Homenaje a los héroes de Costa Rica

 

 

El honor es la poesía del deber. El honor consiste en hacer hermoso

aquello que uno está obligado a realizar.

- Alfred Victor de Vigny.

 

Miguel Alejandro Gutiérrez Pizarro

 

 

El pasado viernes 12 de enero del 2006, tuve el privilegio de visitar un lugar muy significativo para mí, por su gran valor simbólico para la historia nacional: la tumba de los Beneméritos de la Patria Juan Rafael Mora Porras y del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia. En horas de la tarde, ingresé por la puerta noreste del Cementerio General de San José. Con emoción confieso que no soy afecto de visitar los lugares santos, pero a pesar de ello, quería dar una humilde visita a dos hombres ilustres del país.

 

Me impresionó ver la tumba de muchos de los expresidentes de nuestro país, desde Bernardo Soto hasta viejos representantes del liberalismo costarricense del siglo XIX. En ese momento pensé, en aquellas palabras sabias de don Bernardo que dijo: “prefiero dejar el poder, antes de ver un derramamiento de sangre”, ante las protestas ciudadanas de la elección celebrada en 1889. Me pregunté ¿Por qué don Bernardo, nuestro país ha caído tan bajo con un presidente espurio, que daña y reprime a nuestro pueblo? ¿Por qué son algunos tan cobardes de entregar la Patria a las transnacionales y al mejor postor? Entendí que la respuesta es que esos que están entregando a nuestro país, no tienen ni un centímetro de la categoría de Don Bernardo Soto.

 

Descanse en paz, usted buen hombre

 

 

1) Encuentro con Don Juanito.

 

Soy sincero, desconocía la ubicación de la tumba de Calderón Guardia y de Juanito Mora. A la distancia, vi a un humilde y educado empleado del cementerio, a quien le pregunté la ubicación de tan ilustres personas. Con emoción me indicó que estaba al frente del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia y a la izquierda del presidente costarricense más valiente de la historia: Don Juan Rafael Mora Porras. Orgullosamente, ese humilde trabajador me indicó que son los únicos expresidentes,  que la gente llega a preguntar para visitarles. Eso me desconcertó.

 

En detalle, no quisiera parecer morboso ni irrespetuoso, pero para mí, como escritor de la historia costarricense y defensor de la República, fue un momento increíble e incomparable ¡No sé qué decir, porque yo estimo, admiro y quiero a éstos dos grandes caballeros!

 

La tumba de Don Juanito está rodeada de flores al lado de su busto. Terriblemente, no puedo dejar de recordar ese pasaje histórico cuando en Puntarenas traicionaron y fusilaron a nuestro presidente…

 

En 1860, Mora intentaba recuperar la presidencia de la República, que estaba usurpada por los oligarcas (como ahora tomaron el poder con Oscar Arias). Desgraciadamente, las fuerzas moristas fueron abatidas en La Angostura de Puntarenas por el ejército gubernamental. Don Juanito negoció su rendición a cambio de que no hubiera más muertos, pero como siempre la oligarquía tiró a traición, por la espalda, engañando a la historia y al pueblo. El 30 de setiembre, don Juanito fue trasladado al árbol de jobo donde sería fusilado.

 

Frente al pelotón, digno, valiente y sereno -como lo reconoció el propio emisario gubernamental Francisco María Iglesias-, don Juanito recibió la descarga de la fusilería y cayó en el acto. Pero la vileza se impondría, e irrespetando sus bien merecidas credenciales de presidente y héroe nacional y centroamericano, así como su gallardía ante el final, “(la chusma), a gritos y forcejeando contra el piquete de soldados, pretendía apoderarse del cadáver del expresidente para tirarlo al estero como pasto de los tiburones”...[1]

 

Ante esa horda asesina e ignorante, se impondría un acto de respeto al presidente Mora, cuando el cónsul francés Bonnefil junto con varios parientes y amigos, se acercaron al cadáver de don Juanito y lo cubrieron con la bandera de Francia, “patria de dignos ciudadanos que una vez destronaron la abominable monarquía, para expresar con voz tonante ante una perpleja humanidad su sed de libertad, igualdad y fraternidad. Sí, bandera de dignos para cubrir el cuerpo de un hombre digno”.[2]

 

Increíblemente, el héroe nacional fue enterrado en la orilla de la isleta del “Panteón del Estero”, luego varias veces fue trasladado hasta que, en el gobierno de don Tomás Guardia, se le inhumaría como héroe en el Cementerio General. Y esa es la historia nacional, una historia de unos maleantes que le han quitado todo a un pueblo, hasta sus héroes…

   

         Estar en el 2006 frente a su tumba, representa para mí un honor y un respeto total a la memoria de un gran hombre. Don Juanito: ¿Qué vamos a hacer con Costa Rica en momentos en que los filibusteros se han apoderado del poder y quieren entregar la Patria a los mismos que usted combatió: los estadounidenses? Por favor, en el lugar donde usted esté, Presidente Mora, guíe a su pueblo, que está en peligro porque nuevamente los advenedizos vienen a apoderarse del país…

 

Descanse en paz, gran héroe, que gracias a usted

los costarricenses fueron, son y serán libres…

 

 

 

 

 

 

2) Encuentro con el Reformador Calderón Guardia.

