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El discurso del Presidente ante
la Asamblea Legislativa puede decirse que contiene lo que se
podía esperar. Si podemos hacer una síntesis el mismo, ésta
es que los males del país provienen del modelo económico
neoliberal que endeudó al país. Ése es un modelo que
aparentemente privilegió los intereses individuales,
sectoriales y de partido a costa del interés general. Al
respecto, pues, el Presidente dice: "nuestra convicción
nos impone tratar de servir al interés del conjunto por
sobre los intereses sectoriales y de partido, poner el bien
común por sobre los intereses individuales y trabajar para
la solución de los males que padecemos no desde una visión
de coyuntura..." (sic)
El párrafo anterior da la tónica
de la ideología del Presidente, que se asienta en la
cosmovisión rousseauniana, según la cual los intereses
individuales o sectoriales son contrarios per se al interés
general o bien común, que por supuesto es la visión del
Presidente. Ésta es la iluminada visión de su rol como
Presidente, y por más que adhiriera a la idea de que las
ideologías no existen, tan sólo el bien común. Igualmente
en su ropaje rousseauniano el Presidente concibe la soberanía
como "indivisible e inalienable y representante de la
voluntad general", que por supuesto expresa "el
bien común, que es siempre tan obvio que puede ser visto
por cualquiera con sentido común" (Rousseau).
Estos principios en que
parecería se asienta el pensamiento expreso del Presidente
y que lo ha puesto de manifiesto en sus actos desde el
principio de su gestión, son la antítesis de aquellos que
informan la Constitución Nacional, es decir la defensa
irrestricta de los derechos individuales como expresión jurídica
de la admisión ética de los intereses particulares. La
visión absoluta de la soberanía como expresión única del
bien común frente a los intereses particulares es la noción
Kant-Hegeliana del poder, basado en el monopolio ético del
Estado, y que determina un poder omnipotente, por supuesto
contrario a la idea misma de la Constitución. Como bien
dice Alberdi, "las constituciones serias no deben
constar de promesas, sino de garantías de ejecución".
Y en ese sentido expresa la necesidad de la garantía de los
derechos individuales, particularmente el de propiedad y es
por ello que dice: "el ladrón privado es el menor
peligro que la propiedad privada reconozca". En otras
palabras, podemos decir, en su visión de la naturaleza del
bien común frente a los intereses particulares, el
Presidente no sólo descalifica todo el período anterior
como si no hubiera estado en poder de su propio partido,
sino asimismo su proyecto de política donde en función del
bien común implica la "razón de estado". Al
respecto Alberdi destaca el rol fundamental de la oposición
en la democracia.
Podemos preguntarnos
entonces, cuáles fueron los intereses particulares,
sectoriales o de partido que produjeron el descalabro
anterior a su llegada. Así explica el Presidente esta
hecatombe: "El modelo de concentración económica, señoreo
de los intereses especiales, corrupción hasta límites
inimaginables, destrucción del sistema productivo y de la
actividad industrial, elevada exclusión social, cimentada
en un impresionante endeudamiento demostró con toda su
crudeza la carencia de propia sustentabilidad..."
(sic).
Desearíamos, entonces, que
el Presidente explique dónde se produjo la concentración
del poder. No me cabe la menor duda de que la mayor
concentración económica se produjo en el gobierno. Entre
1991 y 1998 el gasto público primario nacional y provincial
aumentó un 100% o sea un 10,2% por año. En ese mismo período
el gasto provincial en salarios pasó de U$S 8.431 millones
a U$S 16.796 millones y en 1999 superaba los U$S 18.000
millones. Según información reciente, el gasto en la
provincia de Buenos Aires en el período Duhalde-Ruckauf pasó
de U$S 2.000 millones a U$S 11.000 millones. ¿Quién
gobernaba en ese momento? Si mal no recuerdo era el partido
peronista, muchos de sus conspicuos miembros se encuentran
hoy participando del Poder Legislativo y provincial y son
amigos del Presidente.
Sigamos, ¿cuáles fueron
para el Presidente los intereses especiales que señorearon
este período? ¿Fueron acaso los líderes sindicales y el
sistema sindical argentino que no sólo viola la Constitución
Nacional, sino igualmente las normas de la OIT? Aun los
pequeños cambios que se hicieron en el gobierno radical han
sido nuevamente derogados y por supuesto se afecta
directamente a las empresas. No voy a entrar en el tema de
la corrupción, pues ésta por más que haya existido con
pizza y champán, es un hecho relativamente menor comparado
con el impacto del aumento del gasto público. No es que
justifique la corrupción, que decidida y lamentablemente no
la habría inventado Menem, sino que ella no explica el
desequilibrio económico producido en el período.
