| Ceremonia Recurrente El animal tot�mico con sus u�as de luz, los objetos que junta la oscuridad debajo de la cama, el ritmo misterioso de tu respiraci�n, la sombra que tu sudor dibuja en el olfato, el d�a ya inminentemente. Entonces me enderezo, todav�a batido por las aguas del sue�o, Vuelvo de un continente a medias ciego donde tambi�n estabas t� pero eras otra, y cuando te consulto con la boca y los dedos, recorro el horizonte de tus flancos (dulcemente te enojas, quieres seguir durmiendo, me dices bruto y tonto, te debates riendo, no te dejas tomar pero ya es tarde, un fuego de piel y de azabache, las figuras del sue�o) el animal tot�mico a los pies de la hoguera con sus u�as de luz y sus alas de almizcle. Y despu�s despertamos y es domingo y febrero. |
| ELECCIONES INS�LITAS No est� convencido. No est� para nada convencido Le han dado a entender que puede elegir entre una banana, un tratado de Gabriel Marcel, tres pares de calcetines nil�n, una cafetera garantida, una rubia de costumbres el�sticas o la jubilaci�n antes de la edad reglamentaria, pero sin embargo no est� convencido. Su reticencia provoca el insomnio de algunos funcionarios, de un cura y de la polic�a local. Como no est� convencido, han empezado a pensar si no habr�a que tomar medidas para expulsarlo del pa�s. Se lo han dado a entender, sin violencia, amablemente. Entonces ha dicho: �en ese caso, elijo la banana�. Desconf�an de �l, es natural. Hubiera sido mucho m�s tranquilizado que eligiese la cafetera o por lo menos, la rubia. No deja de ser extra�o que haya preferido la banana. Se tiene la intenci�n de estudiar nuevamente el caso. |