 

Cuando uno admira a alguien, respeta su legado y su obra. Soy profundamente calderonista por convicción, porque admiro la obra del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia.

 

         Es interesante el caso del Dr. Calderón. Por un lado, durante su administración, entre 1940 y 1944, promovió en el país una profunda revolución social y luchó en contra de la oligarquía capitalista, que se oponía a sus políticas en favor de los trabajadores y los pobres. Por otro lado, entre sus obras destacan: la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social, la fundación de la Universidad de Costa Rica, la incorporación del capítulo de Garantías Sociales a la Constitución Política, la promulgación del Código de Trabajo, la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional, la solución del problema limítrofe con Panamá y los programas de casas baratas. Finalmente, después de estar exiliado diez años en México, fue recibido en una magna actividad por el pueblo de Costa Rica, en uno de los actos más puros y democráticos del siglo XX.

 

         Y es que muchos costarricenses dieron la vida por defender lo que él defendía. Parece increíble que en una tumba puede estar los sueños, ideales y admiración de un pueblo. Me pregunto ¿Qué sería de Costa Rica sin garantías sociales o sin seguro social? ¿Qué pasaría si la Universidad de Costa Rica no se hubiera fundado y en cambio viviéramos en la ignorancia permanente como lo quiere el gobierno de Oscar Arias y sus pillos aliados? En mi opinión en la tumba del Doctor Calderón Guardia hacían falta miles de flores y detalles, que realmente él se merece… 

 

         En Costa Rica debemos de dejar de hablar y no hacer… Es necesario que nuestros próceres sean honrados. Es totalmente injusto que la historia, que la educación, que la misma población, ignore y olvide el legado de esos grandes hombres. Como escritor e historiador me niego rotundamente a aceptar eso, es realmente un acto que refleja nuestra pobreza y miseria cultural. Por supuesto, esto ha sido elaborado por el gobierno, por un grupo llamado “la oligarquía”, que saben que si el pueblo no conoce de su historia, es un pueblo que no se defiende ante los abusos del poder.

 

         Realmente es un miserable aquel que utiliza el legado de Juanito Mora o del Dr. Calderón Guardia, cuando le conviene, en algún discurso. Es muy fácil mencionar a los héroes nacionales cuando supuestamente haces una obra de gobierno, para hacerle creer al pueblo que eres “un buen gobernante”. Lo difícil es cuando tienes que defender a ese pueblo ante la miseria, la pobreza, el hambre, la ignorancia, la desigualdad, los abusos del poder, el capitalismo sin control, la injusticia…

 

         ¡Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia si nuestros políticos hicieran una décima parte de lo que usted hizo, éste país estaría lleno de progreso y de bienestar!

 

Descanse en paz, porque de verdad usted luchó por mí,

por mis padres, por mis abuelos, por mis hijos, por mis nietos…

Muchas gracias porque ese pueblo noble y humilde está protegido

con las instituciones que usted creó. Porque los hombres se van,

pero las instituciones quedan.

 

3) A los costarricenses.

 

Es muy necesario reconocer a los Beneméritos de la Patria, son personajes históricos que se merecen respeto y cuidado. Entiendo que hay una estructura institucional encargada de velar por el cuidado del panteón. Pero, así como Costa Rica carece de un Monumento a la Independencia, en Cartago donde se firmó, también no tiene un “Panteón de los Hombres Ilustres” como sí hay en muchos países. Esto es grave, porque la colectividad está muy preocupada en dedicar su tiempo a la televisión, al fútbol, al güaro, al consumo compulsivo, a la fiesta, etc. Sin embargo, muchos no pueden dedicar ni un día para visitar a los héroes de su país.

 

         Considero que los maestros deben de inculcar en los estudiantes la visita a los Beneméritos de la Patria, porque la historia la escriben hombres de carne y hueso. Insisto es inmoral repetir y repetir la historia o el legado de uno de esos hombres, cuando te conviene o para cumplir con un requisito del programa educativo. Es trascendental que uno sepa donde están sus antepasados, porque obviamente ahí está nuestra historia.

 

         Luchar desde el exilio como Mora Porras y Calderón Guardia no es fácil. Es vivir la angustia de querer cambiar a tu país y saber que si regresas te esperaría la muerte. Pero, así es nuestra historia y deseo que eso cambie, porque vivir exiliado como yo, es un castigo que no le deseo a nadie…

 

Por último, les pido a los Beneméritos por Costa Rica, por los muchos republicanos, que día a día, luchamos por nuestra gran Republica, por la libertad y por la paz...

 

¡Viva Costa Rica, oh Patria querida!

 

¡No al TLC!

 

 

 

Miguel Alejandro Gutiérrez Pizarro

[email protected]

www.miguelgutierrez.3a2.com

México DF, 28 de enero del 2006.

 

 

 

 

*Dedicado a Don Gilberth, Doña Vicky y Don Tony García, personas ilustres de la educación en Costa Rica.

 

 

 

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[1]Luko Hilje, “Grandeza de alma” en Miguel Alejandro Gutiérrez Pizarro, Costa Rica: la Patria tomada, robada y vendida, México, p. 153.

[2]Ibid, p. 154.

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