L
a guardia de urgencias es el espacio hospitalario donde cualquiera
puede
entrar, permanecer y pedir consejo y tratamiento de cualquier molestia.
Es uno de los últimos lugares donde cualquiera puede dramatizar su
violencia
y locura escudado en el discurso del malestar corporal y la queja
orgánica.
Los solitarios y marginales conocen y tienen este escenario para
reclamar
por sus fantasías de cura y toxicidad.
Todos piden drogas.
Todos necesitan estudios radiográficos, extracciones sanguíneas y
aplicación
de diversos recursos terapéuticos.
Los viejos moribuntos y abandonados por sus familiares.
Las parejas maltratadas.Los transculturales de países vecinos o
lejanos.
Los ladrones, asesinos, drogadictos de ilegales, los sidóticos
descontrolados, la policía y sus clientes, acuden a nuestras salas.
Todos piden por la gran teta de la Medicina.
Y muestran y desarrollan sus mejores y efectivos recursos violentos,
sus
actuaciones locas para que el personal sanitario cumpla con sus
imposibles
demandas.
Y suelen romper las instalaciones, maltratar a los médicos, enjuiciar a
cualquiera.
Demandar en la justicia por mala praxis.
La guardia es parte del negocio mafioso de abogados y pacientes
simuladores,
vivillos que pueden sacar algunos pesos a los desprotegidos médicos.
Los servicios abominan de la guardia. Les reservan los peores pacientes
para
quedar ellos puros y poderosos.
De los consultorios expulsan a los molestos a la guardia.
Los "estimados colegas" usan el espacio de urgencias para limpiar sus
suciedades clínicas.
Las autoridades envian a sus conocidos y acomodados para una rápida
atención
clínica.
Todos quedan bien ensuciando a los otros.
Los locos y violentos practican en la guardia.
Los hipócritas y soberbios hacen caridad con nuestro trabajo y
permanecen
limpios y brillantes.
Nosotros ponemos el cuerpo para contener la miseria de la sociedad:
abandonada, engañada y sometida a sus leyes de mercado.
Dr. Alejandro Wajner
(Buenos Aires, Argentina).
Abril 9, 2004.
E-mail: [email protected]
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