Copernico
La historia
de la astronomía dio un giro drástico en el siglo XVI como resultado
de las aportaciones del astrónomo polaco Nicolás Copérnico. Dedicó la
mayor parte de su vida a la astronomía y realizó un nuevo catálogo de
estrellas a partir de observaciones personales. Debe gran parte de su
fama a su obra De revolutionibus orbium caelestium (Sobre
las revoluciones de los cuerpos celestes, 1543), donde analiza críticamente
la teoría de Tolomeo de un Universo geocéntrico y muestra que los movimientos
planetarios se pueden explicar atribuyendo una posición central al Sol
más que a la Tierra.
No se prestó
mucha atención al sistema de Copérnico, o sistema heliocéntrico, hasta
que Galileo descubrió pruebas para defenderlo. Gran admirador secreto
de la obra de Copérnico, Galileo vio su oportunidad de probar la teoría
copernicana sobre el movimiento de la Tierra cuando se inventó el telescopio
en Holanda. En 1609 construyó un pequeño telescopio de refracción, lo
dirigió hacia el cielo y descubrió las fases de Venus, lo que indicaba
que este planeta gira alrededor del Sol. También descubrió cuatro lunas
girando alrededor de Júpiter. Convencido de que al menos algunos cuerpos
no giraban alrededor de la Tierra, comenzó a hablar y a escribir a favor
del sistema de Copérnico. Sus intentos de difundir este sistema le llevaron
ante un tribunal eclesiástico. Aunque se le obligó a renegar de sus
creencias y de sus escritos, esta teoría no pudo ser suprimida.