Fiestas cargadas de solera y tradición.

   Noticia Publicada en Huelva Información 20/05/2005. Texto:  Carlos López
 

   

 

Desde 1798, Bonares alumbra la celebración de las Cruces de Mayo. Una tradición ancestral arraigada en las raigambres de los ciudadanos, que han logrado hacer de estas fiestas un referente dentro de la provincia de Huelva y que cada año acoge a mayor número de visitantes.

 

Una afirmación nada gratuita que se sustenta con sólo contemplar el esmero con el que sus miles de habitantes se vuelcan a lo largo de todo un año para cubrir de esplendor un programa festivo que inunda el mes de Mayo.

     Por todo, Bonares respira en estos días por cada uno de sus poros un hálito floreado y de algarabía, el que derraman sus doce Cruces, que visten las calles con sus mejores galas y que dibujan un paisaje que anuncia que la fiesta se ha instalado entre sus gentes.    

     Este año, la Cruz de Romero recae en la “Cuatro Esquinas”; quinta en antigüedad y cuya fecha de fundación se desconoce por su extrema solera. El nombre nace a consecuencia de la confluencia de las calles Pintor Vázquez Díaz, El Pilar, Poeta Juan Ramón Jiménez y Esperanza. Los Hermanos de este madero viven con júbilo este hecho y programa con la solemnidad y con el esmero que exige este ‘título’ los actos de la Cruz.

     El calendario festivo de la semana tuvo su apertura ayer jueves a las 19:00 horas con la procesión de la  Cruz de las Cuatro Esquinas. Tras culminar el recorrido en la Parroquia a las nueve, se procedió a la solemne eucaristía. Tras este acto litúrgico, la festividad pagana cobra nuevamente su máximo protagonismo, con la celebración de la particular verbena popular; en la cual los fieles de la Cruz de Romero realizan un desfile atraviados con los trajes de flamenca y flamenco.

     Después de la ‘resaca’ de esta algarabía, hoy viernes el pueblo ultima los preparativos de las doce Cruces, las calles por donde han de cruzar las misma y el más mínimo detalle de los pasos que las encubran.

      De modo que todo quede ultimado para el sábado disfrutar del romerito, que coloniza plenamente la jornada festiva. Desde las nueve de la mañana en que se procede a la bendición del ramo, la Carroza del simpecado, junto con toda la caballería, charretes y tractores dirige sus pasos hacia el Cochito. Un  paraje emblemático de la fisonomía del paisaje bonariego, en el cual la convivencia y Hermandad cobra su máxima expresión, mientras que los ciudadanos viven una jornada plenamente intensa donde la música por sevillanas se cuela entre los pinos e inunda el ambiente de romería.

    A pesar de todo, hay que esperar hasta el domingo para que la procesión más importante del programa crucero se de cita en las calles bonariegas. Será a las once de la mañana cuando la Cruz del Rincón, Calle Higueral, del Pozo, Larga, Cuatro Esquinas, La Fuente, Misericordia, Nueva, Arenal, del Pilar, San Sebastián y Triana, siguiendo el orden de antigüedad, procesionen en fila india por la geografía urbana, ante los vítores y el seguimiento masivo de sus fieles y devotos. El reguero procesional culmina sobre las tres de la tarde en la Plaza de la Constitución, donde tienen lugar las particulares tres caídas. Un ritual que simboliza el número de caídas que sufrió Jesucristo en su caminar hacía el Monte Calvario, donde debía de ser crucificado.

     Nuevamente con la caída de la noche, la estela festiva vuelve nuevamente a inundar las calles de Bonares con el Concierto que interpretará la Banda Municipal de Música en la Plaza de la Constitución. Para finalizar, a las once horas, los sonidos de las sevillanas se tornan en protagonistas de la noche con la serenata que recorre las capillas de todas las cruces y que se extiende hasta bien entrada la madrugada.

 

 Fiestas catalogadas de interés turístico.

     La celebración de las Cruces de Bonares está considerada como Fiestas de Interés Turístico de Andalucía. A parte del indudable atractivo del programa festivo que desarrolla el municipio a lo largo de la tercera semana de Mayo, la majestuosidad con la que están decoradas las capillas donde duermen los maderos, conforma uno de los mayores tesoros para el visitante. Cada año, la Cruz que ostenta el título de Romero remodela la fisonomía y decoración de la capilla. Lo hacen con exhaustivo mimo y empeño, sin escatimar en ornamentos y con un dominio absoluto de las telas que conforman las texturas de las paredes y con una decoración floral acorde con los tonos pasteles que suelen presidir a las capillas. En síntesis, un alegato al buen gusto que perpetua una ancestral tradición bonarense.     

  

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