TITULO:
“LOS
NUEVOS LIBROS DE TEXTO DE CLINICA”
|
AUTOR:
Dr. Alfredo
Darío Espinosa Brito*
Dirección
para correspondencia: Calle 37 No. 5404, Cienfuegos 55 100. Teléfono:
5201. E-mail: [email protected]
* Especialista
de Segundo Grado en Medicina Interna, Profesor Titular, Doctor en Ciencias
Médicas[1]
Con frecuencia he
comentado con mis colegas acerca de un peligro que se cierne sobre el presente
y el futuro la medicina clínica, introducido casi inadver-tidamente a lo
largo de los últimos decenios. Con la razonable justificación de
actualizar lo que algunos han llamado "el estado del arte"
(traducción del original en inglés "the state of art")
en las diferentes disciplinas clínicas, se han publicado edicio-nes
periódicas de textos que ya se han hecho clásicos para ser
consultados por los clínicos -en sentido amplio- de nuestra
época.1 Generalmente se esperan con impaciencia las nuevas edi-ciones de
Cecil,2 Harrison,3 Nelson,4 Sabinston ,5 entre los más connotados y
divulgados entre nosotros.
El propósito
fundamental de los libros antes mencionados consiste en presentar de manera
organizada, habitualmente por aparatos y sistemas, las entidades
nosológicas reconocidas y, en cada una de ellas, describir los
epígrafes de: concepto, etiología, patoge-nia, fisiopatología,
epidemiología, manifestaciones clínicas, diagnóstico,
evolución, pronóstico, clasificación y tratamiento.
Pero sucede un
fenómeno peculiar: el
número total de páginas de estos textos no se ha incrementado
sustancialmente en 40 años. Probablemente esto responde a un acuerdo de
los autores con las casas editoria-les. Lo cierto es que para actualizar estos
libros, cada día se profundiza y crecen más los acápites
de etiología, patogenia y fisiopatología, debido al
descubrimiento de nuevos agentes causales, factores de riesgo, mediadores
químicos, avances genéticos e inmunológicos, etc.
Igualmente se dedica más espacio a los nuevos métodos de
diagnóstico, desde los que forman parte del "boom" de la
imagenología, hasta los anticuerpos monoclonales, los aportes de la
medicina nuclear, además de modernas técnicas de laboratorio,
anatomopa-tológicas y microbiológicas. Si de terapéutica
se trata, ése es un epígrafe que se incrementa diariamente y se
actualiza bien: esquemas terapéuticos con nuevas drogas, la
introducción de la biotecnología, métodos
quirúrgicos que van desde la cirugía endoscópica y de
mínimo acceso hasta la transplantología, evaluaciones sobre la
eficacia, seguridad y costos de los trata-mientos, etc.
En medio de toda
esta "modernización del conocimiento", ¿qué es lo
que se va "comprimiendo"?, ¿qué es lo que se va
quedando olvidado y, a veces, se redacta sólo de manera
"telegráfica", o en porcentajes fríos de frecuencias de
síntomas y signos? Pues... nada menos que la Clínica (con
mayúsculas), en especial la Semiología, que aparece como la
Cenicienta, la pariente pobre en medio de todo este oropel de tecnología
que ha ido plagando nuestros principales libros de consulta de...
¡Clínica! Estimamos que el impacto negativo de este fenómeno
para las actuales y las futuras generaciones de médicos no se
hará esperar.
Muchos de los
clínicos que se formaron hace algu-nos años ya, continúan
suspirando y añorando los libros que en épocas anteriores
reflejaban mucho mejor la clínica de los enfermos, pero que se quedaron
atrás en cuanto a su actualiza-ción etiológica,
diagnóstica y, sobre todo, terapéutica. Entre estos textos se
encuentran, en nuestro rico idioma español, las Lecciones de Patología Médica de
Jiménez Díaz 6 y el
Tratado de Clínica y Patología Médicas de Pedro Pons
7 e, incluso, las viejas ediciones de los textos
multiautora-les anglosajones clásicos ya referidos, de Cecil, Harrison,
Nelson y Sabinston.
La
identificación de este problema debe conducir a una toma de
posición. ¿Qué hacer? Hay que alertar esta situación,
especialmente a estudiantes y a médicos jóvenes. No debemos
permitir que se borren las huellas de una clínica, que es tan
válida hoy, como ayer y lo
será mañana. El método clínico es el mismo, lo que
debe es per-feccionarse y adaptarse a las nuevas formas de ejercer la
medici-na. Las descripciones de los cuadros clínicos son tan importantes
para los nuevos médicos, como lo fueron para sus profesores en el
pasado.8 La realización de
la historia clínica es tan básica y tan compleja actualmente,
como lo ha sido siempre... 9 ¡Y esto se obvia y se da por
sabido!. ¿O se pretende que no es necesario para una buena
atención médica?
Entonces,
debemos defender lo que es
realmente esencial en la clínica: el abordaje holístico de su
objeto de estudio -el más complejo que existe, pues es la persona en su
dimensión más humana-, a través del método
científico -¡el método clínico!- en nuestra práctica diaria de
diagnóstico, pronóstico y tratamiento con sanos y enfermos. 9 Si
nos dejamos deslumbrar sólo por lo secundario, lo instrumental, lo
auxiliar, los aparatos, lo inanimado, que en definitiva todo ello es la
tecnología, por muy sofisticada o de punta que sea el ropaje que vista,
nos habremos quedado sin ciencia y sin humanis-mo. 10 Por tanto, no es que estemos
en contra de la técnica, ni mucho menos, sino que estamos convencidos
que ésta debe estar subordinada al servicio de la ciencia y el humanismo
de la práctica clínica y ser su complemento apropiado, en
correspondencia con nuestros principios e hipótesis.