Según el Presidente, se
destruyeron el sistema productivo y particularmente el
sector industrial. Fue así y de ahí derivó el creciente
endeudamiento del sector agrícola-ganadero, donde no debería
haber duda de que tenemos ventajas comparativas. ¿Y a qué
se debió ello? Pues muy simple, el cambio en los precios
relativos en desmedro de los transables, el aumento de los
salarios en dólares, los crecientes impuestos causados por
la elevación y del gasto y a la elevación de la tasa de
interés como consecuencia del impacto del gasto público
sobre el sistema financiero. Por supuesto, que entre líneas
el Presidente parecería culpar al sistema financiero por lo
que denomina los intereses especiales. Ya deberíamos haber
aprendido, inclusive los liberomonetaristas, que cuando el
sistema productivo pierde, los bancos se enteran algo después
de que no pueden cobrar, ni a los empresarios ni al gobierno
y se produce la quiebra del sistema financiero, tal como
ocurrió.
¿Quiénes fueron los
excluidos? En todo ese período, que va hasta 1998, no hay
dudas de que los salarios reales aumentaron notablemente. Es
cierto que la política estúpida del BCRA en 1995 produjo
un aumento del desempleo, pero eso no desconoce el aumento
salarial, de hecho, a niveles que el sector industrial era
incapaz de pagar y por tanto constituyó uno de los factores
del desequilibrio del sistema económico. Lamentablemente,
el ministro Lavagna insiste en no reducir los impuestos, lo
que decididamente incidirá sobre la esperada recuperación
argentina.
Vayamos ahora al
impresionante endeudamiento. ¿Cuál fue su causa? Pues
bien, no hay otra que elevado nivel del Gasto Público que
era insoportable para el sector productivo, incluidos los
bancos. En este sentido, debe reconocerse que en este
proceso el FMI fue corresponsable del deterioro de la economía
argentina. Todavía en agosto de 2001 la señora Krueger
insistía en que no había problemas con la convertibilidad
y la Argentina obtuvo un crédito de U$S 8.000 millones que
igualmente volaron durante el año. Fue así que se tuvo que
instaurar el corralito que significaba la ruptura del
convertibilidad a la que siguió el corralón y finalmente
la desaparición de los depósitos, la devaluación y la
pesificación asimétrica. El problema, en este aspecto, no
es dureza con el FMI, sino de tratar de cambiar el esquema
analítico en que se sustentan los programas y que se basan
en el déficit fiscal y la expansión del crédito doméstico,
ignorando el nivel del Gasto Público, de los impuestos y la
diferencia entre la tasa de interés y la rentabilidad de
las empresas.
El no haber intentado una
rebaja del Gasto Público y así como de los impuestos que
se requería, el golpe de estado piquetero determinó la
devaluación del terror, default y finalmente la pesificación
asimétrica. El resultado de esta política determinó una
caída del gasto mayor de la que se hubiera requerido, el
deterioro profundo del salario real, el aumento del
desempleo y una caída del PBI de un 10,9% en el año 2002.
Nada de esto dice el discurso.
Asimismo el Presidente se
refirió a que se necesitaba construir un capitalismo en
serio. El problema es definir qué es un capitalismo en
serio, cuando a partir de la noción del bien común y la
descalificación de los intereses privados se desconoce la
naturaleza misma de dicho sistema. ¿Cuáles son las reglas
claras que ha impuesto el gobierno y en qué aspecto cuando
todavía no se piensa bajar en nivel de impuestos que fue la
causa principal del deterioro del sistema productivo?
