Buenos Aires, 21 de Septiembre de 1999
Por la presente nos dirigimos a Ud. con el fin de informarle acerca de
lo ocurrido con una integrante del plantel médico de vuestra
institución.
Llegamos al consultorio de
la Dra. XXX recomendados por un compañero de trabajo, quien tuvo una
buena experiencia con ella, y porque buscábamos un profesional de la
cartilla, descontando que el sólo hecho de pertenecer al plantel de tan
prestigiosa institución representa una garantía de calidad tanto
en lo profesional como en lo humano. Es este último aspecto el que
motiva principalmente estas líneas.
El
embarazo de mi esposa Paula fue confirmado por la Dra. XXX en la primer visita
que le hicimos a su consultorio el día 25 de Agosto, con los
exámenes pertinentes. Durante esa entrevista la Dra. contestó a
nuestras preguntas y efectuó los controles de rutina -peso,
tensión arterial, etc.- y nos presentó a la partera, una persona
muy agradable. Al finalizar la consulta, nos indicó que todo marchaba
bien, aunque los valores de presión arterial eran un poco elevados,
hecho que motivó que la Dra. nos dijese que seguiría el tema con
especial atención y que si mi esposa experimentaba fuertes dolores de
cabeza, se tomara la presión en ese mismo momento. La única
indicación final fue que iniciara la toma diaria de ácido
fólico (ACIFOL) y que solicitáramos un turno para el día
14 de Septiembre, momento en que se realizaría la primer
ecografía, dado que se cumplirían las 12 semanas de embarazo,
aproximadamente.
El
Viernes 3 de Septiembre por la tarde, Paula sufrió una pérdida
durante su trabajo en el Estudio, que no tuvo origen en ningún tipo de
traumatismo ni esfuerzo dado que ella es abogada y sus tareas habituales no le
exigen esfuerzo físico. Inmediatamente se pone en contacto con el Dr.
YYY, quien es el integrante del equipo de la Dra. XXX que atiende las
urgencias, y éste le indica que compre UTROGESTAN en la farmacia
más cercana y guarde reposo durante todo el fin de semana, para ser
revisada el Lunes mediante una ecografía. Unos minutos más tarde,
Paula recibe un llamado de una de las asistentes de la Dra. XXX
diciéndole que casualmente se encontraba en el consultorio de la Dra. el
Dr. WWW, uno de los ecografistas que integran su equipo, y que se dirigiera de
inmediato hacia allí, para que se le practicase un control
ecográfico de urgencia. Una hora después nos encontrábamos
mi esposa y yo en el consultorio de la Dra. XXX, donde tuvo lugar el mencionado
control. El Dr. WWW manifestó casi de inmediato que si bien se
veía el saco gestacional, no era posible ver embrión alguno,
razón por la cual era necesario practicar una ecografía
transvaginal. Al hacerlo, nos dijo que vio un embrión cuyo tamaño
no se condecía con la cantidad de semanas de embarazo y que no se
detectaban latidos, por lo cual debíamos considerar seriamente la
posibilidad de que el embarazo se hubiese interrumpido. Cuando todavía
no habíamos podido salir del shock que produce enterarse de una noticia
de este tipo, nos dijeron que la Dra. XXX quería hablar con nosotros en
su consultorio, que está contiguo al que alberga al ecógrafo.
Básicamente, nos dijo que debíamos comenzar a pensar en el
próximo embarazo, nos habló del alto porcentaje de embarazos que
se interrumpen respecto de aquellos que son exitosos, y que lo único que
nos quedaba por hacer era esperar que el aborto se completara en forma
espontánea ya que de no ser así debería practicarse un
legrado. Las indicaciones de la doctora fueron que Paula continuara con su vida
normal (a pesar de la pérdida de sangre), que no guardara reposo, que
comenzara a complementar el ácido fólico con hierro y que
volviéramos el día Jueves 9 de Septiembre para un nuevo control
ecográfico. Lo único que podría modificar esta indicación
sería que la pérdida se intensificara notablemente.
Desconsolados
nos fuimos mi esposa y yo, intentando digerir lo sucedido y aceptar el
caprichoso designio de la naturaleza por el cual el embarazo de Paula, que
hasta ese momento había sido absolutamente normal, llegaba a su fin.
