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as comidas con sal, azúcares simples y grasas saturadas asociadas a la
falta de movimiento o actividad física, el tabaco, la pasividad, la
adaptación a estas sociedades enfermas e insanas producen hipertensión
arterial.
La falta de consumo de vegetales y frutas y cereales facilita los mecanismos
de daño vascular, de inflamación, trombocoagulación, rigidezy envejecimiento
con la perdida de la elasticidad, de las posibilidades de adaptación a
cambios dinámicos.
Modulan los sistemas neuroendócrinos, las señales intercelulares, los
cambios en las membranas, el tono adrenérgico y activan la genética
hipertensiva.
Podemos pensar las complejas relaciones entre genes y ecología social: el
ambiente vincular de los seres y plantear que una política y educación
alimentaria distinta modificarían esta realidad.
Pero hay que molestar a muchos intereses económico y políticos: pues para
hacer otra tortilla hay que romper muchos huevos.
Nos enseñan a utilizar fármacos para desviar la atención de que la
hipertensión arterial es un problema económico y político complejo, una
razón de la civilización contemporánea.
Orientando el consumo popular y comunitario hacia alimentos que no dañen las
paredes vasculares podremos controlar esta epidemia.
Seres vegetarianos, activos, que utilicen el cuerpo como espacio de juego y
vínculos amorosos, como lugar de creatividad probablemente serán más sanos y
jóvenes.
La agresión, los miedos y las angustias sublimadas en actitudes creativas,
artísticas y solidarias, en relaciones y estrategias de humor y alegría en
la vida ayudarán a combatir este problema.
Dr.Alejandro Wajner
(Argentina).
Enero 9, 2004.
E-mail: [email protected]
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