L
a masa de hoy ya no se ve en asambleas ,ahora se conectan a los
medios de
comunicación.
Antes la masa se reunía en lugares públicos donde
descargaba
de manera inconsciente su tensión colectiva. Ahora ya no tiene la
posibilidad de reunirse, ya no hay plazas públicas repletas de gente,
ahora
es una masa fraccionada, mediática y posmoderna. La masa que antes
descargaba fuerza el los mitines, ahora busca entretenimiento. Ya no es
ideológica ahora es consumidora.
El fascismo mataba el yo, pero en la sociedad actual el yo es tan
grande
pero tan grande, que lo mata todo. Somos jaulas diseñadas para
encerrar a
nuestra libertad.
Los que miman a la masa se deben centrar siempre en lo no llamativo,
en lo
trivial. Lo especial debe ser eliminado. Y esto porque, la masa
desprecia
los actos libres. La identidad de la masa es lo semejante, mientras que
la
del ser humano libre es la diferencia. Por eso vemos que en algunas
sociedades latinoamericanas las elecciones se ganan cada vez más a
base de
alimentar el asco a lo otro .
Se alude a la "opinion publica" de la masa, a la que por supuesto no se
le
llama "masa", sino electorado. Todo esto puede explicar el odio al
artista,
al hombre o mujer medico, y la adoración de personajes producidos por
la
industria, famosos nacidos de la nada. La diferencia entre uno de estos
productos y un medico es que el primero está diseñado para gustar a la
masa
desde antes de que le escuchen o le vean, y el segundo se crea en
soledad y
con desvelos para que luego la gente se esfuerce en entenderle.
El
medico
necesita producir un discurso propio, y el hombre-producto actua como
un
producto comercial de un mundo en el que todo discurso propio sobre el
yo
debe desaparecer.
Lo que los medicos debemos preguntarnos es hasta qué punto la medicina
puede también pensarse desde el esquema de desarrollo-adulación: hasta
qué
punto el medico conseguirá hablar y trabajar sin necesidad de adular
a la
masa .
Aquel que no acepta que se equivoca es quien lleva más tiempo
equivocándose.
Sólo los medicos que sean capaces de devolver las palabras, el
desarraigo,
la conciencia de grandeza, y que sean capaces de señalar las
estrategias de
los que nos dominan podrán ayudar a este pueblo a dejar de ser masa.
Esto no es tan difícil ni tan lejano. Debemos de sacarle brillo a las
palabras de hace no tantos años. Volver a usar el lenguaje para
convencer,
que es para lo que ha servido durante toda la historia de la humanidad.
¿Quién quiere ser Ulises?.
Dr. Ernesto Arturo Guidos, El Salvador
Enero 22, 2004.
E-mail: [email protected]
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