Toda
la semana que siguió Paula se quedó en casa, temiendo que una
hemorragia la sorprendiera en mitad del trabajo, hasta que en la mañana
del Jueves 9, día en que tenía su consulta pactada, la
pérdida de sangre aumentó en forma muy importante, hecho que nos
alarmó profundamente. Concurrimos a la consulta bastante asustados y,
ecografía transvaginal mediante, nos dijeron que ya no se veía
embrión (que posiblemente se hubiese disuelto) y que lo único que
quedaba era el saco gestacional, el cual no presentaba de por sí riesgo
de infección pero que debía ser eliminado para que el sangrado se
detuviese. Respecto del episodio de la mañana, nos dijeron que no
debíamos preocuparnos sino que por el contrario “la naturaleza
estaba haciendo su trabajo y evitándonos el legrado”. Al insistir
sobre el sangrado, el Dr. WWW nos dijo que no se trataba de una pérdida
importante, pero que si notábamos algún incremento nos
comunicáramos con el Dr. YYY.
En
la noche de ese mismo Jueves (aprox. a las 22 hs.) Paula tuvo otro episodio
similar al de la mañana, razón por la cual decidí
comunicarme con el Dr. YYY, quien me repitió que el sangrado en estos
casos era casi una “bendición” y que no debíamos
asustarnos. A pesar de lo manifestado por el Dr., mi esposa no dejaba de ser
“bendecida” por la naturaleza y el sangrado lejos de detenerse se
incrementaba más y más. Preocupado, llamé nuevamente al
Dr. YYY, quien aceptó mi sugerencia de internar a Paula, para que pasara
la noche en un centro médico donde pudiese recibir atención
permanente.
Mientras
esperaba el llamado del Dr. YYY para indicarme a qué centro debía
llevar a Paula, recibí el llamado de la Dra. XXX, quien me manifiesta
que de ninguna manera está indicada la internación en estos
casos, y que no importaba cuánto sangrara, debía acostarse y
concurrir al consultorio al otro día por la tarde. Deseo señalar
que la doctora se oía “enojada”, como si mi insistencia le
molestara y cuando le comenté que Paula sangraba mucho y que
estábamos asustados, me preguntó si Paula alguna vez había
tenido una menstruación. A esta última pregunta contesté
que como ella había tenido muchas en su vida, podía afirmar que
lo que le estaba pasando no se le parecía en nada, lo cual a la Dra. no
pareció importarle en absoluto.
Ante
la negativa rotunda y contundente de la persona que tenía a cargo la
salud de mi esposa, y siendo que mi profesión es totalmente ajena a las
ciencias médicas, consideré que ella debía estar en lo
cierto e intenté ayudar a Paula a ir hasta el dormitorio para intentar
dormir. En ese momento ella se desvaneció, perdiendo totalmente el
conocimiento. Gracias a Dios mi padre, que es médico, venía en
camino preocupado por el cuadro que yo le describía por teléfono.
Algunos minutos después, que puedo asegurarle para mí fueron
años, Paula despertó y la acomodamos en la cama, mientras
esperábamos a la ambulancia que mi padre me hizo llamar.
Un
capítulo aparte merece la atención del servicio de urgencias de
“La Prepaga”, ya que resultó la contrapartida de nuestra
experiencia hasta ese momento. Tanto el equipo de la ambulancia como la
atención que recibimos en el Sanatorio fue de una excelente calidad
tanto profesional como humana, por parte del Dr. JJJ, como de todo el equipo
médico y no médico que puso fin a tanto sufrimiento, a tanto nerviosismo,
a tanto dolor. El Dr. JJJ, quien ahora es el ginecólogo de cabecera de
Paula, le practicó un legrado que completó el aborto
espontáneo y eliminó el sangrado.
Queremos
expresar nuestra indignación ante el desinterés, la falta de
ética de una profesional que ante el llamado del Dr. JJJ ni bien
llegamos al Sanatorio, dio por toda respuesta “que se encargue la guardia
de La Prepaga”. Queremos dejar constancia de la falta de aquello que
cuando uno elige una empresa como “La Prepaga” espera encontrar,
que no sólo se traduce en la excelencia médica, la cual no
estamos capacitados para poner en tela de juicio, sino la atención
personalizada, la relación médico – paciente, y por sobre
todas las cosas, la calidad humana de las personas a quienes confiamos nuestro
bien más preciado, la vida.
Con
el sincero deseo de que ningún otro asociado tenga que pasar por tan
desagradable experiencia, nos despedimos de Ud. saludándolo atentamente.
Ing. Mariano
Melamed
Dra. Paula
Laber de Melamed