stán los que arman el encuadre comercial: los dueños del espacio,
propietarios de nuestro plus- trabajo.
Los que nos pagan las boletas de obra social o pre- pagas.
Los que contratan nuestra presencia o nos alquilan el lugar.
Hay una parte de nuestro trabajo que pertenece a otros, por lo que
presencian el
acto médico como fantasmas.
Está la educación que recibimos, las ideas que leemos o escuchamos, la
evidencia del mundo médico al que adherimos.Es el pensamiento que juzga
y
plantea los movimientos a seguir:
La cultura médica.
El dinero marca su pasaje también.
Necesitamos poseerlo para poder estar en el mundo.
El paciente es un cliente que intercambia su queja por alguna cura o
alivio
y deja o debería hacerlo, dinero a cambio.
Hay una circulación de demandas reales e imposibles.
La angustia, el dolor, la desazón, entre otras comparten con el
desamor, el
abandono, la tristeza, la soledad,el rechazo el espacio médico y lo
condicionan.
Hay diferentes actos en este escenario dramático:
el de la idealización del supuesto poder curativo,
el de la desconfianza en las posibilidades médicas,
el supuesto fracaso y la búsqueda de un culpable o víctima,
el efímero triunfo, la paz transitoria y la recaida.
En todos, el pensamiento mágico existe en estas cuatro paredes como
convidado de piedra.
La relación con el médico remite a diversas historias pasadas:
infantiles y
juveniles,
donde alguien ejerció cierto poder y otro permaneció pasivo.
Este espacio arquitectónico es testigo de maltratos, desencuentros,
violencia.
Intentos de amor y cuidados.
Numerosos fantasmas lo transitan y
posee múltiples cajas de Pandora,
en este juego entre supuestos dioses y mortales heridos y agresivos por
vivir.
( De las ausencias hablaremos luego...)
Dr.Alejandro Wajner
(Argentina).
Febrero 24, 2004.
E-mail: [email protected]
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