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"...en
modo alguno consideramos deseable que el psicoanálisis sea
fagocitado por la medicina y termine por hallar su depósito
definitivo en el manual de psiquiatría, dentro del capítulo
'terapia', junto a procedimientos como la sugestión
hipnótica, la autosugestión, la persuasión..."(1)
Sigmund Freud
La
investigación inherente al suicidio de las células no resta
vigor a la palabra psicoanalítica
El Premio
Nóbel de Medicina 2002, fue otorgado hace algunas semanas, a 3
científicos que han identificado cuales son los genes rectores de la
regulación del desarrollo de los órganos y de la muerte
celular programada. El británico John Sulston (uno de los
galardonados), incluso, introdujo la idea de desarrollo determinado que nos
sugiere que cada célula tiene fijado su destino. Es así que
durante el crecimiento de cada ser viviente, millones de células
reciben la orden de suicidarse, para que el organismo sobreviva y cumpla su
ciclo. Este descubrimiento abre puertas para la intervención
clínico-genética direccionada a evitar que salga de cause el
ritmo mediante el cual se produce la mortandad planificada de
células. Ocurre que en gran parte de las patologías acontecen
desfasajes (o fallas en el control) en el decurso de la muerte celular
programada o "apoptosis". En griego clásico, apoptosis
significa "caerse", como caen las hojas de los árboles en
otoño. Es una caída benéfica y necesaria. No se trata
de la necrosis pasiva, sino de todo un trabajo energético por medio
de proteínas y enzimas al servicio de la autodestrucción para
la preservación -valga la paradoja-. En realidad, es la
planificación de la multiplicación en todo el cuerpo de
millones de "suicidios altruistas", y si cabe el
"delirio", no melancólicos.
"En
las enfermedades neurodegenerativas, en los accidentes cerebrovasculares,
en el sida o en los infartos de miocardio, hay células que se
pierden porque el proceso de muerte programada se produce en exceso. En
otros casos como en el cáncer, el proceso de apoptosis esta reducido
y eso hace que las células que estaban destinadas a morir sigan
viviendo descontroladamente, dando lugar a un tumor"(2)
El
cáncer es resistencia a los factores genéticos que obligan al
sacrificio de células para salvar al conjunto. Es trasgresión
fatal de la Ley, mediante células que se multiplican matando en vez
de muriendo. Algo no atravesado por la castración, el límite,
atraviesa el cuerpo. Cuando una célula 'se vuelve loca', es entre
otros factores por lo pulsional loco que insiste, por un sentido 'que no
sale' -que se queda a vivir y a matar en y desde un órgano-.
Entre citas
tanto polémicas como extraordinarias, las autoras Barrio, Rojas y
Menassa, -en el capítulo "Cáncer"(3) - afirman que
en la estructura psíquica de los pacientes con cáncer
"subyace un delirio de inmortalidad"; y que "sus
células trabajan para si mismas fuera de la función para la
que están destinadas, asegurando su propia vida en una
producción ilimitada..."
Resulta sorprendente
volver al Freud que en Introducción al narcisismo -1914- marcaba que
el sujeto es el portador mortal de una sustancia inmortal. Esta
condición es la que lo liga a la especie, aceptando la ley de la
reproducción sexuada que le indica que algo debe perderse en el, de
el, para que la especie sobreviva.
Ahora bien,
regresando al tema inicial, ¿los psicoanalistas tenemos algo que
decir acerca de los colosales avances de la investigación
genética? Freud señalaba desde aquel texto radical que
empezaba a dar respuestas a lo mortífero de la pulsión:
"La biología es verdaderamente un reino de posibilidades
ilimitadas: tenemos que esperar de ella los esclarecimientos mas
sorprendentes y no podemos columnar las respuestas que decenios mas
adelante dará a los interrogantes que le planteamos".(4) Es decir,
no cerraba puertas, en tanto no quedara elidido lo inconciente.
¿Entonces?
Si algo escapa a la ley programada del ciclo de la vida, vamos tras ese
saber inconciente que marca la incidencia de lo mortífero en el
sujeto; ese saber que posee sus leyes -y posee al sujeto-; saber que
también es química en acción, que es fuerza del
lenguaje que programa y desprograma; saber que procuramos escuchar, esta
especie de arqueólogos del pasado y del presente -que
vendríamos a ser nosotros los analistas-. Y es de capital
importancia nuestra intervención teórica, que en plena
vigencia cobra mayor trascendencia justamente gracias a los avances
respectivos a la apoptosis. Tenemos respuesta a porque ocurre lo que ocurre,
mas que donde o en que rinconcito celular se opera la sentencia. Podemos
conjeturar -con el aval de la clínica psicoanalítica- acerca
de lo profundo que subyace en la desprogramación celular, a la
descompostura y descontrol del reloj del cuerpo. Y en ocasiones por la
vía de la química significante -cuando el aire de los labios
que son las palabras (al decir de los poetas) opera suturando, terciando,
sorprendiendo y sorprendiéndonos- somos buenos relojeros.
