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AULA HIPICA DE EQUITACION Y REMONTA

A la par de todo esto, yo empecé a montar en el Aula Hipica de Equitación y Remonta que era militar  y que estaba entonces en la calle Bravo Murillo, allí entre de chiripa ya que solo pueden entrar hijos y familias de militares , pero mi padre a fuerza de mucho dar la lata lo consiguió y me hicieron una especie de examen para ver en que tanda me colocaban, y al principio estive unos dias en la tanda de los principiantes, pero el capitán Pimentel que era elprofesor opinó que deberia estar en la de los avanzados.

Allí en invierno se montaba en un picadero cubierto super enano en el que se saltaba y todo, pero claro solo habia un salto en el medio del picadero y al cual ibamos de uno en uno según nombraba el Capitán.

Un día el capitán me dió su caballo, era un caballito pequeño negro, colín (no pegaba nada uncolín alli), pero con ungenio propio de un capitán, el caballo era un misil la verdad y el Capitán decidió probarme haciendome saltar cada vez mas alto, el último salto estaba a 1,70, yo jamás en mi vida habia saltado semejante altura, todo lo más 1,40 que para mi gusto ya esta bien, porque puedo asegurar que impresiona bastante.

Aquello me pareció una barbaridad, aquel hombre estaba loco, ahora contaré como nos hacía estar en la clase, bueno el caso es que puso el saltito de marras y dijo "ala a saltar", yo recé todo lo que se me ocurrió y allí fui, pero a mitad de camino, me arrepentí e intente hacer que el caballo rehusara o se escapara por un lado, el Capitán se dió cuenta y empezó a gritarme (siempre gritaba horriblemente), que le dejara que el caballo sabia mas que yo, que no iba a pasarme nada, al final lo dejé porque ademas parecia imposible sacar el caballo de allí, el caballo aquel era una maquina de saltar se iba solo al salto en cuanto lo encarabas y ya no tenias que hacer nada mas, el lo hacia todo, media batia recibia y tu nada solo ahí encima. Salte por fin el dicho so saltito y ya me dejó en paz, ya no me lo volvió ha hacer mas, y ha sido la única vez que salté semejante altura a costa de mi integridad física ya aparte de parecerme que me iba a matar, me pareció también que me iba a estrellar contra el techo del picadero.

La particularidad de este hombre dando clase, a parte de tratarnos a todos fatal y a grito limpio, en especial a su hijo que parecía llevarse todas las papeletas, era que al principio de la clase nos ponia a cada uno una peseta entre la rodilla y la silla y al terminar la clase iba recogiendo las pesetas y el que no la tuviera porque se le hubiera caido ya podía temblar de pies a cabeza porque desataba toda su colera contra el. Quitando estas cosas y fuera de la case era un buen hombre que nos pareciaba y todo. Estuve allí montando como un año o así entre semana todos los días al salir de clase, hasta que se llevaron el club a cuatro vientos donde está ahora.

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