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A
fines de los '80 por
cada punto del PIB
el empleo crecía
0,7%; hoy lo hace en
sólo 0,54%. Una de
las razones que
explican por qué no
ha mejorado la
distribución del
ingreso en los últimos
años es que, aunque
en educación hemos
triplicado el gasto,
no se ha mejorado la
calidad.
El
ministro de
Hacienda, Nicolás
Eyzaguirre, denunció
en la última Enade
la mala distribución
del ingreso que
Chile posee. No hay
duda que no es la
que el país quiere.
De acuerdo a los últimos
antecedentes, el 20%
más pobre de la
población accede a
3,7% del ingreso autónomo,
mientras el 20% más
rico capta nada
menos que un 57,5%.
Esta realidad
contrasta con lo que
ocurre en los países
desarrollados, pero
es favorable en
relación a un gran
número de naciones
de América Latina.
Brasil y Colombia
tienen una
distribución del
ingreso peor que la
nuestra.
Si
se observa este fenómeno
en un período largo
de tiempo se puede
concluir que la
distribución del
ingreso no ha
sufrido grandes
cambios en Chile. A
comienzos de los
'90, cuando se inició
el gobierno de la
Concertación, el
20% más pobre accedía
al 4,1% del ingreso.
Es decir, se ha
mantenido
relativamente
estable, con un
pequeño deterioro
en los últimos años.
No hay duda que para
una coalición de
centroizquierda como
la que gobierna
nuestro país esto
es un gran fracaso,
ya que sus
propuestas en favor
de la equidad,
definida como una más
igualitaria
repartición de los
ingresos, no han
podido ser
cumplidas.
Por
ello es interesante
que el ministro de
Hacienda denuncie
esta realidad después
de 13 años en que
las políticas públicas
para abordarla han
sido responsabilidad
de la Concertación.
Sin embargo, hay que
ser rigurosos en el
análisis. En el período
que se inicia en
1990 hubo un avance
sustancial en la
reducción de la
pobreza absoluta. Si
se utiliza un
mecanismo objetivo
como es la definición
de una línea de
ingreso, entre 1990
y 2000 se redujo la
pobreza en dos
millones de
personas, reducción
que, de acuerdo a
estudios, se debe en
un 80% al
crecimiento económico.
Pero
el propósito de
esta columna es
analizar la pobreza
relativa o
distribución del
ingreso. ¿Cuáles
son las causas que
explican el fracaso
en la reducción de
las diferencias en
la distribución del
ingreso? La
principal fuente de
explicación para
los ingresos de una
familia es el
capital humano que
posee. Mientras
mayor es el capital
humano, más alta
será su
productividad y ella
es reconocida con
ingresos más
elevados.
Siglos
atrás las
diferencias de
ingreso se
explicaban por el
acceso a la tierra y
posteriormente por
la propiedad del
capital, hoy son
causadas por las
diferencias en el
acceso a capital
humano, o sea a la
educación de
calidad. En el caso
de Chile esto se
aprecia porque una
persona que posee
educación superior
puede obtener un
salario 4,2 veces
mayor comparado con
quienes tienen
educación media.
En
consecuencia, una de
las razones que
explican por qué no
ha mejorado la
distribución del
ingreso durante
estos años es que
aunque en educación
hemos triplicado el
gasto no se ha
logrado mejorar la
calidad. La prueba
Simce indica que los
alumnos de cuarto básico
no mostraron ninguna
mejoría entre 1999
y 2002 y los de
segundo medio
tampoco lo hicieron
entre 1998 y el
2001. Ello se
explica porque
durante la última década
se han deteriorado
los instrumentos
para lograr que las
escuelas sean
efectivas. Es decir,
las políticas públicas
han deteriorado los
estímulos para que
dentro del aula como
en los
establecimientos se
produzca una mejoría
en los procesos de
enseñanza.
Ejemplos
de ello son la
centralización del
proceso de gestión
escolar que ha
impulsado el
Ministerio de
Educación, el
deterioro de la
subvención por
alumno que asiste a
clases como
mecanismo para
estimular la calidad
de los
establecimientos y
la falta de
incentivos a los
profesores para
reconocer sus
esfuerzos docentes.
Pero
hay dos causas
adicionales que
explican la
incapacidad de las
políticas de la
Concertación para
reducir las brechas
de ingreso. A través
de regulaciones y
restricciones se ha
desincentivado la
creación de nuevos
puestos de trabajo y
esto ha afectado
especialmente a los
sectores de menores
ingresos. A fines de
los '80, por cada
punto del PIB se
producía un 0,7% de
aumento real en el
empleo, mientras que
en los últimos años
sólo se logra un
aumento de 0,54%.
Por
último, tampoco las
políticas sociales
han sido
suficientemente
focalizadas buscando
mejorar la
distribución del
ingreso. El factor
clave es aumentar el
número de personas
en el hogar que
generen un ingreso y
ello en los sectores
más pobres se puede
lograr aumentando
las posibilidades de
trabajo para la
mujer y los jóvenes.
Desgraciadamente
las alzas
desmesuradas del
salario mínimo y la
falta de un esfuerzo
sistemático por
crear una red de
guarderías y
jardines infantiles
en las poblaciones
donde habitan
familias que viven
en extrema pobreza
han impedido que el
ingreso familiar de
los más pobres
aumente en forma
sustancial.
El
fracaso en la
reducción de las
brechas de ingreso
no significa que
este país esté
condenado a mantener
la actual distribución
de la renta. Es
claro que las políticas
adecuadas para
avanzar existen y lo
que ha faltado es
visión y voluntad
para implementarlas.
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