|
LA
PINTURA DE LOS OJOS CLAVOS |
||
|
Jordi Bofill no tiene los ojos azules,ni siquiera claros: tiene los ojos clavos.Cuando te habla tiene la mirada fugitiva de los tímidos, pero fija y fiel cuando conempla la naturaleza y su entorno. Es por eso, por sus ojos clavos, que sus pinturas te enganchan y te hacen sentir dentro de su tierra, el Empordà, desde la profundidad de su mar hasta el cielo más lejano. Y es así gracias y a pesar de su especial punto den vista. Miras cada uno de sus cuadros como los viejos miran y sienten el fuego o a la tramuntana. Primero piensas que el fuego es completamente rojo, pero si te fijas es naranja, o escarlata, o a veces azul, o incluso en algún momento blanco, y cada ráfaga de viento parecen iguales, pero cada una tiene una personalidad propia, una intensidad diferente, una espuma más o menos profunda,....... Siendo evidentes las ifluencias en su pintura de Dalí, Miró, Magritte o Pons, su mérito reside precisamente en eso. Se trata únicamente de influencias, sin asomo de copia o mezcla. Él ha creado sus propios mundos, el de sus hombres y mujeres pétreas, formaciones inconclusas, áureas y neuronas, y el de sus impactantes murales submarinos llenos de brillos, sombras y peces imaginarios. Y es curioso que en todos los cuadros de Jordi Bofill aparezca la luna. Y no solo una vez, sino una en la pintura propiamente dicha y una segunda en su firma. Tradicionalmente se ha responsabilizado a la luna de influenciar en el comportamiento de las personas, desde simples camvios de humor hasta la leyenda del hombre lobo. Incluso, en el siglo pasado, hobo un juicio por homicidio en el que el acusado alegó en su defensa que “se volvía loco siempre que había luna llena”. Su nombre era Charles Hyde, y su caso inspiró al novelista R.L.Estevenson el personaje del Dr.Jeckyll-Mr.Hyde. Desde luego Jordi Bofill no es ni un hombre lobo ni Mr. Hyde, pero quizás sí es un poco lunático, y si eso le hace crear esos cuadros de su mágico mundo propio, bienvenida sea la influencia de su Luna. Jordi empieza a tener éxito, pero sebe que en el mundo de la pintura, tan comercializado, le falta un pequeño detalle para consagrarse: morir. Si el pintor no ha muerto sus cuadros es muy difícil que sean negocio, tiene veintitrés años y toda una vida por delante para perfeccionar y seguir trabajando en lo que le gusta: pintar. Y vivirá y pintará sólo para disfrutar. Nuestra suerte, por lo menos la mía y ya la de muchos otros, es que lo que hace disfrutar a él nos hace disfrutar a nosotros. Ignaci
Rovira i Benet publicació al pereòdic de cultura i art 4GATS. Barcelona,12 de febrer de 1997.
|
||
![]() |
|
![]() |