Desde que tengo uso de razón, he tenido una gran ilusión por los caballos (cualquier animal en general me encanta), pero los caballos y los perros particularmente son mis preferidos y en este orden.
Cada vez que veia un caballo en cualquier parte me tiraba como loca hacia el sin importarme su tamaño y era una mocosa de 3 años, tanto era mi entusisasmo que mis padres decidieron llevarme a montar.
La primera vez que monté en un caballo fue en Barcelona, donde viviamos entonces por cuestiones de trabajo de mi padre, ya que yo soy de Madrid. Pues en una playa cercana a Barcelona había un picadero en el cual monté por primera vez cuando tenía 4 años, en una yegua blanca que se llamaba Paloma, y mi hermano que es un año y medio mas pequeño que yo en otra yegua castaña que se llamaba Palmira (recuerdo perfectamente el nombre de las dos yeguas asi como su fisonomía).
Yo estaba feliz de la vida sin miedo de ningún tipo, tanto que el tiempo se me pasó volando y al poco ya estaba en el suelo otra vez, ohhh que pena me dió me hubiera quedado ahí arriba para siempre.
Al terminar mi padre habló con el dueño para que fueramos mas veces y aprender ya en serio, pero el le dijo que quizás eramos demasiado pequeños aún y que era mejor esperar un poco hasta que por lo menos tuviera 6 años y ya podía comprender mejor lo que me decían y sujetarme mejor en un caballo, aunque yo siempre fui muy alta pero aun asi el opinó que era lo mejor y así se hizo.
Pero mientras estuvimos en Barcelona y cuando ibamos a la playa pues si que montabamos
No volví a montar en un caballo hasta exactamente los 6 años. Nos volvimos para Madrid y cuando cumpli 6 años, mi padre volvió a llevarme a montar esta vez para empezar en serio.