Marcelo G. Colominas
(A propósito de un debate suscitado en el Foro de
Cardiología Transdisciplinaria de la SCOB (Soc. de Cardiología
del Oeste Bonaerense) a raíz
de cartas publicadas en “Clarín” sobre el problema de las Residencias
Médicas (RR.MM.)
“Como la vela al arder,
el entendimiento
humano alumbra quemándose,
consumiéndose y derramando
lágrimas”.
L |
as RRMM son (debieran serlo) sobre todo un ámbito de docencia
íntegra. Es una, casi,
constante en los médicos asistenciales plantear los problemas de la
Medicina haciendo abstracción del contexto en que ocurren. Rara vez se
puntualiza de que nos desempeñamos en una medicina capitalista,
comercial -tanto desde el punto de vista privado como
“público”- y
por lo tanto de explotación humana.
Los enfermos son, en
éste sistema, pacientes-clientes, no pa(de)cientes que el sistema
debiera contener. Siempre están encuadrados en la relación
costo-beneficio de la dinámica capitalista.
Un rasgo dominante del capitalismo es la anarquía de la
producción, sea ésta de zapatillas, alimentos, fármacos,
automóviles o... médicos. Y sea también en demasía
o en escasez. Las leyes de mercado (de salud) se encargarán de poner las
cosas en su lugar.
Creo que la crisis de aprendizaje deviene de una Universidad
absolutamente decadente, cooptada por camarillas cuasi mafiosas, que ha sido
utilizada en los últimos años como un negocio (de unos pocos),
amparados por leyes y resoluciones inspiradas en la filosofía
cleptocrática menemista. Entre los logros de esta reciente
situación contamos los títulos de “Especialistas
Universitarios”, absolutamente habilitantes, que se obtienen sin necesidad incluso de
residencias concomitantes o previas o, siquiera, de modestas concurrencias. “Formaciones” de
éste tipo suelen ser la competencia de los esforzados residentes.
Argentina es un país periférico que participa, bastante
activamente, de ensayos y relevamientos
multicéntricos, con eje en los países centrales, cuyos sistemas médicos intenta copiar (sobre todo en sus
vicios), a través de la adopción de sus consensos ,
“guideliness”, pautas y, sobre todo pretendiendo trasladar en forma
automática los resultados de estos ensayos a la práctica... Y asi
nos vá .
Ejemplifiquemos, por comodidad y por lo valedero del ejemplo con nuestra
especialidad, una de las mas nutridas de Residentes.
Cuando somos furgón de cola de los multicéntricos
internacionales, fácilmente “mostramos la hilacha” . Mauricio Cohen (1) revela, sesudamente, en su trabajo basado en
tres ensayos multicéntricos internacionales sobre Síndromes
Coronarios Agudos (ESSENCE, PURSUIT, e InTIME-II) con participación
latinoamericana , que nuestros pacientes “muestran un exceso consistente
de morbilidad, no justificada por diferencias en las características basales
de las poblaciones estudiadas. Las cifras son muy claramente distintas. Las
posibles explicaciones se buscan en el meollo de un sistema periférico:
1) Factores socioeconómicos, 2) Educación
médica-Programas de Residencia , 3) Desproporción medico-habitante y
médico enfermera, 4) Presión asistencial por los sitemas
gerenciados de Salud (dá para todo un desarrollo especial), 5)Variables no
cuantificables en los
ensayos multicéntricos relacionados con los profesionales y con el
sistema ( por qué?) y ... 6) Errores médicos(¡¡!!) .
Hagamos hincapié en la cuestión que nos ocupa: Cohen reconoce que
“la educación médica (en sentido metafórico) es uno de los pilares
en que se apoya el sistema sanitario”, existe un achique sustancial en el
presupuesto educativo (que redundaría en obtener malos médicos), exceso de
estudiantes y aparición de Universidades Privadas, cupos
insuficientes en residencias médicas, falencias en el sistema de residencias (como lo
revela CONAREC) .
Aunque Cohen no se anima a
afirmarlo, la causa es multifactorial. No obstante redondea un
análisis bastante realista.
Luego los fanáticos de la Medicina Basada en la Evidencia
solamente optan por extraer la conclusión global (sumatoria) de los
ensayos y quizás afirman (y
se enorgullecen de) la participación de la comunidad científica
vernácula.
El Dr. Horacio Cingolani (2) afirma, sin lugar a dudas, la
posición subdesarrollada de Argentina (y Latinoamérica) en cuanto
a investigación básica y clínica. Puntualiza, tomando como
referencia a Circulation Research en el período 7/99 a 6/00, el
paupérrimo 1(uno)% de las publicaciones provenientes de
Latinoamérica: 11 entre 1.114 manuscritos; 3 de Argentina (0,27%).
Propone “una política agresiva, con inversión de fondos y
la aplicación de ‘premios y castigos’ (que) ayudaría a impulsar la
investigación cardiológica” .
El respetable Dr. Cingolani propone una utopía.
A decir de Ingersoll,
“en la naturaleza no existen ni premios ni castigos. Sólo existen
consecuencias”. Convengamos,
aunque sea por un momento, que en la Medicina es lo mismo.
Podría asegurar que los “fogoneros” de todo trabajo
de investigación en los servicios de cardiología (y todos en
general) son los residentes. Muchos jefes de servicio y adláteres luego
firmaran los trabajos y presentarán resultados donde y cómo sea conveniente.
La CONAREC en 1997 (3), con la candidez con que suele encarar sus investigaciones,
presentó los resultados de una encuesta muy rica en información
y demoledora en sus conclusiones.