En los años
de crisis económica que vivimos, cuando precisamente el desarrollo de
nuevas tecnologías en los países del Primer Mundo -y aún
en el nuestro- parece ser un sello de nuestro tiem-po, los que tenemos alguna
responsabilidad administrativa, asistencial o docente -aunque también todos los que están
imbuidos de los criterios antes expresados-, debemos "poner de moda"
y actua-lizar, más que nunca, el método clínico como base
de nuestra práctica profesional y enseñarlo con sabiduría,
paciencia y amor, desde el pregrado. 11 Sin esta base, no podremos comprender
ni utilizar adecuadamente ni las tecnologías disponibles en nuestros
días, ni las nuevas que
vendrán que, por más complejas que sean, serán
susceptibles de asimilarse a una
práctica profesional que se base en un pensa-miento científico,
que es decir, crítico y con raíces profunda-mente humanistas.
Jiménez
Díaz nos alertaba, desde la década de los 50 del pasado siglo XX,
que esta es una tarea difícil, cuando afirmaba: “¿Cuál es la
causa de la creciente imperfección con que se maneja la
exploración clínica por los médicos? Es doble, en primer
término, porque no se acierta a valorar lo mucho que puede dar de
sí en el camino del conocimiento de la enfermedad del paciente; pero
también por lo arduo de su aprendizaje” 12
De otra manera,
puede ser que en el futuro -y quizás en el pre-sente- nos encontremos
con médicos que, en lugar de evaluar pacientes integralmente, traten
imágenes radiográficas, ingresen electrocardiogramas
patológicos, operen hemogramas o aconsejen conductas por el resultado de
un monoclonal o de un ensayo clínico aleatorizado. A las consecuencias
negativas en el orden de la satisfacción por la atención recibida
por parte de los pacientes y sus familiares, se unen los gastos por el uso ina-propiado de la tecnología,
lo que constituye una sobrecarga innecesaria sobre los servicios de salud, ya
de por sí afectados por la grave crisis económica que sufrimos.
13 En otras palabras, la pregunta de hoy no debe ser si la medicina debe ser
científica, sino ¿cómo debe ser científica la
medicina? 14
Por tanto, que sean
bienvenidos los nuevos libros de texto de medicina clínica. Nosotros los
estamos esperando también. Personalmente pienso que ellos no son
dinosaurios y que los necesitamos.1 Sin embargo, cuando leamos estos textos
para mejorar nuestros conoci-mientos y
práctica, debemos poner cada cosa en su lugar: el método
clínico primero y la tecnología después. Indiscutiblemente
será mejor para los pacientes, sus familiares, los médicos, los
estudiantes y la sociedad en general.
REFERENCIAS.
1. Wheatherall DJ,
Ledingham JGG, Warrell DA. On dinosaurs and medical textbooks. Lancet 1995;
346:4-5.
2. Bennett JC y Plum F. Tratado de Medicina Interna
de Cecil, 20a ed., Vols. 1 y 2, New York: Mc Graw-Hill, 1997.
3. Fauci AS,
Braunwlad E, Isselbacher KJ, Wilson JD, Martin JB, Kasper DL, et al. Principios
de Medicia Interna de Harrison. 14a ed., Vols. 1 y 2, New York: Mc Graw-Hill, 1998.
4. Behrman RE. Tratado de Pediatría de Nelson.
15a ed., Vols. 1 y 2, New York: Mc Graw-Hill, 1997.
5. Sabinston DC.
Tratado de Patología Quirúrgica. 15ª ed., Vols. 1 y 2, New
York: Mc Graw-Hill, 1999.
6. Jiménez
Díaz C. Lecciones de Patología Médica. 5a ed., Tomos I-VI.
Madrid: Ed. Científico Médica, 1950.
7. Pedro Pons A. Tratado de Patología y
Clínica Médicas, 3a
ed., Tomos I-VI. Barcelona: Salvat, 1963.
8.
Ilizástigui F. El método clínico; muerte y
resurrección. Rev Cubana Educ Med Super 2000; 14 (2): 109-27
9. Espinosa A.
Medicina Interna: ¿Qué fuiste, qué eres, qué
serás? Rev Cubana Med 1999; 38 (1): 79-90.
10. Lolas F. Los
progresos de la medicina. En su: Más allá del cuerpo. Santiago de
Chile: Ed. Andrés Bello, 1997: 49-52.
11.
Rodríguez L. La práctica clínica actual y el legado
humanitario hipocrático. ¿Dónde fallamos? . Bol Ateneo
“Juan César García” 1996; 4 (1-2): 104-112.
12. Jiménez
Díaz C. Los métodos de exploración clínica y su
valoración. Madrid: Ed. Paz Montalvo, 1954:11.
13. Espinosa
AD. La unicidad en la diversidad.
Factores en cuestión. Bol Ateneo “Juan César
García” 1996; 4 (1-2): 93-103.
14. Lolas F.
Bioética y Antropología Médica. Santiago de Chile:
Mediterráneo, 2000: 159.