a magia, ha sido en nuestros países , durante siglos la presunción de que
se podía pasar de golpe, de una causa a un efecto por un oculto
cortocircuito, sin completar los pasos intermedios. Digamos un par de
oraciones y los dolores desaparecen, o invoquemos las fuerzas demoniacas y
el enemigo muere, pronuncio una fórmula y transformo el hierro en oro,
convoco a los ángeles y envío a través de ellos un mensaje a los dioses del
universo.
La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos pero sobre
todo, no se anda preocupando por probar si existe una relación entre la
causa y el efecto.
De ahí la fascinación de nuestros pueblos, desde las sociedades primitivas
hasta nuestro renacimiento solar y más allá, hasta la pléyade de sectas
omnipresentes en internet.
La confianza en la magia, no ha desaparecido con la llegada de la ciencia
experimental. El deseo de la simultaneidad entre causa y efecto se ha
transferido a la tecnología, que parece la hija natural de la ciencia. La
tecnología hace de todo para que se pierda de vista la cadena de las causas
y los efectos. Los usuarios de los ordenadores apretamos un botón y nos
ponemos en contacto con un ser lejano, obtenemos los resultados de un
cálculo astronómico, pero no sabemos lo que hay detrás . El usuario vive la
tecnología del ordenador como magia.
Podría parecer extraño que en nuestros pueblos sobreviva esta mentalidad
mágica , pero si miramos a nuestro alrededor, en nuestra consulta diaria ,
en los hospitales, ésta magia reaparece triunfante en todas partes.
Hoy, asistimos al renacimiento de sectas satánicas, de ritos sincretistas;
incluso las religiones tradicionales tiemblan frente al triunfo de esos
ritos y deben transigir no hablando al pueblo del misterio de la trinidad
pues encuentran más cómodo exhibir la acción fulminante del milagro.
El milagro nos muestra lo sagrado, lo divino, que es revelado por una ser
carismático e invita a las masas a someterse a esta revelación
Recordemos una frase de Chesterton: "Cuando los hombres ya no creen en Dios,
no es que ya no crean en nada: creen en todo".
Lo que se trasluce de la medicina a través de los congreso, las revistas,
es sólo su aspecto mágico. Cuando se filtra es porque promete una cura
milagrosa, "la píldora que...".
Hay a veces un pactum sceleris entre el medico y los medios de comunicación
por el que el medico no puede resistir la tentación, o considera su deber,
comunicar una investigación en curso, a veces también por razones de índole
económica ; pero he aquí que cuando la investigación se comunica enseguida
como algo novedoso, poco tiempo después descubrimos con desilusión , que el
medicamento aún no está listo. Los episodios los conocemos todos, el
anuncio indudablemente prematuro de los continuos avisos del descubrimiento
de la panacea contra el cáncer, el SIDA etc.
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Cortocircuito triunfante
Cuando se toma una medicina y se obtiene la curación en un corto periodo,
no es la prueba absoluta de que el medicamento sea eficaz.
Puede ser que la enfermedad haya remitido por causas naturales y el remedio
ha funcionado sólo como placebo o que incluso la remisión se ha producido
por causas naturales y el remedio la ha retrasado.
Pero intentemos decirle esto al pueblo . La reacción será de incredulidad,
porque la mentalidad mágica ve sólo un proceso, el cortocircuito siempre
triunfante, entre la causa presunta y el efecto esperado. Llegados a este
punto, nos damos cuenta también de cómo está ocurriendo , que se anuncien
recortes consistentes en la investigación y la opinión pública se quede
indiferente.
Se quedaría turbada si se hubiera cerrado un hospital o si aumentara el
precio de los medicamentos, pero no es sensible a las estaciones largas y
costosas de la investigación. Como mucho, se podrían dar cuenta de que los
recortes en la investigación puediese retrasar el descubrimiento de un
fármaco más eficaz para la gripe , y no relaciona el recorte en la
investigación con la poliomielitis, el paludismo, la enfermedad de Chagas,
porque la cadena de las causas y los efectos es larga y mediata, no
inmediata, como en la acción mágica.
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© ERNESTO ARTURO GUIDOS Copyright 2004
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Dr. Ernesto Guidos
(El Salvador).
Febrero 16, 2004.
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