Kirchner VS. Alberdi

 

"La política no puede tener objetivos distintos que los de la Constitución"

Juan Bautista Alberdi

 

 

Por Armando Ribas

El discurso del Presidente ante la Asamblea Legislativa puede decirse que contiene lo que se podía esperar. Si podemos hacer una síntesis el mismo, ésta es que los males del país provienen del modelo económico neoliberal que endeudó al país. Ése es un modelo que aparentemente privilegió los intereses individuales, sectoriales y de partido a costa del interés general. Al respecto, pues, el Presidente dice: "nuestra convicción nos impone tratar de servir al interés del conjunto por sobre los intereses sectoriales y de partido, poner el bien común por sobre los intereses individuales y trabajar para la solución de los males que padecemos no desde una visión de coyuntura..." (sic)

El párrafo anterior da la tónica de la ideología del Presidente, que se asienta en la cosmovisión rousseauniana, según la cual los intereses individuales o sectoriales son contrarios per se al interés general o bien común, que por supuesto es la visión del Presidente. Ésta es la iluminada visión de su rol como Presidente, y por más que adhiriera a la idea de que las ideologías no existen, tan sólo el bien común. Igualmente en su ropaje rousseauniano el Presidente concibe la soberanía como "indivisible e inalienable y representante de la voluntad general", que por supuesto expresa "el bien común, que es siempre tan obvio que puede ser visto por cualquiera con sentido común" (Rousseau).

Estos principios en que parecería se asienta el pensamiento expreso del Presidente y que lo ha puesto de manifiesto en sus actos desde el principio de su gestión, son la antítesis de aquellos que informan la Constitución Nacional, es decir la defensa irrestricta de los derechos individuales como expresión jurídica de la admisión ética de los intereses particulares. La visión absoluta de la soberanía como expresión única del bien común frente a los intereses particulares es la noción Kant-Hegeliana del poder, basado en el monopolio ético del Estado, y que determina un poder omnipotente, por supuesto contrario a la idea misma de la Constitución. Como bien dice Alberdi, "las constituciones serias no deben constar de promesas, sino de garantías de ejecución". Y en ese sentido expresa la necesidad de la garantía de los derechos individuales, particularmente el de propiedad y es por ello que dice: "el ladrón privado es el menor peligro que la propiedad privada reconozca". En otras palabras, podemos decir, en su visión de la naturaleza del bien común frente a los intereses particulares, el Presidente no sólo descalifica todo el período anterior como si no hubiera estado en poder de su propio partido, sino asimismo su proyecto de política donde en función del bien común implica la "razón de estado". Al respecto Alberdi destaca el rol fundamental de la oposición en la democracia.

Podemos preguntarnos entonces, cuáles fueron los intereses particulares, sectoriales o de partido que produjeron el descalabro anterior a su llegada. Así explica el Presidente esta hecatombe: "El modelo de concentración económica, señoreo de los intereses especiales, corrupción hasta límites inimaginables, destrucción del sistema productivo y de la actividad industrial, elevada exclusión social, cimentada en un impresionante endeudamiento demostró con toda su crudeza la carencia de propia sustentabilidad..." (sic).

Desearíamos, entonces, que el Presidente explique dónde se produjo la concentración del poder. No me cabe la menor duda de que la mayor concentración económica se produjo en el gobierno. Entre 1991 y 1998 el gasto público primario nacional y provincial aumentó un 100% o sea un 10,2% por año. En ese mismo período el gasto provincial en salarios pasó de U$S 8.431 millones a U$S 16.796 millones y en 1999 superaba los U$S 18.000 millones. Según información reciente, el gasto en la provincia de Buenos Aires en el período Duhalde-Ruckauf pasó de U$S 2.000 millones a U$S 11.000 millones. ¿Quién gobernaba en ese momento? Si mal no recuerdo era el partido peronista, muchos de sus conspicuos miembros se encuentran hoy participando del Poder Legislativo y provincial y son amigos del Presidente.