Recordemos una vez más a Alberdi cuando escribió:
"Hasta aquí el peor enemigo del país ha sido la
riqueza del fisco... después de ser colonos de España, lo
hemos sido de nuestros gobiernos patrios; siempre estados
fiscales, siempre máquinas serviles de renta que jamás
llegan, porque la miseria y el atraso nada pueden
redituar". Así podemos ver que la inseguridad jurídica
pasa precisamente por el sistema impositivo y el elevado
nivel de los impuestos. Pero ahí no se agota la inseguridad
jurídica que el Presidente reclama en pro del bien común
de los excluidos. Ahí tenemos los piqueteros, que violan
nuestros derechos constitucionales y forman parte del
clientelismo político que determinó el nuevo aumento del
Gasto Público. La propiedad está amenazada por los
ladrones que entran y salen de la cárcel en función del
garantismo a los delincuentes y ausencia de garantías para
el ciudadano. En ese sentido, también dijo Alberdi,
"la propiedad, el honor, son bienes nominales cuando la
justicia es mala. No hay aliciente para trabajar en la
adquisición de bienes que han de estar a merced de los pícaros.
La ley, la Constitución, el gobierno son palabras vacías
si no se reducen a hechos por la mano del juez, que en último
resultado es quien los hace ser realidad o mentira".
Asimismo debemos recordar a
Alberdi en este momento en que el Presidente cree,
equivocadamente, que tiene una alternativa entre pagar a los
acreedores o incluir a los excluidos (piqueteros mediante).
La realidad es que la causa del endeudamiento ha sido el
gasto del gobierno y la alternativa real es si el gobierno
gasta o el sector privado invierte y produce y para ello el
crédito y los bajos impuestos son imprescindibles y así
dice Alberdi: " El crédito privado debe ser el niño
mimado... Toda ley contraria al crédito es un acto de lesa
América... pero no tendréis préstamos si no tendréis crédito
nacional, es decir un crédito fundado en la seguridad y la
responsabilidad."
Como era de esperarse, el
Presidente se refirió a los derechos humanos y al respecto
dijo: "Defensa irrestricta de los derechos humanos...un
país con memoria, verdad y justicia tiene que comprometerse
profundamente con la defensa de los derechos del hombre...
La defensa de los derechos humanos debe constituir un
compromiso nacional y racional." Casi al unísono que
retumbaban estas palabras en el Congreso, el Presidente había
recibido al Canciller cubano Pérez Roque y prometido que
Argentina se abstendría en la próxima votación en las
Naciones Unidas sobre los derechos humanos en Cuba. ¿Dónde
está el compromiso nacional y racional ante la tiranía más
sangrienta que ha conocido la historia del continente? ¿Acaso
los cubanos no son humanos?
En el mismo sentido se
produjo la aparente falibilidad de la memoria del Presidente
para recordar los crímenes cometidos por la subversión que
no comenzara en 1976, sino durante la democracia camporista.
La matanza de Ezeiza debería ser un buen ejemplo para
recordar. Más aún, olvidó también que la "represión"
o el "terrorismo de estado", para usar el léxico
políticamente correcto de la izquierda y los progres,
comenzó durante el gobierno de la democracia peronista. Fue
Isabel Perón la que ordenó aniquilar a la guerrilla
financiada y entrenada en Cuba. La única memoria que queda
son los indudablemente nefastos hechos de la ESMA.
Es evidente que Alberdi, a
diferencia del Presidente, despreciaba a Rousseau y por ello
llamaba a Moreno "el corifeo de Rousseau". Pero más
aun en contra del ginebrino, que veía en la propiedad
privada el origen de las desigualdades, Alberdi apuesta por
ésta y dice: "el socialismo hipócrita y tímido que
no ha osado desconocer el derecho de propiedad ha empleado
el mismo sofisma atacando el uso y la disponibilidad en
nombre del organización del trabajo." Alberdi era
consciente de cómo se atacaba al derecho de propiedad en
nombre de la utilidad pública, léase el bien común o el
interés general. Por último, si algo más pensaba Alberdi,
en contra del pensamiento ético del Presidente, se refiere
al concepto mismo de la "voluntad general". Y así
dice: "Es una especie de sacrilegio definir la ley, la
voluntad general de un pueblo... Fatal es la ilusión de un
legislador cuando pretende que su talento y voluntad pueden
mudar la naturaleza de las cosas y suplir a ella sancionando
y decretando creaciones". La primera de las naturalezas
que es inmutable es la humana y de ahí surge el principio
republicano fundamental de la limitación del poder político
como garantía de los derechos individuales. Y recordemos
nuevamente las palabras de Alberdi: "la omnipotencia
del estado o el poder omnímodo e ilimitado de la patria
respecto a los individuos que son sus miembros, tiene por
consecuencia necesaria la omnipotencia del gobierno en que
el estado se personifica, es decir, el despotismo pleno y
simple".
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