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Existen tres razones principales
para terminar la ocupación militar estadounidense en Irak.
Primero, nuestra presencia
militar debilita las fuerzas democráticas liberales en
Irak. Puede ser injusto caracterizar al nuevo gobierno de
Irak como una marioneta de Estados Unidos, pero ese
sentimiento es generalizado. Será más difícil demostrar
la legitimidad del gobierno si ésta es vista como
dependiente de las fuerzas norteamericanas para su
supervivencia.
Segundo, una presencia
militar en Irak no es necesaria para proteger los intereses
de seguridad estadounidenses y esa presencia es costosa. La
administración Bush espera disimular estos costos – entre
$3 y $4 mil millones de dólares mensuales- hasta después
de la elección de Noviembre. Mientras tanto, se arriesga
con socavar la fuerza y credibilidad de nuestras fuerzas
armadas al desplegarlas en pequeños grupos. Estos costos se
medirán en un reclutamiento y tasas de retención
reducidos. Y adicionalmente está el incalculable costo de
los muertos y de los heridos.
Finalmente, la ocupación
militar de Irak no es simplemente innecesaria y costosa. Es
contraproducente en la lucha contra los terroristas que
imponen la más grande amenaza para nosotros: al-Qaeda y sus
grupos afiliados.
Al retirarse de Irak, Estados
Unidos estaría transmitiéndole al mundo, en particular a
las poblaciones árabes y musulmanas, que Estados Unidos no
tiene planes para tomar control del petróleo del Medio
Oriente o de suprimir las aspiraciones pacíficas de la
población de la región. La retirada socavaría la
credibilidad de la propaganda anti-estadounidense que
caracteriza la ocupación como un vehículo para la dominación
norteamericana en la región. En otras palabras, Estados
Unidos debería salir de Irak porque eso es precisamente lo
que los iraquíes quieren y lo que los terroristas temen.
Al mismo tiempo, la
administración Bush debe comunicarle al pueblo del Irak:
“Nos hemos retirado militarmente de su país, pero eso no
significa que ignoraremos lo que hagan. No refugien a
al-Qaeda o a otros grupos terroristas anti-estadounidenses o
volveremos.”
El mensaje sería incluso más
simple y escalofriante para al-Qaeda y los de su clase:
“Ahora venimos por ustedes. Nuestra habilidad para
encontrarlos y destruirlos –donde sea que estén- se ha
incrementado por la eliminación de nuestra costosa y
onerosa ocupación en Irak.”
Una salida ordenada de las
fuerzas estadounidenses puede ser promocionada por lo que
es: una victoria para Estados Unidos e Irak, la conclusión
lógica para una acción que removió a un brutal dictador.
Por lo tanto, la administración
Bush debería comprometerse a un plan formal para la
retirada militar que sacaría todas las fuerzas
estadounidenses del país después de un año de la entrega
de soberanía política: 1ro. de Julio de 2005.
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