YO TE CONTESTO
SRA. RAZON

Tú eres la razón, yo soy el corazón,
Tu eres fría y yo soy tibieza,
Tu eres lógica, yo soy instinto,
Tu eres conciencia, yo soy sentimiento,
Tu eres miedo yo soy osadía
Tu eres medida, yo soy inconmensurable
Tu eres finita, yo soy infinito
Tu eres temporal, yo soy atemporal
Me preguntas por que caigo y recaigo... porque siempre vuelvo a repetir las acciones, y sigo confiando.
¿Sabes por qué, Sra. Razón? Porque soy yo la que te convierte en humano.
Sin mí serías una máquina, como esa pc ante la cual ahora te sientas.
Cuando la razón perfeccionada guíe nuestros pasos, yo pasaré entonces a ser sólo el músculo que hará funcionar el motor que te trasladará por el mundo de robots.
Pero ahora, siglo XXI, aún en este cambalache infernal de sentimientos y acciones, en esta vida que todavía tratamos de definir, en estos senderos virtuales que nos marcan, nos alegran y nos dañan en nuestra realidad… ¡aún sigo funcionando como centro emocional!
Y... que quieres… ¡yo soy así!! ¡romántico y sentimental!
Algo maniático, atávico, obsesivo, amarrado a ciertos cánones, buscando la tibieza de un sentimiento que me continúe diciendo que sigo siendo humano, y que tú... ¡no me has convertido en un robot pensante, calculador e inexpresivo, que tengo vida!
Jamás pudimos trabajar unidos tú y yo
Cuando yo comienzo a funcionar, tú te callas. Cuando tú trabajas, no me escuchas.
O sí... quizás yo puedo ayudarte muchas veces a deshielar tus juicios y hacerlos menos rígidos, pero cuando te escucho (¡cosa que casi nunca hago!), dejo de funcionar como sentimiento puro y paso a ser un músculo frío.
¿Te cuento algo, Sra. Razón? Para crecer y madurar... ¡hay que caer, y caer y volver a caer…!
Tú a ésto me refutas que no es de sabios repetir los errores dos veces o más.
¡Y tienes razón, Sra. Razón! ¡No soy sabio!
¡Pero vivo!
Y quizás no aprendo, pero no me pudro en la tristeza infinita del no hacer, en el vacío inmenso de la no acción…
Cuéntame Sra. Razón, ¿qué hubiese pasado con este, nuestro cuerpo, si cuando comenzó a caminar, y tuvo su primera caída, no hubiese caminado más? ¿Si cuando subió a su primera bicicleta y se cayó, no volvía nunca a montarla…?
Pero no.. ¡se levantó y lo intentó…! y volvió a caer y se volvió a levantar…
¡hasta que aprendio a caminar y a pedalear!
Y aún ahora, después de muchos, muchos años, muchas veces vuelve a tropezar y a caer, pero sonríe, sacude el polvo, limpia la herida para que no infecte y sigue adelante, caminando por la vida.
¡Ay, Sra Razón!, y tú, tan inteligente, tan cerebral e ingeniosa, ¿no has pensado nunca en ello?
No has pensado que los mayores adelantos científicos se basan en la suma de miles de errores, y que muchos descubrimientos se produjeron gracias a un error…
¿Y tú me pides a mi, un simple mortal, que no me equivoque?
No tengo miedo al error, porque él es el que me conducirá al triunfo…
¡La inacción es aquella que no nos lleva a nada, sino a sentirnos perdedores sin haber comenzado la tarea!
¡Allá tú si te quedas en la inacción por miedo a las heridas!
Tienes razón. ¡Me hieren!
Me han traicionado amistades y amores. Pero sigo siendo amigo y sigo amando.
Porque lo que cuenta es la amistad y el amor que yo doy.
Yo le doy a cada uno un poquito de lo que tengo, del mío, lo recubro. Lo protejo ¡lo quiero!
¡Y eso me hace bien!
Quizás coseche traiciones, ¡muchas!
¡Pero también he sentido las caricias tiernas de las amistades y amores que se me dan!
Y ahora, Sra. Razón, tú que eres tan fría, dime , ¿por qué te detienes a pensar lo que me hieren cuando me dañan, en lugar de mirar lo feliz que me hacen cuando me aman, y lo bien que me hace brindar lo que siento?
Es muy duro mirar la traición, pero es muy dulce tratar de ver la ternura en el otro… aún en quien nos hiere.
Por eso, Sra. Razón, sigue adelante y borra de tu memoria al que traiciona, al ladrón de afectos, al que solo busca herirte, al indeciso que no se atreve a darte al amor que siente, y que mereces gozar porque aunque está dentro de él es tuyo, al que sólo habla para lastimarte, y ¡sigue adelante!
Tienes amigas, quizás ese nuevo amor que espera, la risa franca del buen momento compartido, la alegría de saberte apreciada.
Sra. Razón… ¡hazle caso al corazón, aprende! ¡Vive!
¡Es preferible amar y sufrir con valentía enfrentando el futuro, a morir en la cobardía indecisa de no amar por temor a ser latimado.
Por eso vamos, Sra Razón, dame la mano y sigamos como toda una pareja que se precie, compartiendo y caminando juntos, dando y recibiendo, porque aquello de lo que careces, quizás sea lo que a mí me está sobrando…
Vamos, Sra Razón…
¡dame la mano y sigue adelante conmigo… en esta Vía Crucis que es seguir siendo humanos!
Repróchame el ser osada…
pero jamás me reprocharás el ser cobarde…
Repróchame el que ame demasiado…
pero jamás me reprocharás que me negué la oportunidad…
Repróchame que conocí el dolor y que sufrí…
pero jamás me reprocharás que por miedo me arriesgué a perder la felicidad….
Repróchame lo que hice…
pero jamás me reprocharás… ¡Lo que no hice…!

TU AMIGO,
EL CORAZON