E
s el estar del ser loco.
El consultorio, donde pacientes y médicos intercambian deseos,
actuaciones,
discursos y actividades, es el escenario de representación, la caja de
Pandora de los monstruos de los humanos.
El discurso de la locura habla desde el cuerpo, maneja los gestos y
palabras
del sufriente. Demandas imposibles de cumplir aparecen en este teatro
y,
cual hilos de marionetas, accionan la relación.
El cuerpo adicto- sin palabras- busca sin encontrar un pedazo de mamá,
papá,
algo o alguien que lo proteja, cuide y sane: calle y silencie los
síntomas.
El médico recibe un libreto para actuar, un plan a cumplir y al
salirnos de
escena nos convidan con la violencia de su angustia.
La frustración maneja el cuerpo con gestos, movimientos, posturas y
palabras.
Quieren expulsar el malestar y depositarlo en nosotros con la agresión.
- ¡Usted no sabe nada!
- ¡No hizo nada!
- ¡ No me dio nada!
- ¡Es un falso médico!, concluye el paciente.
Oraciones insultantes nos golpean. La locura actúa como agente de odio
y
destrucción.
-¡ Maten al médico!, reclaman.
El pensamiento mágico pide venganza. Acabar con la suciedad del otro
para
creerse sano.
Fantásticas demandas de amor ordenan matar al supuesto culpable del
momentáneo fracaso existencial.
Un enorme repertorio de agresión, violencia, frustración organiza el
reproche y prepara la ejecución del otro ante un supuesto fracaso.
El enfermo posee un cuerpo rígido y para curar debe superar con
plasticidad
su mal y establecer un aprendizaje.
Debe pasar de la intolerancia a un estado soporte de la tensión y el
displacer, antesala del cambio curativo.
La vida se cura con vida, con proyectos, vínculos amorosos, juegos y
situaciones creativas, redentorias.
Dr. Alejandro Wajner
(Buenos Aires, Argentina).
Marzo 18, 2004.
E-mail: [email protected]
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