Reunión de chateras

Enderezó una margarita del centro de mesa.
Dobló mejor la servilleta de la cabecera. Miró sus manos y se quitó el anillo.
Luego llegaron ellas. Parada en la puerta, mientras el ascensor subía, repasó: Marisa-Cordón-40-divorciada-2 hijos-contadora; Ema- Prado-38-casada-1 hija- vidente; Laura-Buceo-39-divorciada-3 hijos- secretaria.
-¡Hola! - la sonrisa puesta, el ademán invitándolas a pasar.
Sirvió el té y quebró la tensión con la anécdota del mandadero de la confitería.
Vio el tick en la boca de Marisa y supo que lloraría por el marido perdido.
Se esforzó en adivinar a Ema, pero no pudo. La carcajada de Laura la sorprendió.
Fue un poco antes de lo esperado, aunque dijo lo que debía decir. Habló del hombre que le dio tres hijos. De los tres hijos. Del jefe.
De la esposa del jefe. Del precio de la ropa interior. De la mala calidad del café de los shoppings.
Y se calló, mirando azorada las lágrimas de Marisa.
Ema sacó kleenex de su bolso y los puso sobre la mesa diciendo: "Lo mejor del chat es que hay todo tipo de gente".
Ignoró a Marisa y consiguió armar una charla animada sobre las peculiaridades de los habitués al canal.
Intercambiaron las fotos que habían recibido. Se rieron del que dijo medir 1,85 y era apenas más alto que el ovejero alemán que lo acompañaba.
Recordaron la boda virtual que llevó al divorcio real de una de P.R. Compararon impresiones. Se hermanaron en juicios lapidarios. Escucharon a Marisa cuando habló, le contestaron cuando preguntó.
Cuidadosamente escogieron los recuerdos a compartir y los ofrecieron a la hora de las masitas, con la tercera taza de té.
A las 8, tal como habían convenido el día anterior, se despidieron. Las acompañó hasta la puerta.
Esperó que llegara el ascensor.
Compuso una sonrisa mezclada con aprecio. Dijo "Gracias por venir".
