perlea la llam� para que interpretara Lucrecia Borgia de Donizetti, en el Carnegie Hall de Nueva York. El �xito fue clamoroso y se renov�, a�n m�s intenso y decisivo, pocos meses despu�s, en Roberto Devereux, del mismo autor, al que Montserrat Caball� prest� los tesoros de un vocalismo que apareci� como milagroso por ser desconocido hasta entonces. As� como su per�odo de formaci�n fue largo y laborioso, su ascensi�n a una popularidad inmensa fue muy r�pida, apoyada por la incondicional admiraci�n de la cr�tica. Impuso un modelo diferente con su forma impagable de unir, al encanto irresistible de una voz con un timbre de rara belleza, los recursos de un canto bru�ido de alt�sima escuela.

Cuando estaba haciendo Butterfly en el Liceu conoci� al tenor Bernab� Mart�, (Pinkerton en la obra.) En 1964 se cas� con �l y lo hicieron en la cima del monte Montserrat. Tuvieron un hijo y una hija. Cuando recibi� la gran oferta de un contrato por diez a�os con el Metropolitan en 1971, la rechaz� porque eso hubiera significado el desarraigo de la familia. Hace en cambio apariciones anuales a dicho Teatro, lo que le permite, lo mismo que sus otros compromisos internacionales, volver a casa en cortos intervalos. Su decisi�n, que fortaleci� los lazos con el Liceu, iba a tener consecuencias para el curso de su carrera. Cuando lleg� al Teatro para hacer su debut con Arabella, se consideraba todav�a una cantante de �peras alemanas. Pero el director Carlo Felice Cillario la llev� a tomar otra direcci�n. A pesar de sus protestas, Cillario insisti� en que incluyera en su primera grabaci�n, dirigida por �l, un aria de bel canto, la escena final de Ana Bolena de Donizetti. De mala gana lo hizo. Pronto descubrir�a lo acertado de la insistencia del director. Poco despu�s de esa grabaci�n, protagoniz� una serie de representaciones de Man�n Lescaut, siempre dirigida por Cillario.
Montserrat Caball�
Soprano espa�ola nacida en Barcelona en 1932.

Estudi� canto en su ciudad natal obteniendo en 1954 la Medalla de Oro del Liceu. Destinada a imponerse como una de las mejores cantantes de nuestro siglo, tuvo que someterse a un largo pero fruct�fero aprendizaje antes de llegar a la fama internacional que hoy la encumbra, como la m�s directa heredera de la Callas, si bien con gran diferencia en los medios expresivos. Hizo su debut profesional en la peque�a ciudad de Reus, pr�xima a Barcelona; y a continuaci�n cant� la parte de soprano de la Novena Sinfon�a de Beethoven, en Valencia. En 1956 firm� un contrato por tres a�os con la Opera de Basilea en Suiza, donde debut� como la Primera Dama en Die Zauberfl�te.

Su primer papel importante fue Mim� en La Boheme, al reemplazar a una soprano enferma, el 17 de noviembre de 1956. Antes de que se le ofreciera la afortunada ocasi�n de imponer los magn�ficos recursos de sus medios vocales y de la alta t�cnica conquistada, Montserrat Caball� pis� durante m�s de diez a�os, la escena de los principales teatros alemanes, austriacos y suizos.
Recibi� entonces un telegrama de la American Opera Society pidi�ndole que hiciera Lucrecia Borgia en una versi�n de concierto en el Carnegie Hall en abril de 1965, como sustituci�n de Marilyn Horne, que esperaba un hijo. Su debut desat� una lluvia de elogios en Nueva York y los cr�ticos anunciaron el nacimiento de una nueva cantante de bel canto. La American Opera Society la invit� inmediatamente a cantar dos �peras de bel canto: Roberto Devereux de Donizetti y La Straniera de Bellini en la temporada 1965-66, durante la cual hizo tambi�n, en diciembre del 65, su debut en el Metropolitan con el papel de Margarita en Fausto.

En el oto�o de 1986 debut� en Londres como Lucrecia Borgia en una representaci�n organizada por el equipo empresario de Denny Dayvies y Alan Sievewright. En la Scala cant� el mismo papel en 1969, en la Opera L�rica de Chicago en 1970. Como Violeta, papel con el cual tambi�n hizo su debut en el Covent Garden en 1972. Aunque nunca renunciara a su repertorio alem�n, ser�a conocida ante todo como cantante italiana.

La Caball� se ha convertido en una excelente mediadora en la recuperaci�n de partituras olvidadas de Donizetti, como Mar�a Estuardo, La parisina de Este, Caterina Cornaro, y Gemma di Vergy. Junto a Donizetti, la cantante a reconquistado al Bellini "olvidado" de La Straniera, de Il Pirata, del que la Caball� ha hecho la primera versi�n discogr�fica, y finalmente Norma. Ductilidad y variabilidad que la Caball� confirma en su amplio curr�culum como solista de concierto, actividad en la que siempre, en la tonalidad adecuada, sabe pasar del rigor cl�sico del aria antigua al br�o animad�simo de las canciones espa�olas.

Entre �peras, recitales y zarzuelas, Montserrat Caball� constituye uno de los nombres m�s presentes en la discograf�a de estos �ltimos veinte a�os. No cabe duda de que cuando esta gran dama se retire realmente de la escena, se perder� algo �nico e irreemplazable para el arte del canto. Nada podr�a haber expresado mejor la estima universal que ha ganado que el tributo de gala organizado en su honor por el Liceu a los veinticinco a�os de su debut en esa casa, el 14 de diciembre de 1986.
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