l progreso de la Medicina hace más complejo su ejercicio basado en la
relación paciente- médico pues debe aceptar un convidadode piedra que
acomoda su asiento a la misma.
La justicia del acto médico pasa de adivinar, aconsejar y ayudar a
cambiar
realidades corporales molestas y dolorosas a integrar el ámbito del
aparato
de la justicia: sus instituciones, reglamentos, leyes y personajes.
Los abogados participan de este vínculo como testigos, fiscales y
jueces y
cada momento del mismo, su desarrollo diagnóstico y terapéutico es
evaluado
por ellos desde un campo diferente al nuestro.
El paciente y su grupo social cercano creen tener derecho a vigilar al
profesional: su capacidad diagnóstica y terapéutica hasta las
modalidades de
la relación de salud. El para qué, el por qué y el cómo de la misma.
El ser y su malestar tiene poder de queja sobre su sanador y derecho al
castigo.
Es un potencial perseguidor.
Los buscapleitos tienen montado el negocio en la conflictiva y
dramática
relación paciente- médico.
Quedamos atrapados con un eventual juicio punitorio desde económico,
civil a
penal y con sanciones en dinero y la inhabilitación social del
ejercicio
médico.
Debemos contratar nuestros propios abogados y un seguro de mala praxis
que
teóricamente nos proteja de la beligerancia del malentendido en el
vínculo
sanitario.
Los abogados alientan a sus clientes, nuestros pacientes, a ganar unos
pesos
con nosotros.
Esto produce un gasto excesivo e innecesario en estudios y
procedimientos
diagnósticos y hasta terapéuticos.
El "por las dudas" le pido o hago tal práctica actua reemplazando
nuestra
identidad y personal estilo.
Cada paciente es un potencial enemigo, un futuro problema judicial.
Quieren hacernos culpables de sus miserias ayudados por inescrupulosos
y
parasitarios pescadores en río revuelto.
Ellos se posesionan un asiento social superior al nuestro y comercian
con la
conflictiva humana.
Circula en la comunidad un mensaje de deber juzgar y penar a los
médicos.
Esto hace cada vez más dificil relacionarse con el otro: el paciente
con
sinceridad, soltura y emoción.
¿Quién juzga a los que nos juzgan?: otros pares o colegas. Y así, la
Corporación judicial limpia sus trapos sucios entre ellos defendiendo
su
impunidad y mancillando la nuestra.
A nosotros de este negocio de los abogados y de la industria de la
Salud nos
quedan: malestar, disgusto, angustia y vivir la injusticia social.
Cuando un colega cae en desgracia los demás lo abandonan y vive el
ostracismo. Se transforma en un muerto viviente, de Apolo a Prometeo
encadenado.
La cabeza rueda en este circo social.
Igual, otro del montón lo reemplazará. Y mucha sangre y dolor alegrará
a la
muchedumbre ávida de violencia, goce y muerte.
¡ El público debe entretenerse, el show debe continuar !
Dedicado al colega H., injustamente castigado.
Dr.Alejandro Wajner
(Argentina).
Febrero 6, 2004.
E-mail: [email protected]
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