Sigamos, ¿cuáles fueron para el Presidente los intereses especiales que señorearon este período? ¿Fueron acaso los líderes sindicales y el sistema sindical argentino que no sólo viola la Constitución Nacional, sino igualmente las normas de la OIT? Aun los pequeños cambios que se hicieron en el gobierno radical han sido nuevamente derogados y por supuesto se afecta directamente a las empresas. No voy a entrar en el tema de la corrupción, pues ésta por más que haya existido con pizza y champán, es un hecho relativamente menor comparado con el impacto del aumento del gasto público. No es que justifique la corrupción, que decidida y lamentablemente no la habría inventado Menem, sino que ella no explica el desequilibrio económico producido en el período.

Según el Presidente, se destruyeron el sistema productivo y particularmente el sector industrial. Fue así y de ahí derivó el creciente endeudamiento del sector agrícola-ganadero, donde no debería haber duda de que tenemos ventajas comparativas. ¿Y a qué se debió ello? Pues muy simple, el cambio en los precios relativos en desmedro de los transables, el aumento de los salarios en dólares, los crecientes impuestos causados por la elevación y del gasto y a la elevación de la tasa de interés como consecuencia del impacto del gasto público sobre el sistema financiero. Por supuesto, que entre líneas el Presidente parecería culpar al sistema financiero por lo que denomina los intereses especiales. Ya deberíamos haber aprendido, inclusive los liberomonetaristas, que cuando el sistema productivo pierde, los bancos se enteran algo después de que no pueden cobrar, ni a los empresarios ni al gobierno y se produce la quiebra del sistema financiero, tal como ocurrió.

¿Quiénes fueron los excluidos? En todo ese período, que va hasta 1998, no hay dudas de que los salarios reales aumentaron notablemente. Es cierto que la política estúpida del BCRA en 1995 produjo un aumento del desempleo, pero eso no desconoce el aumento salarial, de hecho, a niveles que el sector industrial era incapaz de pagar y por tanto constituyó uno de los factores del desequilibrio del sistema económico. Lamentablemente, el ministro Lavagna insiste en no reducir los impuestos, lo que decididamente incidirá sobre la esperada recuperación argentina.

Vayamos ahora al impresionante endeudamiento. ¿Cuál fue su causa? Pues bien, no hay otra que elevado nivel del Gasto Público que era insoportable para el sector productivo, incluidos los bancos. En este sentido, debe reconocerse que en este proceso el FMI fue corresponsable del deterioro de la economía argentina. Todavía en agosto de 2001 la señora Krueger insistía en que no había problemas con la convertibilidad y la Argentina obtuvo un crédito de U$S 8.000 millones que igualmente volaron durante el año. Fue así que se tuvo que instaurar el corralito que significaba la ruptura del convertibilidad a la que siguió el corralón y finalmente la desaparición de los depósitos, la devaluación y la pesificación asimétrica. El problema, en este aspecto, no es dureza con el FMI, sino de tratar de cambiar el esquema analítico en que se sustentan los programas y que se basan en el déficit fiscal y la expansión del crédito doméstico, ignorando el nivel del Gasto Público, de los impuestos y la diferencia entre la tasa de interés y la rentabilidad de las empresas.

El no haber intentado una rebaja del Gasto Público y así como de los impuestos que se requería, el golpe de estado piquetero determinó la devaluación del terror, default y finalmente la pesificación asimétrica. El resultado de esta política determinó una caída del gasto mayor de la que se hubiera requerido, el deterioro profundo del salario real, el aumento del desempleo y una caída del PBI de un 10,9% en el año 2002. Nada de esto dice el discurso.

Asimismo el Presidente se refirió a que se necesitaba construir un capitalismo en serio. El problema es definir qué es un capitalismo en serio, cuando a partir de la noción del bien común y la descalificación de los intereses privados se desconoce la naturaleza misma de dicho sistema. ¿Cuáles son las reglas claras que ha impuesto el gobierno y en qué aspecto cuando todavía no se piensa bajar en nivel de impuestos que fue la causa principal del deterioro del sistema productivo? Recordemos una vez más a Alberdi cuando escribió: "Hasta aquí el peor enemigo del país ha sido la riqueza del fisco... después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios; siempre estados fiscales, siempre máquinas serviles de renta que jamás llegan, porque la miseria y el atraso nada pueden redituar". Así podemos ver que la inseguridad jurídica pasa precisamente por el sistema impositivo y el elevado nivel de los impuestos. Pero ahí no se agota la inseguridad jurídica que el Presidente reclama en pro del bien común de los excluidos. Ahí tenemos los piqueteros, que violan nuestros derechos constitucionales y forman parte del clientelismo político que determinó el nuevo aumento del Gasto Público. La propiedad está amenazada por los ladrones que entran y salen de la cárcel en función del garantismo a los delincuentes y ausencia de garantías para el ciudadano. En ese sentido, también dijo Alberdi, "la propiedad, el honor, son bienes nominales cuando la justicia es mala. No hay aliciente para trabajar en la adquisición de bienes que han de estar a merced de los pícaros. La ley, la Constitución, el gobierno son palabras vacías si no se reducen a hechos por la mano del juez, que en último resultado es quien los hace ser realidad o mentira".

