L
a red se vuelve menos democratica cuando consideramos los datos
geograficos. Hay cinco mil quinientos millones de personas en el mundo. Unos mil
millones apenas sobrevive día a día. La mayoría de la gente no tiene
aún un
teléfono, de aquí que sea muy improbable que posean un ordenador, y aún
menos que utilicen la red. Esta situación suscita una pregunta, ¿es la
red
un medio para la democracia, o simplemente otra forma de dividir el
mundo
entre los que tienen y los que no tienen? Debemos preguntarnos, ¿cuanta
gente considera la red realmente relevante en su vida diaria?
El número de usuarios de la red crecerá, pero parece improbable que
crezca
para incluir a más que aquellos que tienen el respaldo educacional
necesario, y/o aquellos que están empleados por las agencias
burocráticas y
tecnocráticas.
Seguramente , cuando la mayoría de la población del primer mundo se
convierta en parte de la revolución del ordenador serán, más que
activos
participantes, consumidores, tan primarios como pasivos. Usarán los
juegos
de ordenador, verán la TV interactiva y comprarán en las tiendas
virtuales.
La distribución estratificada de la educación actuará como guardián del
borde virtual entre el usuario activo y el pasivo, e impedirá el
incremento
de aquellas participaciones populares en interactividad
multidireccional
El uso de la red más allá de su único uso necesario, obtención de
información, es, pudiese ser , una forma altamente desarrollada de
interacción antisocial. Que alguien desee estar en su casa u oficina y
sustituir el contacto humano a favor de una experiencia comunicativa
mediada
textualmente sólo puede ser síntoma de una incipiente alienación.
Está muy claro por qué el aparato represivo desea desarrollar este
aislamiento: si alguien está on-line, él o ella están fuera de las
calles y
fuera de su comunidad genética. En otras palabras, "están bien" dentro
de
los límites de control.
La razón de por qué el aparato de mercado desearía tal situación es
igualmente clara: cuanto más solitaria esté la gente, menos elección
tendrán, sino de volver al trabajo y al consumo como medios para un
pretendido placer.
En un momento en que el espacio público está disminuyendo y siendo
reemplazado por las fortalezas institucionales, como los paseos
públicos,
parques temáticos, y otras manifestaciones del consumo forzado que
pasan por
lugares de interacción social, ¿no deberíamos buscar un sentido a lo
social,
directa e inmediatamente, más que contemplar cómo esos espacios
anti-públicos son copiados en una forma electrónica todavía más
solitaria?
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© ERNESTO ARTURO GUIDOS Copyright 2004
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Dr. Ernesto Guidos
(El Salvador).
Mayo 15, 2004.
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