E
n Medio Oriente la violencia como recurso parece hasta ahora, ser el
único
camino.
El rechazo del otro pueblo, tanto sea israelí o palestino y de sus
vecinos
árabes, el daño y agresión armada, las muertes, el odio, la venganza
actuan
como perpetuadores del desencuentro y malentendido entre ambas víctimas
de
este conflicto que lleva medio siglo.
El diálogo, la mediación de la palabra, la negociación y las aperturas
al
cambio de la paz, la tolerancia y convivencia parecen ser hoy
imposibles.
Pues los dirigentes políticos de ambos pueblos son mediocres, corruptos
y
miserables.
Creen en su irreal discurso, sienten poseer la verdad y el triunfo
sobre el
otro.
Mientras el miedo, el odio, la violencia entierran a los pueblos en el
oscurantismo del pensamiento emocional unidimensional donde no hay
lugar
para el otro y donde uno empobrece y retrae sus posibilidades de
bienestar y
progreso.
El Mundo debe ayudar a construir instancias políticas de paz con el
otro
excluido, aceptar su identidad y derecho a la vida y al desarrollo
político
social.
La paz entre israelíes y árabes es un deber ético de la humanidad, de
sus
mejores representantes.
Ninguna guerra sirve a los pueblos para nada.
Las autoridades políticas, religiosas y culturales internacionales
deben
detener la matanza y facilitar el dialogo entre ambas partes.
Nosotros exigimos: ¡Paz y Justicia para ambos pueblos!
Dr. Alejandro Wajner
(Buenos Aires, Argentina).
Abril 4, 2004.
E-mail: [email protected]
Critica Medicina –ir Al INICIO de esta Editorial
Regresar a Página Principal