Los
números jugados por el inconciente, no son una lotería!
Tiempo
atrás, llega a mi consultorio un hombre de 48 años ("il
morto qui parla" -espetó al preguntarle su edad-), quien desde
un discurso des-afectivizado, anecdótico, y entre otros relatos que
no promovían en el ni un rastro de angustia, decía estar convencido
que a los 50 años se iba a morir 'del hígado', porque tomaba
mucho. Rastreando la historia, surge que su padre -hombre bebedor y
violento- había fallecido a los 5l años recién
cumplidos, producto de una terrible cirrosis hepática. Con
posterioridad hilvanó recuerdos de una madre que le repetía
-a sus 15 años, y ante reiteradas escenas de violencia y
enfrentamientos con el papá-: "le vas a comer el
hígado a tu padre". ¿Será esa la química que
desato el tiempo de la muerte? Ese muerto en vida, comiéndose
-léase desprogramándose- por dentro, "pagando con
suicidio su obra", se tomaba la vida, lo tomaba la muerte, lo
comía su historia.
La
des-afectación de las palabras -de la química de las
palabras- que afecto el cuerpo a pura pulsión de muerte
(apuró el reloj!). El sujeto en cuestión, pudo oficiar un
corte simbólico a la proliferación esperada de lo mortecino
en si mismo, logrando afectarse discursivamente para no afectar al cuerpo,
para no sacrificarlo. Arribó entre otros puertos al diagnostico de
su padre "melalcoholia", y a la idea de que su progenitor no pudo
safar de matar en sí, de pagar inculpatoriamente en el y con el, por
la muerte de un familiar, acontecida exactamente 15 años antes.
Cuantos historiales plagados de fantasías hipocondríacas que
terminan destruyendo el mismo órgano "tomado"/inervado con
anterioridad en un otro significativo de la historia familiar. Si lo
pensásemos desde un punto de vista descriptivo, puramente
genético y sin ninguna concomitancia pulsional decisiva,
exclamaríamos: Que coincidencia, genética; claro
hígado-hígado ("Alcoholyana-Alcoholyana"). Es mas,
que precisión para que el estridente despertador de la parca suene a
la misma hora! Sin embargo, a esa ecuación, le faltaría un
inconciente.
Creer o
reventar! O, mejor analizar para intentar no reventar. El análisis
puede intervenir químicamente resguardando la apoptosis.
La fobia
"genética"
En un
artículo publicado por el diario Clarín titulado: "El
miedo y la ansiedad, con bases genéticas"(5) , el Dr.
Elías Abdala alertando a no caer en reduccionismos biologicistas, y
a no excluir perspectivas psicológicas -en relación al tema
de la nota-, deja afuera al inconciente. Para empezar, decir que las fobias
pueden ser miedos que se volvieron persistentes y exagerados (o sea fobia
como plus de miedo) es desconocer los mecanismos que la constituyen
promoviendo la represión de contenidos intolerables para la
conciencia mediante condensación y desplazamiento. Idéntica
apreciación para lo que el autor denomina cuadros de temor (timidez,
fobia social, hipocondría, ataques de pánico) como respuestas
emocionales intensas ante estímulos que se perciben como
amenazantes, donde de una patología a otra podríamos ponderar
que se trata de una diferencia cuantitativa en la respuesta. Es explicación
sin génesis; puro mecanismo, un observable. Se pregunta -al calor de
nuevas investigaciones en la materia...gris- por el
"dónde" de miedos y fobias, con el augurio de la
posibilidad de incidir favorablemente sobre "la arquitectura del
miedo", si es que se logra silenciar a los genes responsables de las
moléculas como los receptores GABA, 5HT, y otros neuroreguladores.
Esto estaría avalado por el hecho de que se ha conseguido la
generación de "cepas especiales de ratones despojados
artificialmente de estos genes y, en consecuencia, de toda sensación
de miedo".
Justo es
reconocer que si la ciencia no se hubiese 'ratoneado', el promedio de vida
sería menor; pero esto de equipararnos a nuestros parientes
inferiores en la escala zoológica me recuerda al historial y
fijaciones de Ernst Lanzer ("El hombre de las ratas").
¿Un
ratón es un sujeto?
Si mediante
manipulación genética-medicamentosa, obtenemos ratones
despojados de miedo, -descontando el interés de aliviar el
sufrimiento del ser humano-, ¿podríamos producir con el
tiempo, hombres-ratones? ¿o eliminar la angustia eliminando lo
subjetivo? ¿Sería imaginable el fin de la subjetividad -bajo
primacía de la cibernética y de la biología molecular-
en relación directa al discurso Bien y al discurso Salud?
