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Actualidad
 
LA ARGENTINA ES EL REFUGIO DE LAS IDEAS GASTADAS
Por Gabriela Pousa

La Argentina es el refugio de las ideas gastadas. Pocas novedades cercan en panorama actual aún cuando haya un constante fluir de noticias acompañadas de sus pertinentes desmentidas que, en definitiva no aclaran nada. Los argentinos pueden creer en lo imposible pero no creerán nunca en lo improbable. Cuando la realidad es mala toda explicación es contraproducente, razón por la cual los políticos deberán tendera dirigirse más a los ojos y menos a los oídos. Sin embargo, la retórica populista está a la orden del día y es que para la clase dirigente, las cosas que no existen son más fáciles y menos riesgosas para ser expresadas con palabras antes que atenerse a describir lo concreto, el escenario en el cuál nos movemos.

Escasea la inventiva. Parece estar siendo reemplazada por la improvisación y el “arte” nacional de atar todo con alambre en vez de intentar una reparación definitiva. En el gobierno de lo provisorio hasta las leyes son efímeras. En ese contexto la inseguridad  emerge como eje central de un conflicto que excede las fronteras entre capital y provincia. Sin Justicia no hay nada. Puede haber jueces garantistas pero no hay garantías. Vaya paradoja argentina...

Sometidos a una avalancha de disposiciones que varían antes de ser implementadas estamos impedidos de lograr una exégesis válida de lo que pasa y construir un razonamiento medianamente lógico que permita analizar dónde estamos parados (quizá, lo que cabe analizar es adónde es que se nos ha acostado).

Con los principios básicos de la tolerancia y el respeto se nos ha perdido la noción de tiempo. Estamos en detenidos en un presente continuo, imposibilitados de avanzar y de retroceder sí es para aprender de la experiencia que la historia nos ha legado para evitarnos caer nuevamente en el barro.

Dilatar la toma de decisiones es una política falsa, ya que entre medio de las supuestas conversaciones sólo se busca un intercambio de privilegios y se ve a los gobernadores sentados en torno a una perinola que el presidente ha cargado. Siempre cae del lado “todos ponen” pero nadie quiere hacerse cargo.

Estancados en la incertidumbre todos nos parecemos a Gregorio Samsa, ese hombre devenido en cucaracha que describiera Kafka una vez harto de ser mero espectador en un espectáculo sin guión.

Si el primer mandatario asegura que estamos en un mar de conflictos, está visto que su más patriótica acción ha sido la de echar anclas...

Se nos permite gozar de la medida nuestra de cada día, la constancia en la idea y en la ejecución no es más que una utopía. Néstor Kirchner debe haber heredado de Carlos Menem esa peculiar bibliografía a la que nadie jamás tuvo acceso pero que el ex primer mandatario aseguró que leía con ahínco. Leer a Sócrates es tan real para algunos como para otros lo es garantizar la impunidad de los asesinos. Pero Argentina dista considerablemente de ser la Grecia iluminada por la filosofía. En consecuencia, la actitud socrática del presidente y su séquito dejando al descubierto la ignorancia impide divisar la puerta para huir de este laberinto, y convengamos que Cristina Fernández no es Ariadna capaz de conquistar a un minotauro para que extienda el hilo redentor hacia la salida. Las heroínas de antaño seducían, las actuales dan lástima y no comprenden siquiera que “la caridad bien entendida comienza por casa”.

Nos encontramos presos de un “ahora” que nunca termina, sucumbiendo a la apatía, cercados peligrosamente por la resignación sabiendo que la política se hace o se padece, y acá estamos para padecerla...

 Congelados en una coyuntura permanente, viviendo en el reino de lo meramente espontáneo perdemos la visión de futuro y el impulso vital del proyecto que no hace sino proyectarnos y darnos una razón de ser sin ser, todavía...

La apuesta del gobierno no es transformar la Argentina. El único plan sustentable que poseen es aquel que les exige internamente perpetuarse, no trascender sino perdurar, canjeando creencias por intereses sectarios.

Ortega y Gasset se refería a estos hombres como primitivos incapaces de aprender de la historia, detenidos en el “no sé”. Para Santiago Kovadloff los hombres primitivos que se instalan en el poder no llegan a entender que lo que personalmente simbolizan no es ya lo socialmente representativo. Es creer que lo que es equivale a lo que lo que la comunidad quiere ser. Parece entonces, dice el filósofo, como si trabajar tuviera sentido, como si estudiar tuviera valor, como si contáramos con una moneda, como si la justicia vertebrara la sociedad, en definitiva como si la democracia consistiera en lo que aparenta ser.-

 

 

 

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