E
n América del Sur, la mayoría de los médicos somos trabajadores de la
Salud
de sus diferentes sistemas y estructuras de organización.
Pertenecemos al ámbito público(municipal, provincial, estatal,
nacional) o
al privado: clínicas de sistemas de pre- pagos( medicina según nivel de
cuota pagada), de administradores de sanatorios y consultorios
sindicales;
de los retirados o jubilados, el PAMI, de hospitales de comunidades
extranjeras con sistemas de pre-pagos.
Ahí vendemos nuestra fuerza de trabajo: el saber/proceder médico a los
capitalistas, beneficiarios de esas organizaciones económicas.
Grupos de políticos, sindicalistas y empresarios reparten sus
influencias y
cosechan ganancias, sometiendo a los médicos y controlando a sus
obedientes
pacientes- clientes.
En los consultorios ganamos por horas de trabajo, no por paciente
atendido
de salas de guardia, internación, de ambulancias. Nos parecemos a
sirvientas
con mayor responsabilidad y riesgo de vida.
Cada vez más juicios de mala praxis caen sobre nosotros, los chivos
expiatorios: baratos, complacientes y reemplazables en vez de hacerlo
sobre
la ineficaz, tramposa y corrupta organización empresarial.
Nosotros, los médicos, ponemos el cuerpo frente al paciente, su
familia, la
sociedad con sus instituciones de control, vigilancia y castigo y
recibimos
algunas monedas y mucho malestar e injusticia.
Ser de la clase media miedosa, conservadora, neutral; hace que evitemos
la
organización sindical de nuestra praxis cotidiana.
El amor al poder, a la fama, al dinero, a los superiores atenta en
contra
nuestro.
El egoismo, la mediocridad, la hipocresía y soberbia son algunas de las
virtudes con las que hacemos gala al vivir.
El sentir al "estimado colega" como competidor inexcrupuloso, enemigo
potencial o real y nuestro próximo reemplazante, impide organizarnos y
mejorar las condiciones de trabajo.
El desencanto al estar años estudiando para ser maltratados y
empobrecernos
constantemente, para atender mal- por las dificultades estructurales y
sistémicas de las instituciones- a la masa descontrolada, solitaria,
frustrada y violenta.
Ser buffer de los superiores, entregar la cabeza para el sacrificio
ritual,
ante el descontento de los clientes.
Soportar trenzas, agachadas, complicidades diversas y constantes con
los
negociantes de la salud-mercancía.
Algunos colegas creen que pertenecer transitoriamente a ciertas
instituciones privadas "prestigiosas" es participar del banquete en el
Olimpo de los dioses griegos.O tener un asiento superior en las
sociedades
científico- políticas es portar chapa y brillo y salir del lodo de la
mayoría, evitar la miseria creciente.
Es poder "caretear" con la industria, salir en televisión o en algún
diario
serio de los dueños de los medios y del país.
Ser científico y ciego- sordo- mudo a la sociedad, a sus mayorías
excluidas,
frente al negocio de las corporaciones, de los políticos y empresarios
que
arman las maneras de ganar en el mercado de los cuerpos medicalizados.
¿Se imaginan médicos con ideas humanistas, filosóficas y sociales
críticas,
antropológicas, integrales?: ¡Que peligro para el negocio!
Colegas: sigamos siendo un ladrillo en la pared, como dice Pink Floid
en The
Wall, que es lo que el sistema necesita.
¿Cuando cruzaremos la calle de la mansedumbre y la mediocridad
generalizada?
Dr. Alejandro Wajner
(Buenos Aires, Argentina).
Abril 13, 2004.
E-mail: [email protected]
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