Escribe Julio
C. Ravizza:"...La ciencia ahora sabe operar sobre lo real del
cuerpo y su ideal es la abolición de todo síntoma. Su
lógica binaria intenta excluir la muerte y el deseo. Lo admitamos o
no, este avance afecta a todo el edificio simbólico..." (6)Si el decir
científico barre lo subjetivo comprendido en términos de
inconciente, pulsión y deseo; desconociendo la raigambre y la
génesis de las "afecciones", (Y hasta podemos considerar
afección en el sentido energético del vocablo, cuando ya
Freud en los albores del Psicoanálisis, suponía una carga de
energía que al no acceder a una descarga apropiada podía
derivar en una innervación somática), se perderá el
sujeto. La robotización de lo humano podrá ser "el
Bien", y bajo el sujeto derrumbado yacerá la ética. La
necesidad de fundamentar la eficacia de una pastilla para cada
problemática, lleva a elucubraciones ridículas tales como
(ver nota)(7) : "en hermanos gemelos, el temperamento ansioso tiene
una concordancia que oscila entre el 30 y el 50 por ciento, lo que permite
sospechar que existe una base hereditaria". Caramba, nacen juntos,
comparten panza, historia, padres, condicionantes del medio y afines...muy
interesante! (Si probabilisticamente, lo mitad estriba en un 50%, sospechar
con un 40% desde la casuística de los gemelos es sospechoso).
La palabra
es pura química
La palabra no
opera a nivel etéreo. No hay palabra sin química. La
química "correctora" desde comprimidos varios,
actúa sobre efectos, no sobre la producción inconciente de
los afectos.
En la
parafernalia del mercado, se privilegia el incidir sobre la
"máquina", los circuitos, las sustancias; depreciando los
"programas", los discursos que huellaron el decir, y el sufrir.
La "talking cure" (cura por la palabra) -denominación
acuñada por la famosa Anna O.-, enuncia por oposición el peso
etiológico de lo no dicho, de lo reprimido. Puentear el
análisis mediante pastillas, ilusiona con la 'paz'
asintomática, reforzando las 'astillas' sembradas por un saber que
no circula y hiere. Sólo en la palabra se hace posible advenir como
sujeto, y este advenimiento asegura la ética del
psicoanálisis.
Lacan
introduce el concepto del "Bien decir" vinculado a la
ética: "...del deber de bien decir o de reconocerse en el
inconciente, en la estructura...Lo que hago es extraer de mi
práctica la ética del Bien-decir, que ya he
acentuado..." .(8)
Genética
y ética
En su trabajo
"La psicología frente al Proyecto Genoma Humano y al orden
digital" (9), Juan Jorge Fariña rescata la siguiente cita de Francis
Fukuyama:"…de aquí a las dos generaciones
próximas, las biotecnologías nos darán las
herramientas que nos permitan consumar lo que los especialistas de
ingeniería social no han conseguido hacer. Habremos terminado
definitivamente la historia humana, porque habremos abolido a los seres
humanos como tales. Entonces comenzará una nueva historia,
más allá de lo humano..."(10)
Barrer la
subjetividad, despeja el Genoma Humano -nuevo territorio de batallas
comerciales alambrado por patentes, en el que a cada parcela
corresponderá una fórmula correctora-. Negocio de miles de
millones donde el Bien/Salud podrá ser la ausencia de
síntomas ("con tomas" la medicación); el
Mal/Patología, la singularidad, y la fobia solo un gen defectuoso.
El mail del
autor es [email protected]
1.-Freud,
Sigmund; ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con
un juez imparcial (1926) O.C. de Freud - Strachey/ Vol. 20
2.-"Nóbel
de Medicina a científicos que explicaron la muerte celular" Diario Clarín (Bs. As., Argentina)
8-10-2002 (pag. 32)
3.-Inés
Barrio, Pilar Rojas y Alejandra Menassa; Psicoanálisis y Medicina, Cap III
"Cáncer", Edit. "Grupo Cero" (Madrid 2002)
4.-Freud,
Sigmund; "Más allá del principio del placer" (1920) O.C. -
Strachey/ Vol. 18
5.-Diario
Clarín (Bs. As., Argentina)- Sección opinión del 3 de
setiembre de 2002
6.-Julio
César Ravizza, "Campo de la discapacidad: algunas
reflexiones", publicado en marzo de 2002 en la Comunidad Virtual
Russell
7.-Dr. Elías Abdala; Diario Clarín (Bs. As., Argentina
-Sección opinión- ( 3/ 9/ 2002)
8.-Jacques, Lacan; "Radiofonía y televisión" por. Ed. Anagrama.
Barcelona (1977)
9.-www.elsigma.com
- Sección Colaboraciones
10.-Le Monde (Francia) Artículo publicado en el periódico, el
17 de junio de 1999
©elSigma.com
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