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De como la investigación genética no puede matar al inconciente

 

 

por Alberto Santiere

"...en modo alguno consideramos deseable que el psicoanálisis sea fagocitado por la medicina y termine por hallar su depósito definitivo en el manual de psiquiatría, dentro del capítulo 'terapia', junto a procedimientos como la sugestión hipnótica, la autosugestión, la persuasión..."(1)

Sigmund Freud

La investigación inherente al suicidio de las células no resta vigor a la palabra psicoanalítica

El Premio Nóbel de Medicina 2002, fue otorgado hace algunas semanas, a 3 científicos que han identificado cuales son los genes rectores de la regulación del desarrollo de los órganos y de la muerte celular programada. El británico John Sulston (uno de los galardonados), incluso, introdujo la idea de desarrollo determinado que nos sugiere que cada célula tiene fijado su destino. Es así que durante el crecimiento de cada ser viviente, millones de células reciben la orden de suicidarse, para que el organismo sobreviva y cumpla su ciclo. Este descubrimiento abre puertas para la intervención clínico-genética direccionada a evitar que salga de cause el ritmo mediante el cual se produce la mortandad planificada de células. Ocurre que en gran parte de las patologías acontecen desfasajes (o fallas en el control) en el decurso de la muerte celular programada o "apoptosis". En griego clásico, apoptosis significa "caerse", como caen las hojas de los árboles en otoño. Es una caída benéfica y necesaria. No se trata de la necrosis pasiva, sino de todo un trabajo energético por medio de proteínas y enzimas al servicio de la autodestrucción para la preservación -valga la paradoja-. En realidad, es la planificación de la multiplicación en todo el cuerpo de millones de "suicidios altruistas", y si cabe el "delirio", no melancólicos.

"En las enfermedades neurodegenerativas, en los accidentes cerebrovasculares, en el sida o en los infartos de miocardio, hay células que se pierden porque el proceso de muerte programada se produce en exceso. En otros casos como en el cáncer, el proceso de apoptosis esta reducido y eso hace que las células que estaban destinadas a morir sigan viviendo descontroladamente, dando lugar a un tumor"(2)

El cáncer es resistencia a los factores genéticos que obligan al sacrificio de células para salvar al conjunto. Es trasgresión fatal de la Ley, mediante células que se multiplican matando en vez de muriendo. Algo no atravesado por la castración, el límite, atraviesa el cuerpo. Cuando una célula 'se vuelve loca', es entre otros factores por lo pulsional loco que insiste, por un sentido 'que no sale' -que se queda a vivir y a matar en y desde un órgano-.

Entre citas tanto polémicas como extraordinarias, las autoras Barrio, Rojas y Menassa, -en el capítulo "Cáncer"(3) - afirman que en la estructura psíquica de los pacientes con cáncer "subyace un delirio de inmortalidad"; y que "sus células trabajan para si mismas fuera de la función para la que están destinadas, asegurando su propia vida en una producción ilimitada..."

Resulta sorprendente volver al Freud que en Introducción al narcisismo -1914- marcaba que el sujeto es el portador mortal de una sustancia inmortal. Esta condición es la que lo liga a la especie, aceptando la ley de la reproducción sexuada que le indica que algo debe perderse en el, de el, para que la especie sobreviva.

Ahora bien, regresando al tema inicial, ¿los psicoanalistas tenemos algo que decir acerca de los colosales avances de la investigación genética? Freud señalaba desde aquel texto radical que empezaba a dar respuestas a lo mortífero de la pulsión: "La biología es verdaderamente un reino de posibilidades ilimitadas: tenemos que esperar de ella los esclarecimientos mas sorprendentes y no podemos columnar las respuestas que decenios mas adelante dará a los interrogantes que le planteamos".(4) Es decir, no cerraba puertas, en tanto no quedara elidido lo inconciente.

¿Entonces? Si algo escapa a la ley programada del ciclo de la vida, vamos tras ese saber inconciente que marca la incidencia de lo mortífero en el sujeto; ese saber que posee sus leyes -y posee al sujeto-; saber que también es química en acción, que es fuerza del lenguaje que programa y desprograma; saber que procuramos escuchar, esta especie de arqueólogos del pasado y del presente -que vendríamos a ser nosotros los analistas-. Y es de capital importancia nuestra intervención teórica, que en plena vigencia cobra mayor trascendencia justamente gracias a los avances respectivos a la apoptosis. Tenemos respuesta a porque ocurre lo que ocurre, mas que donde o en que rinconcito celular se opera la sentencia. Podemos conjeturar -con el aval de la clínica psicoanalítica- acerca de lo profundo que subyace en la desprogramación celular, a la descompostura y descontrol del reloj del cuerpo. Y en ocasiones por la vía de la química significante -cuando el aire de los labios que son las palabras (al decir de los poetas) opera suturando, terciando, sorprendiendo y sorprendiéndonos- somos buenos relojeros.

