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| Mario Benedetti. |
| Angelus 1954 Qui�n me iba a decir que el destino era esto. Ver la lluyia a trav�s de letras invertidas, un pared�n con manchas que parecen prohombres, el techo de los �mnibus brillantes como peces y esa melancol�a que impregna las bocinas. Aqu� no hay cielo, aqu� no hay horizonte. Hay una mesa grande para todos los brazos y una silla que gira cuando quiero escaparme. Otro d�a se acaba y el destino era esto. Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: siempre suena una orden, un tel�fono, un timbre, y, claro, est� prohibido llorar sobre los libros porque no queda bien que la tinta se corra. |
| Socorro y nadie. 1964 S�lo un p�jaro negro sobre el pretil cascado una l�nea de sol en la reja de herrumbre azoteas sin rostro sin miradas sin nadie est�pido domingo voraz deshabitado ahora se borra el sol definitivamente el p�jaro se borra y es un vuelo sin magia como �ltima se�al de vida la camisa or�andose en la cuerda agita enloquecidas blancas mangas que reclaman socorro pero abrazan el aire. |