Asimismo debemos recordar a Alberdi en este momento en que el Presidente cree, equivocadamente, que tiene una alternativa entre pagar a los acreedores o incluir a los excluidos (piqueteros mediante). La realidad es que la causa del endeudamiento ha sido el gasto del gobierno y la alternativa real es si el gobierno gasta o el sector privado invierte y produce y para ello el crédito y los bajos impuestos son imprescindibles y así dice Alberdi: " El crédito privado debe ser el niño mimado... Toda ley contraria al crédito es un acto de lesa América... pero no tendréis préstamos si no tendréis crédito nacional, es decir un crédito fundado en la seguridad y la responsabilidad."

Como era de esperarse, el Presidente se refirió a los derechos humanos y al respecto dijo: "Defensa irrestricta de los derechos humanos...un país con memoria, verdad y justicia tiene que comprometerse profundamente con la defensa de los derechos del hombre... La defensa de los derechos humanos debe constituir un compromiso nacional y racional." Casi al unísono que retumbaban estas palabras en el Congreso, el Presidente había recibido al Canciller cubano Pérez Roque y prometido que Argentina se abstendría en la próxima votación en las Naciones Unidas sobre los derechos humanos en Cuba. ¿Dónde está el compromiso nacional y racional ante la tiranía más sangrienta que ha conocido la historia del continente? ¿Acaso los cubanos no son humanos?

En el mismo sentido se produjo la aparente falibilidad de la memoria del Presidente para recordar los crímenes cometidos por la subversión que no comenzara en 1976, sino durante la democracia camporista. La matanza de Ezeiza debería ser un buen ejemplo para recordar. Más aún, olvidó también que la "represión" o el "terrorismo de estado", para usar el léxico políticamente correcto de la izquierda y los progres, comenzó durante el gobierno de la democracia peronista. Fue Isabel Perón la que ordenó aniquilar a la guerrilla financiada y entrenada en Cuba. La única memoria que queda son los indudablemente nefastos hechos de la ESMA.

Es evidente que Alberdi, a diferencia del Presidente, despreciaba a Rousseau y por ello llamaba a Moreno "el corifeo de Rousseau". Pero más aun en contra del ginebrino, que veía en la propiedad privada el origen de las desigualdades, Alberdi apuesta por ésta y dice: "el socialismo hipócrita y tímido que no ha osado desconocer el derecho de propiedad ha empleado el mismo sofisma atacando el uso y la disponibilidad en nombre del organización del trabajo." Alberdi era consciente de cómo se atacaba al derecho de propiedad en nombre de la utilidad pública, léase el bien común o el interés general. Por último, si algo más pensaba Alberdi, en contra del pensamiento ético del Presidente, se refiere al concepto mismo de la "voluntad general". Y así dice: "Es una especie de sacrilegio definir la ley, la voluntad general de un pueblo... Fatal es la ilusión de un legislador cuando pretende que su talento y voluntad pueden mudar la naturaleza de las cosas y suplir a ella sancionando y decretando creaciones". La primera de las naturalezas que es inmutable es la humana y de ahí surge el principio republicano fundamental de la limitación del poder político como garantía de los derechos individuales. Y recordemos nuevamente las palabras de Alberdi: "la omnipotencia del estado o el poder omnímodo e ilimitado de la patria respecto a los individuos que son sus miembros, tiene por consecuencia necesaria la omnipotencia del gobierno en que el estado se personifica, es decir, el despotismo pleno y simple".

 

        

 

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