Los números jugados por el inconciente, no son una lotería!

Tiempo atrás, llega a mi consultorio un hombre de 48 años ("il morto qui parla" -espetó al preguntarle su edad-), quien desde un discurso des-afectivizado, anecdótico, y entre otros relatos que no promovían en el ni un rastro de angustia, decía estar convencido que a los 50 años se iba a morir 'del hígado', porque tomaba mucho. Rastreando la historia, surge que su padre -hombre bebedor y violento- había fallecido a los 5l años recién cumplidos, producto de una terrible cirrosis hepática. Con posterioridad hilvanó recuerdos de una madre que le repetía -a sus 15 años, y ante reiteradas escenas de violencia y enfrentamientos con el papá-: "le vas a comer el hígado a tu padre". ¿Será esa la química que desato el tiempo de la muerte? Ese muerto en vida, comiéndose -léase desprogramándose- por dentro, "pagando con suicidio su obra", se tomaba la vida, lo tomaba la muerte, lo comía su historia.

La des-afectación de las palabras -de la química de las palabras- que afecto el cuerpo a pura pulsión de muerte (apuró el reloj!). El sujeto en cuestión, pudo oficiar un corte simbólico a la proliferación esperada de lo mortecino en si mismo, logrando afectarse discursivamente para no afectar al cuerpo, para no sacrificarlo. Arribó entre otros puertos al diagnostico de su padre "melalcoholia", y a la idea de que su progenitor no pudo safar de matar en sí, de pagar inculpatoriamente en el y con el, por la muerte de un familiar, acontecida exactamente 15 años antes. Cuantos historiales plagados de fantasías hipocondríacas que terminan destruyendo el mismo órgano "tomado"/inervado con anterioridad en un otro significativo de la historia familiar. Si lo pensásemos desde un punto de vista descriptivo, puramente genético y sin ninguna concomitancia pulsional decisiva, exclamaríamos: Que coincidencia, genética; claro hígado-hígado ("Alcoholyana-Alcoholyana"). Es mas, que precisión para que el estridente despertador de la parca suene a la misma hora! Sin embargo, a esa ecuación, le faltaría un inconciente.

Creer o reventar! O, mejor analizar para intentar no reventar. El análisis puede intervenir químicamente resguardando la apoptosis.

La fobia "genética"

En un artículo publicado por el diario Clarín titulado: "El miedo y la ansiedad, con bases genéticas"(5) , el Dr. Elías Abdala alertando a no caer en reduccionismos biologicistas, y a no excluir perspectivas psicológicas -en relación al tema de la nota-, deja afuera al inconciente. Para empezar, decir que las fobias pueden ser miedos que se volvieron persistentes y exagerados (o sea fobia como plus de miedo) es desconocer los mecanismos que la constituyen promoviendo la represión de contenidos intolerables para la conciencia mediante condensación y desplazamiento. Idéntica apreciación para lo que el autor denomina cuadros de temor (timidez, fobia social, hipocondría, ataques de pánico) como respuestas emocionales intensas ante estímulos que se perciben como amenazantes, donde de una patología a otra podríamos ponderar que se trata de una diferencia cuantitativa en la respuesta. Es explicación sin génesis; puro mecanismo, un observable. Se pregunta -al calor de nuevas investigaciones en la materia...gris- por el "dónde" de miedos y fobias, con el augurio de la posibilidad de incidir favorablemente sobre "la arquitectura del miedo", si es que se logra silenciar a los genes responsables de las moléculas como los receptores GABA, 5HT, y otros neuroreguladores. Esto estaría avalado por el hecho de que se ha conseguido la generación de "cepas especiales de ratones despojados artificialmente de estos genes y, en consecuencia, de toda sensación de miedo".

Justo es reconocer que si la ciencia no se hubiese 'ratoneado', el promedio de vida sería menor; pero esto de equipararnos a nuestros parientes inferiores en la escala zoológica me recuerda al historial y fijaciones de Ernst Lanzer ("El hombre de las ratas").

¿Un ratón es un sujeto?

Si mediante manipulación genética-medicamentosa, obtenemos ratones despojados de miedo, -descontando el interés de aliviar el sufrimiento del ser humano-, ¿podríamos producir con el tiempo, hombres-ratones? ¿o eliminar la angustia eliminando lo subjetivo? ¿Sería imaginable el fin de la subjetividad -bajo primacía de la cibernética y de la biología molecular- en relación directa al discurso Bien y al discurso Salud?

