H
ay médicos que desarrollan, incrementan y explotan sus recursos
teatrales
en la relación terapéutica, con fines mercantiles: son los médicos
actores.
Aparecen en la T. V., los diarios, las radios detrás de los populares
personajes, de la gente famosa refiriéndose a su salud: bienestar
psíquico y
corporal y a su belleza.
Son, por momentos, la sombra de los conocidos; otras veces, su luz.
Tienen un trabajado aspecto físico, cuidan su estética así como manejan
una
postura como si tuvieran siempre una cámara delante como un espejo
donde
modelan las palabras y desarrolan su gestualidad.
Hablan justa y adecuadamente cual locutores para los medios.
Desarrollan un guión del parte médico de su ocasional paciente y la
multitud observa y escucha su iluminador discurso.
Buenos oradores y a veces, argumentadores, desplazan sus textos por la
cuerda floja de los chimentos cual equilibristas mediáticos.
La T.V. vende una determinada medicina: salud y estética y ellos suelen
ser
sus oficiantes que convencen a la masa consumidora y llegan al cielo de
la
fama con los ídolos populares.
Ahora el genial Maradona es noticia.
Conocido en el mundo como al Papa, amado por millones de seres: un
esteta
del futbol.
En mi Argentina, el tango se llama Gardel y el futboll: Diego Armando.
Nació en un hogar pobre como los muchos que tenemos en América.
Su genio deportivo lo llevó a alcanzar una rápida fama como el número
10, el
mejor de todas las épocas.
Un guerrero de la pelota, temido por los adversarios. Un verdadero
Ulises en
la cancha: conductor de su equipo, guía y creador de innovadoras
tácticas en
su estrategia deportiva.
Un muchacho humilde que sería tal vez hoy, un cartonero, la nueva
modalidad
de la miseria digna en mi país.
Parece que el éxito devora a su portador: la infancia de carencias
económicas y culturales condicionan al genio y lo acompañan toda su
vida.
La industria del futboll con sus millones de dólares y euros asesina a
sus
jugadores y cada tanto los sacrifica en el altar de su ganancia.
Diego acompañó su vida con la cocaína, nuestra blanca americana más
famosa.
Un grupo de malechores lo rodearon y fueron mutilándolo.
La "vida fácil", el amor y la admiración de la masa lo atraparon.
El sistema lo usó, sacó su beneficio y luego lo ayudó a inmolarse,
indiferente.
Diego cuestionó a los señores del negocio, intentó armar una especie de
internacional de jugadores- proletarios y fracasó.
En el circo del espectáculo los jugadores son las víctimas de los
leones que
los comen.
Tuvo un discurso camaleónico, como un cambalache, donde mezcla al Che
con
Menem, ambos irreconciliables. Uno, ejemplo de coraje y ética , el
otro,
responsable del fracaso de mi pueblo.
¿Qué médicos tuvo Maradona?
¿Quién lo ayudó a soportar el malestar del negocio del espectáculo y
cuidarse de sus mafias?
¿Puede un dios del futboll como Diego escuchar a un simple galeno por
más
esteta de los medios que sea?
¿ Quién lo aconsejó para despegarse de la coca que le hacía tolerable
tanto
éxito?
¿ Quién puede con un dios?: otro, acá inexistente.
Sus "amigos en las buenas " lo vincularon con médicos hechos a la
medida de
la farándula, de esos famosos fugaces y que actuaron como cómplices en
la
decadencia del ídolo.
No quisieron enfrentarlo. Prefirieron posar para las fotos apareciendo
en
todos los canales de T.V. y en la mayoría de las radios.
Cosecharon fama y cierto poder virtual y desaparecieron hasta otro
momento
con nuevas víctimas.
La progresiva muerte del mejor número 10 de la historia es seguida por
el
dolor de su pueblo que él representa.
Los humildes del mundo, tristes sufren su inevitable despedida.
Su ex- mujer e hijas lo rescatan y pelean por su bienestar.
Un americano fue Dios durante 20 años y alegró a su pueblo que lo amó.
Como nuestros antepasados indios: fue despojado, torturado y asesinado
por
el sistema, la industria del espectáculo y entretenimento del Primer
Mundo.
Dr. Alejandro Wajner
[email protected]
(Buenos Aires, Argentina).
Mayo 10, 2004.
E-mail: [email protected]
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