Sectarismo y exclusión: la consigna sigue vigente

 

Por: Eduardo De Simone



Curiosa parábola la del justicialismo. En la década del 70 se popularizó entre los militantes un grito de guerra que coqueteó con la intolerancia.
 

"Ni sectarios ni excluyentes, peronistas solamente", coreaban entonces.
 

Jamás habrán imaginado que bajo un gobierno peronista serían ellos, hoy máximos exponentes del partido, los que resultarían excluidos bajo el influjo del sectarismo.
 

El acto que hoy tendrá lugar en la ESMA persigue, según sus promotores, edificar una memoria colectiva que inhiba la reiteración de violaciones a los derechos humanos.
 

Pero surge veloz un interrogante inevitable: ¿cómo unificar la memoria y contribuir a la reconciliación si en la génesis de esta conmemoración hay rencores, resentimiento y confrontación?
 

El rechazo a la violencia que azotó a la Argentina en la década del 70 no es patrimonio de un sector. Todo el país sufrió cuando grupos terroristas desafiaron el monopolio de la fuerza de un gobierno constitucional, así como toda la sociedad quedó lacerada cuando se violentaron las instituciones y se instaló prepotente un gobierno de facto.
 

El peronismo, que perdió el poder por obra del golpe de Estado de 1976, deberá hoy observar de soslayo el acto en que se recordará ese grave episodio.
 

Hebe de Bonafini, una figura de escasa representatividad social, hizo negocio con sus amenazas. Vetó, y sus plegarias resultaron atendidas, a gobernadores justicialistas que más allá de objeciones que puedan merecer sus respectivas gestiones fueron elegidos en legítimos procesos democráticos y en muchos casos hasta fueron víctimas de la represión de aquel entonces.
 

Cinco de ellos -los jefes de gobierno de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Entre Ríos- firmaron ayer un documento en el que condenan eventuales intentos de revancha y lamentan que se reivindique sólo una parte de la memoria.
 

Costo político
 

El episodio tendrá costo para el oficialismo. En términos de gestos y posicionamientos se trata del primer cortocircuito serio que separa a los principales mandatarios peronistas del Presidente Kirchner.
 

El jefe de Estado, en definitiva, le dio la derecha a Bonafini al dejar correr su ultimátum.
 

Si habrá repercusión en el plano partidario, se verá en los próximos días, en tanto avance el proceso normalizador del PJ.
 

Pero una conclusión irrumpe nítida tras el incidente: el pasado sigue torturando y tendiendo trampas a la clase dirigente.
 

Entretanto, hay generaciones urgidas por proyectar con esperanza el futuro que no alcanzan a entender por qué los fantasmas del odio resucitan una y otra vez.

 

 

         

 

                 2004 CreceRCreeR: Director Mazza Mauro             Don Torcuato, Prov. de Buenos Aires, Argentina

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