S
omos desde los otros, nos construimos desde las relaciones y
vincularidades.
Nuestros genes son sociedades en miniatura con organizaciones y
desarrollos
históricos.
No somos moscas ni cucarachas, aunque actuemos como ellas. Somos
sociedades.
La gente enferma de soledad, abandono, de proyectos fracasados.
Los conflictos sociales determinan y desencadenan, a veces, las
enfermedades, la patología de lo orgánico.
Una sensación de desamor provoca la irrupción del Mal en el cuerpo, que
adquiere el lenguaje de los síntomas y dolencias, que habla lo que no
podemos pensar ni decir ni sentir.
Las catástrofes tiene historia que desconocemos y negamos.
Nos enseñan a no tolerar el dolor ni el mínimo malestar, a acudir a
algún
remedio mágico.
Otras culturas tratan de atravesar el disconfort, ampliar los sentidos
y la
conciencia corporal para desarrollar tolerancia y superarlos.
Pero, los occidentales, mamamos una cultura cosificadora y fetichista,
de
amor por las cosas y de vacío espiritual.
Un ser sufriente debe recibir cuidados de sus cercanos o de las
instituciones comunitarias que saben tratar el malestar, dolor y
angustia.
Las funciones maternas de amor y cuidados y las paternas de protección
y
enseñanzas combinadas con las de los juegos, imaginación y creatividad
de
los niños (funciones filiales) posibilitan la actividad terapéutica de
la
Medicina.
Volvamos al poder de los vínculos: transformemos las tragedias, dilemas
existenciales en drmas o comedias en tensión dialéctica en superación.
Dr.Alejandro Wajner
(Argentina).
Enero 14, 2004.
E-mail: [email protected]
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