n este mundo material en el que los hombres y las cosas se enfrentan
como
mercancías. El orden justo del alma es destruido por la codicia de
riqueza
que reclama tanto del hombre, que ya no le queda tiempo más que para
preocuparse únicamente por sus bienes.
La necesidad de trabajar par obtener "cosas" materiales y el placer
sensible
no son malos en sí mismos; lo malo es que -al igual que las
actividades
inferiores del hombre - se sitúa en un orden malo.
Las "partes inferiores del alma" atan al hombre al afán de ganancias y
posesión, de compra y venta; lo conducen a no preocuparse por nada que
no
sea la posesión del dinero y de lo que está relacionado con él. La
parte
apetitiva del alma es aquella que se dirige al placer sensible, porque
los
apetitos de este tipo son satisfechos principalmente por el dinero.
Aquello que verdaderamente interesa a los hombres: las verdades
supremas,
los bienes y las alegrías supremas están separados por un abismo de
sentido,
de lo que es necesario, y por lo tanto estas verdaderas supremas son un
"lujo".
La Medicina como profesión es patrimonio, en América Latina, de una
élite y
está vedada a la mayor parte de los hombres, por férreas barreras
sociales y
económicas . La teoría de que las clases superiores son las
depositarias de
las verdades , contribuye a afianzar el poder social de estas clases,
cuya
"profesión" consiste en hacerse cargo de las verdades supremas, es obra
de
algunos pocos para quienes las necesidades vitales están aseguradas
suficientemente.
Personalidad médica
Los médicos pueden sentirse felices, aun cuando no lo sean en absoluto.
Entonces, la apariencia vuelve totalmente incorrecta la afirmación de
la
propia felicidad. El medico , reducido a sí mismo, aprende en cierto
modo, a
amar su propio aislamiento. Esta soledad fáctica se eleva a la
categoría de
soledad metafísica y recibe la bendición de la plenitud interna a pesar
de
la pobreza externa.
Con el tiempo el medico llega a tener o aparentar, una "personalidad
medica"
. Esta personalidad es la que tiene que representar la "felicidad" es
decir
, la armonía privada en medio de la anarquía general, la alegre
actividad en
medio del trabajo amargo.
Para que esta "felicidad" perdure el medico no debe de violar las leyes
del
orden existente , tiene que respetar los fundamentos de lo existente.
El
respeto por las relaciones de poder ya dadas, debe de ser una de sus
virtudes. Sus protestas han de ser medidas y prudentes.
Para el medico actual, el ámbito de su realización externa se ha vuelto
mas
pequeño, mientras que el de la realización interna es ha hecho muy
grande.
El medico ha aprendido a plantearse, ante todo, las exigencias a sí
mismo.
Ha enmudecido frente a la realidad social . Se ha vuelto más ambicioso
en lo
interno y más modesto en lo externo. La Medicina ya no es el trampolín
para
el ataque del mundo, sino una línea de retaguardia bien protegida,
detrás
del frente. Es la fuente, ya no de la conquista, sino del
renunciamiento.
Ahora es
el hombre que renuncia, el que se realiza dentro de las circunstancias
ya
dadas por más pobres que éstas sean. Es el que encuentra su felicidad
en lo
existente. El conformista.
Esto desde luego no siempre ha sido así,antes, hace ya muchos pero
muchos
años , la personalidad del medico presentaba una cara diferente. Esta
personalida era lo que le permitian capacitarse día a día para
convertirse
en señor de su destino. Le permitia destacar que todo lo que había
hecho de
sí lo debía sólo a sí mismo, no a sus antepasados, a su testamento
social o
a su Dios. Una de las características de esta personalidad es que no
era
sólo espiritual , sino era más bien un ámbito vital para que su actuar
social fuese lo más amplio y pleno posible
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Dr. Ernesto Guidos
(El Salvador).
Febrero 17, 2004.
E-mail: [email protected]
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