¿Existen los exorcismos en la Iglesia?
Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E.
Fuente: El Teólogo Responde
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¿Existen los exorcismos en la Iglesia? |
Estimado Padre:
soy seminarista y en mi apostolado se me acercó un muchacho a quien le han
sucedido cosas "extrañas" por lo que me permito hacerle las siguientes
preguntas:
¿por qué ya no se habla de exorcismo en la Iglesia y por qué no se enseña nada
al respecto en el curriculum de estudios teológicos del seminario?
¿me podría sugerir bibliografía al respecto?
No es exacto decir que no se habla de exorcismo en la Iglesia. El 26 de enero de
1999 fue presentado oficialmente el “Nuevo rito de los exorcismos”.
En la presentación decía el Cardenal Medina Estévez (cf. L’Osservatore Romano,
12 de febrero de 1999, p. 12): “La sagrada Escritura nos enseña que los
espíritus malignos, enemigos de Dios y del hombre, realizan su acción de modos
diversos; entre éstos se señala la obsesión diabólica, llamada también posesión
diabólica. Sin embargo, la obsesión diabólica no constituye la manera más
frecuente como el espíritu de las tinieblas ejerce su influjo. La obsesión tiene
características de espectacularidad; en ella el demonio se apropia, en cierto
modo, de la fuerza y actividad física de la persona que sufre la posesión. No
obstante esto el demonio no puede adueñarse de la libre libertad del sujeto, lo
que impide el compromiso de la libre voluntad del poseído, hasta el punto de
hacerlo pecar.
Sin embargo, la violencia física que el diablo ejerce sobre el obseso constituye
un incentivo al pecado, que es lo que él quisiera obtener. El Ritual del
exorcismo señala diversos criterios e indicios que permiten llegar, con prudente
certeza, a la convicción de que se está ante una posesión diabólica. Es
solamente entonces cuando el exorcista autorizado puede realizar el solemne rito
del exorcismo. Entre estos criterios indicados se encuentran ; el hablar con
muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas; desvelar cosas escondidas
o distantes; demostrar fuerzas superiores a la propia condición física, y todo
ello juntamente con una aversión vehemente hacia Dios, la santísima Virgen, los
santos, la cruz y las sagradas imágenes.
Se subraya que para llevar a cabo el exorcismos es necesaria la autorización del
obispo diocesano. Autorización que puede ser concedida para un caso especifico o
de un modo general y permanente al sacerdote que ejerce en la diócesis el
ministerio del exorcista”.
Y más adelante: “El exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia,
según la cual existen Satanás y los otros espíritus malignos, y que su actividad
consiste en alejar a los hombres del camino de la salvación. La doctrina
católica nos enseña que los demonios son ángeles caídos a causa del propio
pecado; que son seres espirituales con una gran inteligencia y poder: ‘El poder
de Satanás, sin embargo, no es infinito. Este no es sino una criatura, poderosa
por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura; no puede impedir la
edificación del reino de Dios. Aunque Satanás actúe en el mundo por odio contra
Dios y su reino en Cristo Jesús, y su acción cause graves daños- de naturaleza
espiritual, indirectamente, también de naturaleza física a cada hombre y la
sociedad, esta acción es permitida por la divina Providencia, que guía la
historia del hombre y del mundo con fuerza y suavidad. La permisión por parte de
los de la actividad diabólica constituye un misterio grande, sin embargo
nosotros sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le
aman (Rm 8, 28)’(Catecismo de la Iglesia católica, n. 395).
Quisiera subrayar que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es
habitualmente ejercido a través del engaño, la mentira y la confusión. Así como
Jesús es la verdad (cf. Jn. 8, 44), el diablo es el mentiroso por excelencia.
Desde siempre, desde el inicio la mentira ha sido su estrategia preferida. No
hay lugar a dudad de que el diablo tiene la capacidad de atrapar a muchas
personas en las redes de las mentiras, pequeñas o grandes. Engaña a los hombres
haciéndoles creer que no tienen necesidad de Dios y que son autosuficientes, sin
necesitar de la gracia ni la salvación. Logra engañar a los hombres amortiguando
en ellos, e incluso haciendo desaparecer, el sentido del pecado, sustituyendo la
ley de Dios como criterio de moralidad por las costumbres o consensos de la
mayoría. Persuade a los niños para que crean que la mentira constituye una forma
adecuada para resolver diversos problemas, y de esta manera se forma entre los
hombres, poco a poco, una atmósfera de desconfianza y de sospecha. Detrás de las
mentiras, que llevan el selo del gran mentiroso, se desarrollan las
incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad ni
verdad, y en el cual reina, en cambio el relativismo y la convicción de que la
realidad consiste en hacer lo que da la gana. De esta manera no de logra
entender que la verdadera libertad consiste en la identificación con la voluntad
de Dios, fuente del bien y de la única felicidad posible.
...La Iglesia está segura de la victoria final de Cristo y, por tanto, no se
deja arrastrar por el miedo o por el pesimismo; al mismo tiempo, sin embargo es
consciente de la acción del maligno, que trata de desanimarnos y de sembrar la
confusión. Tengan confianza –dice el señor- yo he vencido al mundo (Jn 8, 33).
En este marco encuentran su justo lugar los exorcismos, expresión importante,
pero no la única, de la lucha contra el maligno”.