Se la cotejaba con las previas de 1991 y 1994. Los datos provenían de
404 médicos residentes, de 39 “centros formadores” (21 del
interior) . Si bien sólo el 20% de éstos eran públicos el 90% contestó la encuesta
vs. el 70% de los privados. En los aspectos laborales se
concluía que : la remuneración promedio era de $800
(dólares, por entonces),
sin diferencias estadísticas entre centros privados y estatales,
dos centros de Córdoba ya tenían residencias... ¡ad
honorem! ,
el cumplimiento de los beneficios sociales (sobre todo en aportes
jubilatorios) era del 90% en el
estado y 20% en el sector privado, el promedio de horas de trabajo diario era de 9, el 70% trabajaba de lunes a
sábado y sólo un 40% tenía un día libre en el
último año. En los dos primeros años el promedio de
guardias (de 24 hs.) mensuales era de 8 (ocho) . La comparación entre
ambas encuestas no arrojaba diferencias sustanciales.
En el aspecto académico las cosas no estaban mejor: nada
más que la mitad tenía una base de cinco clases semanales, el 52%
de la actividad académica era generada por los propios residentes,
el promedio de ateneos mensuales era 4 (cuatro), habiendo caído
de un promedio de 6 en los años 91 y 94, el 75% de los servicios
realizaba menos de 5 por mes. En cuanto a la supervización del
aprendizaje sólo el 10% de los servicios tenía mas de 6
médicos docentes. En el 60%
la duración de la residencia era de cuatro años y las
únicas rotaciones que se cumplían 100% son las de Unidad
Coronaria y Ecocardiografía. Obligación y salida laboral
posterior van de la mano, según mi apreciación. El 30% no rotaba
por Clínica Médica ni tenía obligaciones previas de rotar,
el 40% no lo hacía en Terapia Intensiva ni Cardiología
Pediátrica (mucho de ellos serán luego cardiólogos
“todo terreno” en el interior del país). Las residencias que
tiene acceso a cursos superiores garantizan mayor porcentaje de rotaciones,
pero el 75% de los cursos se
dictaban en la Capital Federal...
Solamente un 65% tiene evaluación anual.
El 52% de los residentes opinaba, en 1997, que su sistema de formación era malo o regular y solo
el 14% que era bueno o excelente.
Toda esta debacle está avalada por Universidades Públicas
y Privadas y ambas Instituciones Científicas de la Cardiología
Argentina.
Y alejada, notoriamente, de los standares internacionales. Desgarraduras
de vestimentas aparte.
La CONAREC rescata que la totalidad de los ingresos a residencias se obtienen por examen (no
concurso), sin tener en cuenta lo amañado que estos sean . Y lo son.
Abogan, entre otras
cosas, por una
homogeneización de la currícula , la supervización del
aprendizaje , el impartimiento de éste en mayor grado por los servicios
y sus médicos de planta, la garantización de las rotaciones, etc. Llama la atención que no reclamaran la inclusión
de Metodología de la Investigación en la currícula. Menos sorprendente es que no reparen en
la importancia de la transdisciplinariedad en la formación. Afirmo, con
los Dres. Bochatay, Maglio, Brondino, Feldman y Flichtentrei, (4)
que “las enfermedades cardiovasculares constituyen un ejemplo
paradigmático en el que pueden reconocerse la confluencia: compleja,
múltiple, interactiva de numerosas causas y factores moduladores en su
génesis y evolución...la formación académica actual
tendiente a la descontextualización de la patología
cardiovascular como fenómeno puramente biológico se convierte en
un obstáculo para el entendimiento profundo e indispensable que el
momento (y los momentos previos también) reclama”.
Los médicos siempre fuera de contexto.
Explotados y sin maestros sería una condensación extrema de las conclusiones de los residentes de Cardiología.
Por último apelan a
las sociedades científicas para que asuman la responsabilidad que no
asume el estado en la
organización de programas homogéneos.
Proponen otra
utopía.
Me expreso, al igual que cuando fuí residente hace 10 años, por la
transformación de la CONAREC en un Sindicato, con participación y
democracia plenas.
Rubén Storino (5)
afirma en su
artículo, aportado a este foro “¿Técnicos del cuerpo
o médicos de personas?” que... “la crisis de la Medicina actual no debe
interpretarse como un problema sólo económico que se arregla
gerenciando y administrando mejor los recursos, sino como una crisis del
paradigma médico, es decir, de un modelo de atención basado en la
enfermedad en donde los
protagonista históricos indispensables como son el médico y el
paciente han sido sustituidos por los intereses del mercado esencialmente tecnológico
y farmacológico quienes definen qué tipo de medicina se debe
realizar para seguir manteniendo vigentes sus propios intereses...”
Marcelo G. Colominas
Fuentes:
1)
Latinoamérica en los ensayos clínicos internacionales
¿Dónde está la diferencia? ¿Son los pacientes, los
médicos o el sistema?. RAC
2003; 71 (1):6-15.
2)
La Investigación básica y clínica en
Cardiología. Premios y castigos. RAC 2001; 66(2):145-147
3) Estado actual de las
Residencias de Cardiología. Encuesta Nacional de Residentes 1997. RAC 1998; 66(3):
269-276.
4) Rev Fed
Arg Cardiol 2001; 30 (4): 660-663.
5)
¿Técnicos del cuerpo o Médicos de personas?
Rubén Storino. Foro de Cardiología Transdisciplinaria 2003.