Escribe Julio C. Ravizza:"...La ciencia ahora sabe operar sobre lo real del cuerpo y su ideal es la abolición de todo síntoma. Su lógica binaria intenta excluir la muerte y el deseo. Lo admitamos o no, este avance afecta a todo el edificio simbólico..." (6)Si el decir científico barre lo subjetivo comprendido en términos de inconciente, pulsión y deseo; desconociendo la raigambre y la génesis de las "afecciones", (Y hasta podemos considerar afección en el sentido energético del vocablo, cuando ya Freud en los albores del Psicoanálisis, suponía una carga de energía que al no acceder a una descarga apropiada podía derivar en una innervación somática), se perderá el sujeto. La robotización de lo humano podrá ser "el Bien", y bajo el sujeto derrumbado yacerá la ética. La necesidad de fundamentar la eficacia de una pastilla para cada problemática, lleva a elucubraciones ridículas tales como (ver nota)(7) : "en hermanos gemelos, el temperamento ansioso tiene una concordancia que oscila entre el 30 y el 50 por ciento, lo que permite sospechar que existe una base hereditaria". Caramba, nacen juntos, comparten panza, historia, padres, condicionantes del medio y afines...muy interesante! (Si probabilisticamente, lo mitad estriba en un 50%, sospechar con un 40% desde la casuística de los gemelos es sospechoso).

La palabra es pura química

La palabra no opera a nivel etéreo. No hay palabra sin química. La química "correctora" desde comprimidos varios, actúa sobre efectos, no sobre la producción inconciente de los afectos.

En la parafernalia del mercado, se privilegia el incidir sobre la "máquina", los circuitos, las sustancias; depreciando los "programas", los discursos que huellaron el decir, y el sufrir. La "talking cure" (cura por la palabra) -denominación acuñada por la famosa Anna O.-, enuncia por oposición el peso etiológico de lo no dicho, de lo reprimido. Puentear el análisis mediante pastillas, ilusiona con la 'paz' asintomática, reforzando las 'astillas' sembradas por un saber que no circula y hiere. Sólo en la palabra se hace posible advenir como sujeto, y este advenimiento asegura la ética del psicoanálisis.

Lacan introduce el concepto del "Bien decir" vinculado a la ética: "...del deber de bien decir o de reconocerse en el inconciente, en la estructura...Lo que hago es extraer de mi práctica la ética del Bien-decir, que ya he acentuado..." .(8)

Genética y ética

En su trabajo "La psicología frente al Proyecto Genoma Humano y al orden digital" (9), Juan Jorge Fariña rescata la siguiente cita de Francis Fukuyama:"…de aquí a las dos generaciones próximas, las biotecnologías nos darán las herramientas que nos permitan consumar lo que los especialistas de ingeniería social no han conseguido hacer. Habremos terminado definitivamente la historia humana, porque habremos abolido a los seres humanos como tales. Entonces comenzará una nueva historia, más allá de lo humano..."(10)

Barrer la subjetividad, despeja el Genoma Humano -nuevo territorio de batallas comerciales alambrado por patentes, en el que a cada parcela corresponderá una fórmula correctora-. Negocio de miles de millones donde el Bien/Salud podrá ser la ausencia de síntomas ("con tomas" la medicación); el Mal/Patología, la singularidad, y la fobia solo un gen defectuoso.

El mail del autor es [email protected]

1.-Freud, Sigmund; ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial (1926) O.C. de Freud - Strachey/ Vol. 20

2.-"Nóbel de Medicina a científicos que explicaron la muerte celular" Diario Clarín (Bs. As., Argentina) 8-10-2002 (pag. 32)

3.-Inés Barrio, Pilar Rojas y Alejandra Menassa; Psicoanálisis y Medicina, Cap III "Cáncer", Edit. "Grupo Cero" (Madrid 2002)

4.-Freud, Sigmund; "Más allá del principio del placer" (1920) O.C. - Strachey/ Vol. 18

5.-Diario Clarín (Bs. As., Argentina)- Sección opinión del 3 de setiembre de 2002

6.-Julio César Ravizza, "Campo de la discapacidad: algunas reflexiones", publicado en marzo de 2002 en la Comunidad Virtual Russell


7.-Dr. Elías Abdala; Diario Clarín
(Bs. As., Argentina -Sección opinión- ( 3/ 9/ 2002)


8.-Jacques, Lacan; "Radiofonía y televisión"
por. Ed. Anagrama. Barcelona (1977)


9.-www.elsigma.com - Sección Colaboraciones


10.-Le Mond
e (Francia) Artículo publicado en el periódico, el 17 de junio de 1999

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